La RAPE - Región Central y la cuestión agraria

  Alberto Anaya Arrieta
  Economista – Mg en Teología
   
 

El tema de la ruralidad, es decir las circunstancias que rodean la tenencia de la tierra y el uso del suelo, así como todas las cuestiones agrarias, que involucran a su principal e histórico actor: el campesino y que durante todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI, ha tenido mucho que ver con el conflicto interno armado que vive Colombia desde principios de los años sesenta, por parte del accionar de los grupos armados al margen de la ley. La problemática agraria de principios del siglo XX, y que posteriormente la Ley 200 del 36 o Reforma Agraria no pudo conjurar, evolucionó hacia estadios de inconformidad cuando los intereses de los miembros de los partidos políticos, del capitalismo y la debilidad del Estado, se volcaron en contra de los campesinos pobres, propietarios y productores de bienes y servicios que proveían las actividades agropecuarias y en contra de los colonos, aparceros o arrendatarios1. Es la relación histórica de disputa entre los hombres y mujeres campesinos y el desarrollo del capitalismo industrial. Es el punto de inicio del nacimiento de las FARC-EP, por allá, en los primeros años de la década de los sesenta, cuando un grupo de campesinos y colonos le hacía frente a los desalojos violentos de sus propiedades, robos de los bienes y recursos de las fincas, por parte de individuos, familias y bandas organizadas desde los partidos tradicionales colombianos y desde las mismas estructuras del Estado.

En la actualidad, las condiciones del campesinado no son distintas, la diferencia radica en que estas se han venido agudizando. Persiste el conflicto de tierras y uso del suelo, y según Gaviria, no se cuenta con una política pública de apoyo económico que estimule sus labores agropecuarias y de mercado, haciéndolos competitivos económicamente, nuestros campesinos se encuentran subordinados a la voracidad financiera e industrial. Por su parte, el Tratado de Libre Comercio2 ha reducido sustancialmente sus ganancias y oportunidades, llevándolos de manera vertiginosa  hacia el empobrecimiento y la miseria, sumado todo esto a la ausencia de acompañamiento y respaldo, pues carecen de una representación política seria y adecuada. Por si fuera poco, estos hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos, nuestros campesinos colombianos, se encuentran en medio de la línea de fuego, por un lado la insurgencia, por el otro las nuevas bandas del paramilitarismo y para rematar, la fuerza pública los declara colaboradores de los grupos al margen de la institucionalidad. Desde luego, esta última circunstancia los hace ser los primeros en la lista de los victimizados, desaparecidos, asesinados, perseguidos, abusados sexualmente, desplazados, despojados de sus recursos y bienes materiales. Los hace ignorados e invisibles, en medio de su dura realidad.

Esta situación de violencia la viven y la sienten con intensidad los habitantes y las instituciones -la sociedad civil y política-, de las entidades territoriales que hoy conforman el proceso de la Región Central. Por lo tanto, es muy importante para la existencia y vitalidad del proceso de la RAPE, tratar el tema rural y agrario con la participación de todos los actores que integran la dinámica social, económica y política de los territorios asociados a la Región Central. Sin ser esta una propuesta que promueva la desinstitucionalidad, no falta más, por el contrario, estos mecanismos de participación deberán enriquecer y fortalecer el debate nacional sobre las reformas que se requieren para que nuestros campesinos pobres, medios y ricos, colonos y aparceros, no sólo aprendan a cuidar y proteger el territorio y la biodiversidad, sino para que puedan sentir y expresar que el campo es un espacio de trabajo y oportunidades donde se producen y comercializan bienes para el consumo interno y para el mercado internacional; para la existencia de familias que vivan con acceso y calidad a la salud, a la educación y con viviendas dignas dotadas de sus servicios básicos.

La participación y la cooperación de la institucional debe abarcar asuntos  como la revisión de la concentración de las tierras (los grandes latifundios) y el uso del suelo, los grandes negocios del capitalismo agroindustrial y la explotación minera, procesos que hoy avanzan con poco control del Estado, teniendo en cuenta que lo que pretende la ley de víctimas y restitución de tierras, entre otras cosas, es promover el retorno de los campesinos desplazados a las tierras que les han sido arrebatas por los actores del conflicto interno armado colombiano.

Hay una gran deuda social con el campesinado colombiano, y la RAPE deberá emprender un proceso para revertir esta tendencia en toda la ruralidad de la Región Central. La RAPE debe comenzar, una vez se formalice, a materializar esta integración territorial regional, integración que deberá ser, en primer lugar, para el bienestar y el mejoramiento de la calidad de vida de todos los que habitan en su jurisdicción, en especial para reivindicar a los campesinos, sin caer en el absurdo político de pretender sacarlos de su condición de hombres y mujeres de campo, desplazándolos con argumentos ambientalistas.

Al respecto, Cifuentes, afirma que la finca es mucho más que una empresa, es un espacio para la reproducción biológica, ámbito de reproducción cultural, base de la seguridad alimentaria, santuario de conservación de la agrobiodiversidad y soporte de auto afirmación social.3 Y en esa misma línea, Gaviria plantea, que “una de las características de la economía familiar rural es la combinación de diferentes actividades. Además de la producción agrícola o pecuaria, estas economías frecuentemente vinculan el comercio, la minería, la artesanía, la venta de fuerza de trabajo, el turismo.” Tenemos, entonces, que la ruralidad es mucho más que campo y cuestiones agrarias, es gestión económica y ambiental, es industria, es almacén, es todo un ámbito de posibilidades de economía y de conservación de vida, es un ecosistema donde interactúa la sociedad y la naturaleza, es una unidad, y como tal habrá que verla y estudiarla.

La ruralidad en la RAPE, también tendrá que ver con la minería. No con la minería artesanal ancestral, que en ningún momento afecta la biodiversidad. Esta ha existido desde antes de la aparición violenta de los españoles. Es la otra minería, la ilegal, la que habrá que poner en cintura, ésta es absolutamente dañina y debe ser combatida sin miramiento alguno4; habrá que revisar también los permisos otorgados por el gobierno nacional a las empresas extranjeras que extraen nuestros bienes naturales, atentando y destruyendo directamente estos ecosistemas.

En consecuencia, y sin lugar a dudas, la Región Central deberá ser la plataforma que sirva para promover y fortalecer procesos que busquen revitalizar la ruralidad de las 316 entidades territoriales que tendrá la RAPE. La diversificación de la economía agrícola y pecuaria, competitiva y sostenible, deberá mirar, además de los ya señalados, muchas otras oportunidades, con temas comunes como el turismo rural o ecológico, experiencias empresariales que como el agroturismo, vienen en ascenso y con márgenes de rentabilidad que perfectamente se podrían seguir fomentando y fortaleciendo. En esta línea de trabajo, Gaviria nos ilustra con un ejemplo, la diversidad empresarial campesina: la finca Cucunuvaca, en el norte de Cundinamarca, Colombia, se desarrolla en el mismo predio y a manos de una misma familia, una finca ganadera, una producción de yogur orgánico, un centro de agroturismo, un hotel y una representación de una casa distribuidora de genética pecuaria; esto nos muestra claramente que la posibilidad de actividades no agrícolas se pueden convertir en una oportunidad, que de ser aprovechada, dará lugar a que nuestros hombres y mujeres del campo, incursionen en un nuevo concepto de ruralidad, sin afectar la economía campesina convencional.

Concluyo reafirmando que los campesinos, nuestros campesinos colombianos,  en condiciones de igualdad en cuanto a la comercialización de sus productos, el acceso a créditos bancarios, la revisión de los precios de los insumos agropecuarios, la tenencia y calidad de tierras, serán tan eficientes y productivos, como cualquiera de las grandes propiedades y empresas agroindustriales.

Bibliografía:

Gaviria, Juan, 2014. Conservación o producción. El dilema falaz. Borrador de trabajo en construcción.

Guzmán Campos, Germán, 2005. La violencia en Colombia. Bogotá: Taurus.

Reyes Posada, Alejandro, 2009. Guerreros y campesinos, el despojo de la tierra en Colombia. Bogotá, Buenos Aires, Grupo Editorial Norma: Friedrich Ebert Stiftung.

Publicado por: Sergio Chaparro, 2009. La Ley 200 de 1936: Una ley escrita por y para el capitalismo colombiano. http://ceidunal.blogspot.com/2009/12/la-ley-200-de-1936.html (consultado 25 agosto 2014).

Edición N° 00415 – Semana del 5 al 11 de Septiembre – 2014

1 “Tan pronto los campesinos comenzaron a denunciar predios que no tenían títulos, o que estaban inadecuadamente explotados, fueron reprimidos por las bandas de “pájaros”, equivalentes a las “águilas” de ahora -parece que eran de la misma familia-, y se desató un fenómeno de violencia contra el campesinado. Sectores latifundistas utilizaron la violencia para sacar a los campesinos y pedir el archivo de la reforma agraria. Este proyecto se frustró con la salida de López del poder y después llegó la violencia de los años 50.” Marco Romero, 2010. "El acceso a la tierra ha sido el eje del conflicto armado". http://www.semana.com/ (consultado 25 agosto 2014).

2 El argumento contra estos acuerdos es que están inundado al país de productos foráneos que llegan sin aranceles o con aranceles reducidos, con el agravante de que vienen de países desarrollados como EE.UU. o del conjunto de la Unión Europea (UE), que subsidian a sus productores, lo que les permite exportar a precios por debajo de sus costos de producción: algo con lo que los campesinos colombianos no pueden competir. (Lea también: Lo que tiene en jaque al agro colombiano). http://www.eltiempo.com/ (consultado 25 agosto 2014)

3 Luis Eugenio Cifuentes Baeza I.A. MSc http://www.lamochila.co/queeslamochila/87-desarrollo/102-la-finca-campesina-no-es-una-empresa-es-mucho-mas

4 Durante casi cinco siglos, de manera artesanal, lenta y delicada muchos yacimientos fueron explotados de manera sostenible. Sino ¿cómo explicar que aún hoy contienen reservas tan importantes que la gran minería quiere explotarlos? Y aguas abajo de esos yacimientos la pesca sigue siendo abundante y el agua sigue siendo apta para el consumo humano y lo más significativo: es que hasta antes de que llegaran los grupos al margen de la ley con maquinaria pesada, desde el aire todas las minas artesanales se veían como pequeños claros en medio de la selva más espesa, y muchos- inclusive- eran imperceptibles. Por: William Garzón http://www.lamochila.co/queeslamochila/87-desarrollo/89-tenemos-que-defender-la-mineria-artesanal

 
 
Importante: Cada autor es responsable de sus ideas y no compromete el pensamiento de Viva la Ciudadanía. Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.
 
   
 
 
comentarios suministrados por Disqus