Cese bilateral del fuego

  Alberto Ramos Garbiras
  Magister en Ciencia Política – Universidad Javeriana1
   
 

Ya pronto se cumplirán los dos años de conversaciones en La Habana sostenidas con la continuación de la guerra interna, ataques de ambos lados y sobresaltos con afectación de la economía y de la sociedad civil que, en muchas ocasiones no entiende por qué si se está conversando para pactar la paz se siguen atacando. Declaraciones de uno y otro lado han dejado ver el malestar y anuncios de ruptura del proceso atemorizan a la población que desea la paz. Los daños que han sufrido los ejércitos enfrentados servirían para otras investigaciones sobre lo conveniente o inconveniente de esta modalidad: conversar en medio de la guerra. Solo dos cortos ceses unilaterales del fuego de las FARC se han dado, a manera vacacional, pero sin contraprestación. El punto de las víctimas, el más sensible, sobretodo porque se mezclan víctima de varios actores armados. Otros ven un contrasentido, como no compatible ni presentable, estar avanzando con dificultades sobre el punto del reconocimiento a las víctimas del conflicto, y seguir produciendo víctimas por la continuidad de los ataques de las partes. Se ha generado mucha expectativa sin todavía estar redactada la justicia transicional aplicable que propiciará la desmovilización en virtud al tipo de sanciones que se contemplen. Los guerreristas están de plácemes porque ven agrietados los acercamientos.

Los conflictos internos se resuelven de tres maneras: 1) venciendo al adversario, 2) pactando la paz con reformas (vía política o dialogada), 3) O con la mediación internacional, los buenos oficios diplomáticos, haciendo concesiones. El Presidente Santos se embarcó en un proceso de paz donde aplica las tres maneras simultáneamente. Este proceso de paz ha tenido rasgos nuevos y aún se percibe que puede prosperar. El único bache puede ser no cesar el fuego, los enfrentamientos a lo largo del proceso de paz lo han venido averiando. Este proceso de los años 2012 – 2014 indudablemente ha aprovechado todo lo rentable de los anteriores procesos imperfectos (Betancourt, Barco y Pastrana), y adicionado los elementos previsibles para darle viabilidad. Hasta ahora ha funcionado con sobresaltos, pero la situación está muy candente. La desmovilización de grupos políticos armados se concibe abriéndoles espacios de participación política, ya se ha probado, las guerrillas desactivadas convertidas en partidos políticos, es un camino de pacificación dentro de la vía democrática. La mezquindad al cerrar esos espacios impide los arreglos y arrecia la guerra.

Pero el cese al fuego bilateral se debería fijar para de allí en adelante evitar resquemores. También sirve para detectar a los saboteadores del proceso. Si el cese al fuego se respeta se puede producir un acuartelamiento preventivo y transitorio de las partes. Se mostraría una voluntad total por alcanzar la paz Ese sería además el respiro de paz para todo el país, mientras maduran los diálogos de la Habana. Ya la mayoría se expresó en las urnas por esa aspiración, entonces no se necesita otro medidor.

Si no hay cese al fuego bilateral los golpes que reciban las partes podrán ser asimilados hasta cierto límite dentro de la lógica de la guerra, pero llegará un momento irresistible que rompa el proceso. La confianza no solo se logra por lo que se diga en la mesa de negociaciones sino por lo que se haga en los escenarios donde han venido actuando.

Si un proceso de paz busca alcanzar la convivencia y compartir el país que nos tocó, el estar sentados con ese propósito insta a realizar los pasos definitivos de no agresión para alcanzar a terminar las conversaciones que engloben los seis puntos centrales: acceso a la tierra, participación política no armada, fin del conflicto, condiciones para la reinserción, como solucionar el problema del narcotráfico, y derechos de las víctimas. Como no hubo cese al fuego al comenzar los diálogos, entonces al menos declararlo a esta altura de las conversaciones, así los guerreristas de todas las pelambres continúen haciendo todo lo posible para atizar las diferencias y promoverán escaramuzas y atentados para impedir la finiquitación de las conversaciones que sellen la paz. El monitoreo que se establezca, la veeduría internacional y los procedimientos que la ONU pueda aportar, los dejará al descubierto porque los medios de comunicación son el verdadero cuarto poder que descubre todo.

Se percibe la decisión de las FARC de buscar un acuerdo definitivo para pactar la paz por esa fatiga de la guerra, la debilidad evidente que han alcanzado por la seguidilla de golpes contundentes y por las deserciones múltiples. Dialogar en el exterior ha sido convincente porque da serenidad a los interlocutores, resta la presión externa de grupos y sectores adversos; imprime más objetividad y garantiza el desenvolvimiento de las discusiones. La seriedad de los delegados del Gobierno nacional nadie la coloca en duda.

Después del triunfo electoral con la reelección de Santos II, los pacifistas observamos despejado el camino de la negociación en La Habana que se vio más amenazado por el triunfo de Zuluaga en la primera vuelta electoral. La discusión del tema sobre las víctimas sirvió para propulsar una serie de críticas desde varios medios de comunicación contra las FARC por el activismo de las asociaciones de víctimas en los foros regionales y en el foro nacional, y las remembranzas de muchos casos crueles. Este punto debió ser el último de la agenda para evitar el despertar de todas esas sensibilidades razonables, el tema del reconocimiento y reparación de las víctimas, por ambas partes, no está exento en ningún país donde la experiencia se ha surtido: el afloramiento de diatribas, inculpaciones en doble vía, resquemores, etc., obvio, por el dolor acumulado.

El reconocimiento de las víctimas, la selección como muestra significativa, y el encuentro con sus representantes ha originado desazón de algunos familiares, inconformidad de agrupaciones y tensión en la cúpula de las FARC. Un proceso de paz con un movimiento insurgente, cualquiera que fuere, no debería mezclar víctimas de todos los sectores porque la responsabilidad no la va a asumir una sola parte como actor armado de un conflicto interno multiforme y atípico. Esto puede entorpecer la voluntad de reparación y perdón, ya que asumir las reclamaciones mezcladas de las víctimas aumenta la animadversión y la desconfianza ante toda la ciudadanía que no discierne fácilmente sobre esas ejecutorias letales. Entonces, deberían marcarse parámetros y procedimientos manejables para facilitar los canales de reclamación.

Pero, lo que está alterando más el proceso de las conversaciones es la continuidad de los combates por no pactar un cese al fuego bilateral que, por los golpes infringidos a ambas partes, molesta y perturba al Gobierno, a la comandancia militar y a la dirigencia guerrillera, por los daños bilaterales, y a la sociedad civil por los daños colaterales. Entonces las FARC han arreciado los ataques para demostrar, equivocadamente, capacidad logística y despliegue de frentes guerrilleros, para presionar el cese al fuego, y continuar los diálogos sin enfrentamientos. El ELN hace lo mismo para ingresar a una mesa paralela donde otros dos países intervendrían (Brasil y Ecuador). Esto confunde a la sociedad no enterada de los pormenores y pliegues de una negociación, y sorprende al electorado que votó el 15 de junio y creyó en la marcha sin sobresaltos de la negociación. Al mismo tiempo envalentona a la oposición y entraba el punto central: la construcción de la justicia transicional en lo atinente a la clasificación de los delitos conexos al delito político. Forcejeo que se dará en el Congreso de la república.

Otro aspecto que altera las negociación de paz, consustancial al fuego desatado en la dinámica de la guerra interna, es la modalidad de guerra y ataques, similar a lo que sucede en otros países pero con conflictos internacionales en evolución, y copia o reflejo de esas confrontaciones internacionales ante el “perfeccionamiento” letal y demoledor de las armas que, llevan a más destrucción, sin ni siquiera el enfrentamiento de los ejércitos, el estatal y el irregular. Las clases de armas y los ataques aéreos. Actos terroristas de la guerrilla y decenas de tatucos y bombardeos del otro lado. Un símil es la confrontación de Israel (julio – agosto 2014) con Palestina en la franja de Gaza (ya se había dado en el año 2009), son ataques aéreos de aplastamiento, sin combate. O como sucedió con los ataques a Bagdad en mayo del 2003, sin enfrentamientos de a pie como los ejércitos clásicos. O como está sucediendo en Ucrania los pro-rusos ucranianos con artillería rusa demoliendo ciudades, y hasta equivocándose con un avión comercial de malasya.

Aquí en miniatura, dentro del conflicto interno colombino, extrapolando esos eventos, los ataques se están dando sin enfrentamientos: bombardeos aéreos a focos rurales donde se mueve la guerrilla, y del otro lado, la guerrilla aumenta el terrorismo, con errores de cálculo que afectan a la sociedad civil; y crecen los actos contra la infraestructura vial, eléctrica, como sucedió en Buenaventura varios días sin luz, que repercute en más daño contra la sociedad no combatiente. Los derrames petroleros como forma de saboteo conllevan a la contaminación de los suelos y las aguas, viola también el derecho internacional humanitario. Es decir, hemos llegado al punto de una guerra interna sin guerra (sin enfrentamiento de las partes), con bajas de lado y lado, pero más la población inerme y la naturaleza, por eso es necesario el cese al fuego bilateral porque el grado de destrucción a no tiene límites sin reglas para la guerra.

1 Profesor de Ciencia Política y Derecho Internacional, Universidad Libre; PhD en política latinoamericana Universidad Nacional UNED de Madrid (España).

Edición N° 00413 – Semana del 22 al 28 de Agosto – 2014
 
 
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