La economía que continúa con Santos

  Jaime Alberto Rendón Acevedo
  Centro de Estudios en Desarrollo y Territorio, Universidad de La Salle
   
 

Uno de los problemas fuertes para los presidentes reelectos que, como en el caso de Juan Manuel Santos, tuvieron un período económico de buen comportamiento, es mantenerlo en el segundo tiempo, es decir, en estos momentos, ad portas de comenzar un nuevo período presidencial no es seguro que Santos pueda conservar una senda económica similar a la presentada.

Es cierto que el comportamiento de la economía colombiana es extraño, su crecimiento históricamente ha tenido promedios que aunque insuficientes para las necesidades del país, han dado cuenta de una economía sana e incluso robusta en el contexto latinoamericano. Sin embargo, lo que si trae las aperturas y los TLC es una mayor exposición de la economía a los vaivenes de los mercados internaciones, es decir, el ciclo económico adquiere una mayor volatilidad y los tiempos de crisis y auges son cada vez más próximos, como se demuestra desde la evidencia empírica en distintos países, por lo que en Colombia no tendría que ser diametralmente diferente.

En efecto el crecimiento económico es estos últimos cuatro años ha sido relevante y los distintos analistas en el país esperan para este año un aumento de la producción en el país por encima del 4.5%, es decir, las expectativas se ajustan al promedio del período. La verdad es que a este momento del año no hay ninguna razón para pensar que las expectativas de crecimiento se deban reformular a la baja. Esto es importante porque permitirá sin duda seguir manteniendo el interés de los inversionistas, sean nacionales o extranjeros por el país.

Pero bien se sabe que las economías se recalientan y el primer indicio de eso es el “excesivo” consumo por el que el país ha estado pasando, que aunque suene extraño, se constituye en un problema, porque si bien esto mueve la economía también genera resacas; alto endeudamiento en las empresas y en especial en las familias, elevación de tasas de interés, moratorias, aumento de la cartera castigada, entre otras. Por fin el Banco de la República se ha dado cuenta de esto y ha empezado a encarecerle la disponibilidad de dinero a los bancos (quienes acceden a crédito barato pero lo entregan al público a tasas bastante costosas), se esperaría que el mercado empezara a reaccionar ante esto y moderara sus pretensiones de crédito.

En fin, no se trata de ser ave de mal agüero, de imaginar fines de ciclos y que el país vaya a comenzar una senda hacia abajo, pero si es necesario que las autoridades económicas tomen medidas, porque bien se sabe que en economía los crecimientos sostenidos no son por largos años y cuando esto ha ocurrido ha estado soportado en una decidida política económica de apoyo a las empresas y a las familias, algo que en Colombio se pregona, pero que en realidad se carecen de políticas e instrumentos efectivos para hacerlo.

Por esto uno no entiende al saliente ministro de Comercio Industria y Turismo, el nuevo director de la DIAN, cuando dice que una de las fortalezas que hoy se tiene es la política industrial. Por favor, ¿de qué país habla? Si bien es cierto que existen un sinfín de normas e instrumentos diseñados, esto dista de ser una política industrial coherente, con propósitos y con una imagen clara de futuro para la industria manufacturera colombiana; lo mismo podría decirse del sector agropecuario. Así que poco bien se le hace al país con el salir a decir mentiras, a distraer los medios y a generar una opinión que no es. Calladito se vería más bonito, dicen las señoras.

Hablando de comercio y de TLC, resulta bien preocupante la situación de los negocios con el exterior. Tanto exportaciones como importaciones vienen presentando crecimientos menores e incluso la caída en las exportaciones es más veloz que en las compras que realizamos en el exterior, esto es si se quiere normal en un país donde aún producimos con insumos y maquinaria importada y donde no se pueden reducir las importaciones de manera fácil. Así mismo, la revaluación del peso, que golpea a exportadores y beneficia a los importadores, ya llega en este año al 2.5%, así el año 2011 terminó con un dólar a 1913 pesos mientras hoy vale 1879.

Si las mayores importaciones deben de presionar una devaluación, las causas del efecto contrario que se experimenta deben de buscarse en otros ámbitos, por ejemplo en la Inversión Extranjera Directa que sigue creciendo y presionando la entrada de flujos de dólares al país, regenerando el efecto neto de la apreciación del peso. Algo sucede en la política monetaria que obviamente interfiere sobre el comercio exterior y sobre la permanencia de los negocios de la industria exportadora, de cuenta de la revaluación del peso y la persistencia insensata del mercado como garante del tipo de cambio. O es que ese es el interés y el Banco de la República son otros que tampoco le plantean al país con claridad sus intenciones y realizaciones.

El gobierno Santos presenta resultados positivos en temas como el empleo que se mantiene a un dígito con relativos avances en materia de formalización, para esto también ha servido el tema de la promoción a la construcción y las obras públicas. La pobreza ha venido bajando y la desigualdad se mantiene como el lastre histórico de nuestra insensatez. Es decir, mientras se crece, se ha crecido, los resultados de ese comportamiento económico no se trasladan, en la proporción que debería esperarse, al desarrollo de la gente. Se trata entonces de la persistencia de la acumulación, de las desigualdades y por lo tanto de la injusticia social, cartas de cuidado en un período de negociación de paz y búsquedas de alternativas en el postconflicto.

No será nada fácil. En especial cuando se opta por tener políticas extremadamente conservadoras en un tema que amerita un replanteamiento serio que conduzca a soluciones estructurales. Será esperar a la posesión este jueves y analizar las propuestas que presente Santos para hacerle frente a los fantasmas de una desaceleración económica en medio del deber de mostrar grandes resultados y generar las condiciones monetarias y fiscales para repensar y reconstruir el tejido productivo del país, a la par de soluciones incluyentes para millones de personas que, sea en sus pequeños negocios (en los campos o en las ciudades) o con su trabajo diario, viven del rebusque y tienen pocas ilusiones de contar con salud, ingresos suficientes para vivir dignamente y una pensión para su vejez.

Edición N° 00410 – Semana del 1º al 7 de Agosto – 2014
 
 
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