Hacia el inicio de las negociaciones de paz, Gobierno-ELN

  Jaime Zuluaga Nieto
  Docente Investigador, Universidad Externado de Colombia –
Profesor emérito Universidades Externado de Colombia y Nacional de Colombia
   
 

En su discurso de posesión el presidente Santos, hizo un balance de las negociaciones de Paz con las FARC-EP, destacó que entramos ya en la fase final de las conversaciones” en la que tendrán que tomarse decisiones para el cierre del conflicto y se refirió al ELN en términos de “esperamos que pronto dé el paso definitivo”. Esta afirmación sugiere que si no se ha logrado pasar de la fase exploratoria e iniciar negociaciones se debe a que el ELN aún no ha dado el “paso definitivo”. Por supuesto, debemos preguntarnos en qué consiste ese paso y por qué, al parecer, el ELN no se ha decidido a darlo. Para aportar elementos a posibles respuestas es conveniente una mirada retrospectiva.

El ELN y las negociaciones de paz

Se ha vuelto un lugar común afirmar que el ELN, cada vez que ha estado ad portas de un posible acuerdo, lo aborta. Lo que supone al menos dos cosas: que con ellos ha habido negociaciones que avanzaron a un punto en el cual se estaba cerca del acuerdo de fin de la confrontación armada y, que el fracaso de las mismas es atribuible a esta organización. Examinemos de cerca la cuestión.

Durante años el ELN fue renuente a negociar. A diferencia de las FARC, cuyo origen está asociado a los conflictos por la tierra y a las luchas guerrilleras de mediados del siglo pasado en el marco de la Violencia bipartidista liberal – conservadora, el del ELN está asociado a la influencia que en los años sesenta proyectó en el continente la Revolución Cubana. “Patria o muerte”, la enseña de los rebeldes cubanos, expresó su decisión de conquistar el poder o morir en el intento; el “Liberación o Muerte” del ELN se inscribe en esa tradición: o todo el poder para lograr el cambio revolucionario o nada. No hay atajos reformistas y la revolución no es negociable.

Por esa concepción no participaron de las negociaciones de paz que se adelantaron a partir de 1984 entre el gobierno de Belisario Betancur y las FARC, el EPL y el M19. Entonces sostuvieron que “se ha(n) mantenido al margen de las conversaciones con el gobierno… respeta(n) las posiciones de las organizaciones hermanas FARC, M-19 y EPL pero no las comparte(n).” (HERNÁNDEZ, 1998, 332)

Negociar sí, pero… para humanizar la guerra

Los ochenta fueron años de ascenso de luchas sociales y políticas, de tendencias unitarias en el movimiento social popular y en el insurgente, de escalamiento y degradación de la guerra, así como de expansión y consolidación de las redes del narcotráfico y del paramilitarismo. En estos años el ELN redefinió su agenda político militar: defensa de la soberanía nacional (antimperialismo) y de los recursos naturales, fortalecimiento de las organizaciones sociales y de su participación política, construcción de poder popular y humanización de la guerra mientras ésta persista y se logra alcanzar una paz basada en la justicia social. Las armas son el medio para alcanzarla.

A fines de la década, en medio de las negociaciones de paz que adelantaba el M19 con el gobierno de Virgilio Barco, el ELN propuso negociar acuerdos para la humanización de la guerra ante el auge de la llamada “guerra sucia”: afectación sistemática y creciente de la población civil, en la que la alianza entre narcotraficantes, paramilitares y agentes estatales jugó un papel relevante en las ejecuciones extrajudiciales, asesinatos selectivos, masacres, desapariciones forzadas, etc. Por su parte las guerrillas incrementaros los secuestros de civiles, asesinatos selectivos, extorsiones, ataques a poblados, etc. En carta dirigida al expresidente López Michelsen, en febrero de 1989, afirman que “Para una gran franja de opinión nacional e internacional es claro que al Estado colombiano le cabe tanto la responsabilidad de la guerra abierta y su manera de adelantarla, como la responsabilidad de la guerra sucia. (…) La guerrilla de seguro tampoco eludirá las responsabilidades que le competen en la respuesta o en la iniciativa frente a la guerra sucia y en la regulación de la confrontación abierta. Por eso acudimos a un convenio directo con el gobierno (…) con presencia de organismos internacionales (El subrayado es nuestro) (…) hemos sido más bien parcos en el hablar y prolíficos en la acción. Ahora queremos hablar, queremos participar en acuerdos concretos en torno a la humanización de la guerra.”1 Surgen aquí dos elementos adicionales de su agenda: la humanización de la guerra –acuerdos humanitarios- y la participación de la llamada comunidad internacional como garantes o acompañantes.

Por primera vez, en 1991, en el marco de las negociaciones entre el gobierno de César Gaviria y la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (CGSB), el ELN aceptó sentarse a negociar un acuerdo de paz que implicara el abandono de la guerra sin haber alcanzado los objetivos de transformación revolucionaria de la sociedad. Esas negociaciones se adelantaron en Caracas y Tlaxcala durante 1991 y 1992, en la coyuntura generada por la salida de la guerra del M19 a comienzos de 19902, la conformación de la  Asamblea Nacional Constituyente –ANC- en diciembre3, así como las negociaciones de paz adelantadas con el sector mayoritario del EPL, el PRT y el MAQL que terminaron con su participación en la ANC. En la Declaración conjunta Gobierno-CGSB las partes “ratifican que los objetivos del proceso de paz han de referirse tanto a la solución definitiva del conflicto político armado como a la concreción de políticas que apunten a erradicar definitivamente las causas que lo han originado” (Los subrayados son nuestros)4 y se plantea la cuestión de los DDHH y la cuestión de la soberanía y el manejo de los recursos naturales. Hay aquí varios elementos que el ELN sostendrá hasta hoy en su agenda para la negociación: erradicación de las causas del conflicto, DDHH y DIH y, política soberana en el manejo de los recursos naturales.

Las negociaciones se suspendieron, entre otros factores, por darse en medio de la guerra, por las diferencias entre los grupos insurgentes y la falta de decisión de las partes para salir de la guerra.

Explorando caminos de negociación

El gobierno de Gaviria terminó con la estrategia de Guerra Integral que ofreció liquidar la insurgencia en meses, pero lo que se dio fue un escalamiento de violencias que aceleró la degradación de la guerra y provocó una profunda crisis de DDHH y humanitaria.

En este complejo contexto la renovada crisis de legitimidad del régimen, desatada coyunturalmente por la penetración de dineros del narcotráfico en la campaña presidencial de  Ernesto Samper, es el leitmotiv de la Propuesta Urgente para Colombia hecha por el ELN. En febrero 2 de 1996 la Dirección Nacional de la UC-ELN “convoca a la Nación entera a una Convención Nacional (CN) para buscarle una salida creíble a la actual crisis política y al Gobierno existente en Colombia (…). Donde se definan los nuevos referentes para gobernar en la actual situación de crisis e inestabilidad (…) encuentro de todos los colombianos interesados en un futuro diferente para la nación y abiertos desde luego a la sana participación de la comunidad internacional.”5

La Propuesta no prospera pero marca el inicio de una acción reiterada del ELN por llevar a las organizaciones de la sociedad y a los gobiernos propuestas de negociación. En 1997 apoya el Mandato por la Paz, la Vida y la Libertad y reitera que continuará en la “búsqueda de la solución política al conflicto colombiano y en la construcción de la paz con justicia social.”6

En esa búsqueda se encuentra con el gobierno en Madrid en febrero de 1998, adonde suscribe el Preacuerdo de Viana en el que las partes convocan la Convención Nacional para la Paz, la Democracia y la Justicia Social a efectos de estructurar un acuerdo democratizador que puede incluso conducir a la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. La divulgación del Acuerdo en medio de la campaña electoral lleva al ELN a desconocerlo. Meses más tarde se realiza el encuentro con sectores de la sociedad civil colombiana en Meinz en el que se aprueba  el conocido como Acuerdo de Puerta del Cielo, que declara iniciado el proceso de paz con el ELN y recoge compromisos humanitarios unilaterales por parte de esta organización. En estos dos acuerdos hay un elemento central para el ELN: la participación de la sociedad en las negociaciones para definir los contenidos de las reformas democráticas. Ambos contaron el auspicio de gobiernos extranjeros y de la iglesia católica.

Esta dinámica quedó atravesada por el cambio de gobierno. El Presidente Pastrana concentró sus esfuerzos en las negociaciones con las FARC-EP en el Caguán y subvaloró las posibilidades con el ELN. Paradójicamente, sin que se formalizara un proceso de negociación y se dieran solamente conversaciones exploratorias, se desarrolló lo que pudiéramos considerar una institucionalidad para la negociación: el Grupo de Países Amigos (Noruega, España, Suiza, Francia y Cuba) y la Comisión Facilitadora Civil para los Diálogos con el ELN creada a mediados de 1999. Estas conversaciones exploratorias arrojaron enseñanzas valiosas: lo equivocado que es subvalorar a uno de los grupos y relegarlo a un segundo plano; la perversidad del mecanismo utilizado por los insurgentes de presionar mediante hechos de guerra la negociación política, particularmente cuando se hace a costa de la población civil; la importancia de disponer de instancias facilitadoras tanto nacionales como internacionales.

El presidente Uribe sostuvo las aproximaciones con el ELN, en la modalidad ya expresada de diálogos exploratorios. En medio de las vicisitudes inherentes a estos procesos jugaron un papel muy importante la Comisión Facilitadora Civil y la Comisión de Conciliación Nacional. Además se ensayó una nueva modalidad de facilitación internacional: el gobierno mexicano a instancias de las partes designó un embajador ad hoc que entre junio de 2004 y abril de 2005 ensayó, sentar a las partes en una mesa de negociación. Agotada la facilitación mexicana surgió una nueva iniciativa ciudadana que propuso crear un espacio llamado “Casa de Paz” para facilitar el encuentro de los insurgentes con sectores de la sociedad civil y posibilitar las conversaciones directas con el gobierno. En esa dinámica se acordó desarrollar lo que se llamó Diálogo Formal Exploratorio. Su escenario fue La Habana. Este diálogo contó con el auspicio de los gobiernos Cuba y Venezuela y de algunos gobiernos europeos. Fue la experiencia más importante y la que más cerca estuvo de lograr el tránsito de lo que hoy llamaríamos la fase exploratoria a la de negociación, como quiera que diseñara lo que sería el Acuerdo Base para iniciar las negociaciones de paz. Sin embargo, ello no se logró, no se dio el paso definitivo.

Lo que se puso en evidencia al llegar a este punto fue el encuentro conflictivo de dos concepciones de las negociaciones de paz. Para el gobierno resultaba fundamental la concentración de las fuerzas insurgentes y, la identificación de sus integrantes como requisito sine quanon para iniciar lo que hoy conocemos como desarme, desmovilización y reinserción –DDR-. Para el ELN la negociación debía ser un espacio de participación política que convoca a diversos sectores de la sociedad a la construcción de los contenidos de los acuerdos orientados a la democratización de la sociedad, con el acompañamiento de la comunidad internacional. Se trata de aprobar el contenido de esos acuerdos y comprometer la acción reformista, resultado de la cual será la erradicación de las causas generadoras del conflicto, por supuesto, sin que esa erradicación se requisito previo para salir de la guerra.

Lecciones para el presente

De esta rápida mirada se desprenden varias lecciones en lo que respecta al ELN. (i) Negociación sin participación de la sociedad, no tiene sentido. Habrá que definir cómo se organiza esa participación. (ii) La agenda debe contemplar reformas democratizadoras de la sociedad. (iii) La cuestión territorial: la construcción de condiciones de paz en algunos territorios. (iv) La política de explotación de recursos naturales. (v) Los acuerdos humanitarios. (vi) En materia de diseño del proceso es importante la presencia de instancias de facilitación y acompañamiento nacionales e internacionales y el carácter público del mismo.

En el comunicado conjunto No. 1 de junio de este año el gobierno y el ELN informan que se encuentran en la fase exploratoria orientada a definir agenda y diseñar un proceso que haga viable el fin del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera. Y agregan que ya existe acuerdo sobre dos temas para la agenda: participación de la sociedad y víctimas. Volviendo a las preguntas que formulamos al comienzo sobre el cuál es el paso pendiente es muy probable que se trate de la definición de una agenda de alcance reformista que contemple aspectos relativos a la política minero energética y, el diseño de un proceso menos discreto y con espacios de participación diferentes a los aplicados hasta el momento en las negociaciones en curso con las FARC-EP. Tal vez por ello el ELN, plantea en la Revista Insurrección del 11 de agosto que “Ni en el discurso del 20 de julio, ante el nuevo Congreso, ni ahora, el presidente plantea ningún cambio en la estructura del Estado, ni en el modelo neoliberal que privilegia el saqueo extractivista, ni en la doctrina militar de represión y exterminio. No se ven los cambios estructurales que garanticen la construcción de la paz (…) Sin cambios estructurales, la paz seguirá siendo esquiva para Colombia”7.

BIBLIOGRAFÍA

HERNÁNDEZ, Milton, 1998, Rojo y Negro: aproximación a la historia del ELN, s.e., Colombia
VILLARRAGA, Álvaro, 2008, compilador y editor, Tregua y cese al fuego bilateral FARC, EPL, M19, ADO, Biblioteca de la Paz -1982 – 1986, Volumen I, FUCUDE, Colombia
VILLARRAGA, Alvaro, 2009, compilador, Acuerdos con el EPL, PRT, MAQL y CRS. Diálogos con la CGSB. Biblioteca de la paz 1990 – 2004, FUCUDE, Colombia
VILLARRAGA, Alvaro, 2009 (2), compilador y editor, En ausencia de un proceso de paz: acuerdos parciales y Mandato ciudadano por la paz, Biblioteca de la Paz, 1994 – 1998, VOL. IV, FUCUDE, Colombia.

Edición N° 00413 – Semana del 22 al 28 de Agosto – 2014

1 Carta del Comando Central (COCE) de la Dirección Nacional, firmada por Manuel Pérez y Nicolás Rodríguez, dirigida al expresidente Alfonso López Michelsen el 5 de febrero de 1989, citada en HERNÁNDEZ, 1998, 424-425.

2 El M19 formalizó el 8 de marzo de 1990 el acuerdo político de salida de la guerra y se convirtió en movimiento político legal: la Alianza democrática M19 –ADM19-.

3 En diciembre de 1990 alrededor de tres millones de colombianos participaron en las elecciones para conformar la ANC. Ese mismo día el Ejército bombardeó  “Casa Verde”, que se había convertido desde el acuerdo con las FARC en 1984 en el lugar emblemático de presencia del Secretariado de esta organización. La CGSB consideró que este ataque era la expresión clara de la voluntad del gobierno de excluirlos del proceso constituyente.

4 Declaración del Gobierno y la CGSB, primera ronda de conversaciones, Caracas, junio 6 de 1991, incluida en VILLARRAGA, 2009, 255

5 Cfr. “Propuesta de la UC-ELN: ante la ilegitimidad del Gobierno realizar una Convención nacional para definir un nuevo Gobierno”, febrero 2 de 1996, en VILLARRAGA, 2009 (2), 218

6 Cfr. “Comunicado del ELN: el Mandato por la paz expresa que es imposible la derrota militar”, noviembre de 1997, en VILLARRAGA, 2009 (2), 245

7 Revista Insurrección, No. 437 del 11 de agosto de 2014, disponible en http://www.eln-voces.com/index.php/es/voces-del-eln/comando-central/984-los-deseos-de-santos

 
 
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