Crecimiento y recaudo tributario

  Jaime Alberto Rendón Acevedo
  Centro de Estudios en Desarrollo y Territorio, Universidad de La Salle
   
 

Que la economía persista en tasas de crecimiento importantes (4.3% en el segundo trimestre) es sin ninguna duda un hecho relevante que merece destacarse, la senda se mantiene y para el primer semestre el crecimiento respecto a igual periodo del año 2013 fue del 5.4%.

El contraste del crecimiento sectorial en el período enero – junio lo reflejan el sector de la construcción con un aumento de su producción del 14.2%, explicado fundamentalmente por la obras civiles que crecieron el 17.6%. Esta situación seguirá marcando la pauta del comportamiento económico no sólo por este año sino en el resto del período Santos, dado los proyectos en curso y los que se esperan adjudicar.

Caso contrario sucede con la industria manufacturera, en el segundo trimestre decreció el 1.4% y en el acumulado el semestre solo muestra un crecimiento del 0.9%, el sector de menor crecimiento de la economía colombiana. Es particular que los sectores que menos crecen (por debajo del promedio) son Minas y canteras (1.7%), Electricidad, Gas y Agua (3.3%), agropecuario (3.8%), Transporte (4.5%) y comercio (5.2%).  En últimas, somos una economía que la apalanca la construcción (en buena hora) y como siempre el sistema financiero y los servicios sociales, comunales y personales donde la mayor participación está dada por los gastos del gobierno. Seguiré insistiendo, so pena de ser aburrido: un país que crece soportado en sectores distintos a Agricultura e Industria, cuando tiene problemas con su mercado laboral, es decir, cuando crece sin generar empleos decentes, está destinado a acrecentar sus problemas de desigualdad y pobreza.

Ahora, aun a pesar del crecimiento económico y las reformas tributarias en busca de mayores ingresos (es decir se aumentan los ingresos públicos por las dos vías) el déficit fiscal programado para el año 2014 es del 1.3% del PIB, lo que implica mantener el ya estructural déficit fiscal o más bien la estricta regla fiscal que para muy poco ha servido, o mejor, ha sido la excusa para mantener el control ilógico sobre unos gastos mientras que en otros, que alientan la corrupción y la mermelada, se entregan a manos llenas.

No ha bastado el crecimiento prolongado, se ha tratado por doquier de ampliar la base tributaria, para tener una disculpa y disminuir las responsabilidades tributarias de las empresas, en especial de los grandes contribuyentes, los mismos que evaden y eluden por doquier.

En efecto, mientras las necesidades de plan de Gobierno requieren de más recursos para su financiamiento, las medidas que se inventan con las reformas tributarias, tanto la pasada como la que está en curso, tienden sin duda alguna a lo contrario, a disminuir el crecimiento de los ingresos porque las fuentes de reemplazo no son lo suficientemente fuertes para mantener el aumento de los recursos. Así, en lo corrido del año, el recaudo solo ha crecido el 7% y de acuerdo con la Red de Justicia Tributaria, “la tasa de crecimiento del impuesto de renta en este año ha disminuido en 24 por ciento, mientras que la del IVA aumenta en 11 por ciento”, confirmando lo que desde tanto sectores se ha venido insistiendo: las reformas tributarias tal y como las viene efectuando el gobierno, desde lo más conservador del modelo de desarrollo, terminan por beneficiar a quienes tienen y pueden pagar impuestos, mientras que el conjunto de la sociedad acaba perdiendo porque se le resta su capacidad de consumo y en términos globales ve como se reducen los crecimientos en los ingresos del Estado.

No obstante, la Dian ha salido a manifestar su complacencia por el logro de metas en el recaudo, donde este obedecen al 51% del presupuesto, sin embargo, poco se hace para que la evasión y la elusión sigan siendo las artífices de un proceso inequitativo, donde solo unas pocas empresas, el 1%, cumplen con los mandatos de ley y la ciudadanía debe de asumir con impuestos al consumo los desbalances financieros del presupuesto, a lo que también se suman la cantidad de prebendas y exenciones dadas en la política y en el Estatuto tributario, situaciones decididas en negociaciones cerradas y las cuales la sociedad ni ha avalado y probablemente no conoce.

¿Para qué crecer entonces, cuando la evolución de la economía no se refleja necesariamente en mejores condiciones de empleo, ingresos y por ende de calidad de vida para la sociedad como un todo? Un crecimiento que ha estado soportado en los gastos del Gobierno y como siempre en un sector financiero, que es absolutamente concentrador de la riqueza y poco generador de nuevos empleos.

Los datos del crecimiento se vienen mostrando con la impronta de ser el mayor en América Latina, y uno de los mejores en este mundo aun en crisis. Esta política de titulares y de mostrar logros, que si bien son reales, se dan en un contexto de gran vulnerabilidad para la población y el país, no podrá constituirse en la forma de mantener un modelo de desarrollo que a todas luces ha sido un fracaso, ha dejado no solo una sociedad en guerra, sino desigual, con unas brechas inmensas entre el campo y la ciudad y con una estructura productiva caracterizada por el atraso y la dependencia de tecnología e insumos foráneos.

Edición N° 00417 – Semana del 19 al 25 de Septiembre – 2014
 
 
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