La paz no está a la vuelta de la esquina,
pero puede estar a la vuelta de la mata

  Hernán Suárez
  Asesor editorial, Columnista de las 2 Orillas - hsuarez2007@yahoo.es
   
 

Para el presidente Santos y los citadinos la paz está a la vuelta de la esquina. Para las Farc y la Colombia no bogotana, la paz está a la vuelta de la mata.

“A la vuelta de la esquina” para un bogotano significa que está ahí no más, cerquita. Para un colombiano del campo, “a la vuelta de la mata” también significa que está ahí no más, pero no tan cerquita, hay que caminar un trecho más largo.

Santos, como buen cachaco, quiere una “paz exprés”, rapidita, de afán, de una, económica, para navidad. Es la urgencia natural y comprensible de un gobierno que prometió conquistar la paz en un cuatrienio y necesitó relegirse para lograrla, en medio de grandes afujías electorales. Un gobierno urgido de presentar resultados, a riesgos de provocar el desencanto entre los colombianos y acrecentar el poder político del uribismo, la principal fuerza de oposición a la paz y a su gobierno, con un no despreciable respaldo el 45% en las urnas.

Por esa urgencia, las amenazas de terminar con el proceso de negociación de La Habana se han vuelto más reiteradas, ya no a través de los mensajeros habituales, el ministro de Defensas o el mandadero columnista Gabriel Silva. El presidente de manera directa lo hace. Para presionar la pronta firma de la paz ha ratificado a su Ministro de Defensa y ha declarado que “seguimos en guerra”.

Con medio siglo de existencia y la experiencia acumulada en varias negociaciones de paz, los tiempos de la paz de las Farc son los heredados de Tirofijo: los de la paciente espera, los del campesino astuto y desconfiado, la dilación, sin afanes, con una infinita capacidad para esperar. Del paso a paso. Como ningún otro, las Farc saben el significado de la expresión “a la vuelta de la mata”, cerca pero lejitos. Por eso están convencidos de que la firma de la paz no será en diciembre, que su próxima navidad no será citadina.

Al anuncio del presidente Santos de que este era el año de la paz, Timochenko respondió calendario en mano: “Me temo que no. Desde luego que todos quisiéramos que las cosas se dieran lo más pronto posible, pero ello no excluye que las miremos con objetividad. La Comisión Histórica (acordada por la Mesa de Negociación) se encargará de elaborar la reconstrucción del conflicto en un plazo que está establecido en 4 meses a partir del 21 de agosto. Lo que ella produzca será insumo para la discusión del punto sobre víctimas en La Mesa. Así que si sólo tenemos en cuenta eso, es fácil concluir que los plazos para este año no dan. Debe tenerse en cuenta también que el tema de la dejación de armas y el cese bilateral del fuego no van a ser sencillos”. http://goo.gl/mqxJZX

Tras casi cuatro años de negociaciones en medio del conflicto, las Farc quieren presionar un cese al fuego bilateral. De los pedidos en la mesa de negociaciones han pasado a las acciones de sabotaje económico contra el corazón del modelo económico minero energético exportador: acciones sistemáticas contra los oleoductos de Caño Limón-Coveñas y el Andino en el Putumayo, parálisis de 70 pozos petrolíferos de Pacific Rubiales mediante una calculada acción de destrucción de la línea de energía que comunica directamente a Chivor con ese centro productivo petrolero, ataques y voladura de torres de energía que paralizaron durante varios días a Buenaventura, el principal puerto de exportación del país, destrucción de 10 carro tanques de en la vía Cúcuta-Ocaña. Los efectos del sabotaje económico no se han hecho esperar: la acción de Ecopetrol entro desde hace seis meses en un proceso de caída libre en su precio, que amenaza reducir la producción de petróleo este año, las utilidades boyantes de la empresa y su condición de caja mayor de los recursos del gobierno.

Las acciones de sabotaje, que no escapan al calificativo de terroristas, tienen un alto costo político para la credibilidad de las Farc y para el proceso de paz. Así como el accionar guerrillero de las terminó en una violencia degradada, también las negociaciones de paz pueden terminar en unas negociaciones de paz degradas y poco creíbles ante la opinión pública.

De igual manera, “No debe escapar al conocimiento del señor Presidente que tanto la experiencia internacional como las recomendaciones de teóricos y expertos en conflictos internos indican que el desarrollo de diálogos en medio de la confrontación militar puede conducir a un creciente desencanto social y político. En ese sentido, el investigador británico Paul Collier le atribuye a la falta de precisiones en los acuerdos en medio del conflicto la mitad de las rupturas en los casos estudiados”. http://goo.gl/hyNgNF

La paz no está a la vuelta de la esquina, pues de todos es conocido que los cuatro acuerdos parciales se han firmado en el entendido que cada uno de ellos tiene puntos de desacuerdo que están en la “carpeta de los pendientes”, a la espera de retomarlos. Asuntos como las zonas de reserva campesina, Asamblea Constituyente o Referendo, garantías políticas para la participación política, justicia transicional para los jefes máximos de las FARC, forman parte, entre otros, de los grandes desacuerdos aún por resolver.

Con el mismo entusiasmo que se pregona que la paz está cerca, las partes deberían encarar el reto de pactar un cese al fuego bilateral con veeduría internacional. El costo político sería menor para las Farc y para el gobierno que el que están pagando por la negociación en medio del conflicto. Un cese bilateral enviaría un mensaje de que las dos partes están de verdad interesadas en el fin del conflicto, propiciaría un mayor acercamiento y confianza.

El Presidente abrió una posibilidad para el cese al fuego bilateral en su discurso de posesión: “Hace apenas un par de días, se acordó que en dos semanas se instalará la subcomisión que tratará los temas de cese al fuego y de hostilidades –bilateral y definitivo–, y de dejación de armas, que hacen parte del último punto sustantivo. ¡Voy a emplear todas mis energías en cumplir con ese mandato de paz!”

Timochenko por su parte ha enviado un mensaje esperanzador, titulado “Pese a todo, persistiremos”: “Nosotros no llegamos a una mesa de diálogos porque estuviéramos vencidos o desencantados, sino porque siempre hemos creído en las vías civilizadas, porque creemos que pese a todo es posible alcanzar, con el apoyo de las grandes mayorías colombianas, unos acuerdos dignos que se funden, por una razón elemental, en la proscripción bilateral de la violencia. (…) Pero estamos en esto. Convencidos de salir adelante, seguros de que tras un acuerdo de paz Colombia no seguirá siendo la misma.” http://goo.gl/AuPuCo

El cese al fuego bilateral constituiría un mensaje de las dos partes de su voluntad de cesar la confrontación armada, de renovar confianzas mutuas, de acelerar las negociaciones, de vivir días sin el fuego cruzado de unos y otros. En síntesis, que los colombianos podamos tener la confianza plena de que la paz está a la vuelta de la esquina.

Edición N° 00412 – Semana del 15 al 21 de Agosto – 2014
 
 
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