RAPE Región Central: cultura responsable y amistosa
con la naturaleza y el crecimiento económico

  Alberto Anaya Arrieta
  Economista y Mg en Teología
   
 

Antes de hacer referencia a una iniciativa como la Región Administrativa de Planificación Especial RAPE, es importante ubicar esta asociación territorial de carácter regional, en un contexto más amplio, es decir desde el ámbito internacional y nacional. Inicialmente, hay que resaltar que todo el movimiento económico, científico y tecnológico del último medio milenio, ha sido “gerenciado” desde una visión reduccionista, entre sus más excelsos exponentes están Descartes, con su división mente-cuerpo y Kant, que considera a los humanos como centro único de referencia de la naturaleza y del mundo. Desde el Renacimiento hasta hoy, la naturaleza tiene casi exclusivamente un valor utilitario medible en dinero, y la actividad económica es el movimiento central que domina la marcha de las sociedades, llegando en el último siglo a consagrar una trinidad formada por la ciencia, la tecnología y el capital, como un absoluto incuestionable que está por encima de culturas, pueblos y ecosistemas.

En el campo internacional, podemos señalar algunos hechos históricos que han afectado considerablemente la naturaleza, como las conquistas españolas y portuguesas de los siglos XV-XVI; la revolución industrial, punto de partida del crecimiento económico, que se inició a mediados del siglo XVIII con todo su poder transformador y depredador; las colonizaciones a partir del siglo XIX, producto de la primera crisis del capitalismo industrial; el efecto ecológico y ambiental desfavorable que han producido los conflictos bélicos de los siglos pasado y presente: las dos guerras mundiales, la guerra en contra del pueblo de Corea y Vietnam, la guerra de los Balcanes y de Afganistán, las guerras africanas, así como las guerras crueles y genocidas en contra de los pueblos árabes. Igualmente, la ciencia y la tecnología se han configurado al lado de la guerra y los gases tóxicos de la primera guerra mundial fueron precursores de los químicos usados en la agricultura, los cañones desarrollan la tecnología de colocación de satélites, las necesidades de la inteligencia militar proporcionan el radar y abren el camino a la red de computadores, a la web, y a la tecnología que hace posible la comunicación móvil.

Por otra parte, Colombia no es ajena al impacto que genera la intervención antrópica sobre los ecosistemas, factor que ha incidido significativamente sobre el ambiente, afectando la biodiversidad y la preservación de la vida de todas las especies. La escalada del conflicto interno armado conllevó a que el territorio fuera por excelencia el teatro de los acontecimientos bélicos. Los bombardeos de la fuerza pública en el afán de neutralizar o eliminar la acción insurgente, las detonaciones causadas sobre los oleoductos, gaseoductos y poliductos, atribuidas a los grupos rebeldes, la tala indiscriminada de las selvas, bosques y páramos, la minería ilícita1 promovida y custodiada por los actores armados ilegales (y la minería lícita avalada por el gobierno), al igual que el monocultivo extensivo de la coca o marihuana con fines ilícitos, sumado todo ello a la producción desmedida y al consumismo, se constituyen en aspectos que continuamente contribuyen al deterioro de los ecosistemas.

En consecuencia, los aspectos de intervención humana histórica relacionados en los párrafos anteriores, señalan una cultura muy fuerte de depredación de la naturaleza y por ende, de afectación sustancial del ambiente, poniendo en riesgo la supervivencia de todo y de todos. La Región Central, entre otras actividades, debe asumir retos, como procesos de educación y gestión ambiental que involucre  a la sociedad, a la institucionalidad y a los productores de bienes y servicios, con el objeto de promover cambios de conducta, respecto a la conservación y uso responsable de los bienes y servicios naturales. En otras palabras, iniciar un proceso de concientización para construir un nuevo modelo de relaciones entre la sociedad y la naturaleza, donde un nuevo hombre y una nueva mujer, vean en los ecosistemas la oportunidad de un interlocutor, una articulación y una comunicación amistosa. Un nuevo modelo que nos permita ver a todos la naturaleza no como la gran despensa del planeta, aislada de la vida, sino como un gran sistema que interactúa con todas sus partes, siendo la actividad antrópica una parte del sistema, es decir, un subsistema.

La RAPE Región Central, sin abandonar el modelo económico y político imperante, porque no es la misión de estas asociaciones territoriales, deberá avanzar en la construcción de unas relaciones, donde el desarrollo económico y la conservación de la naturaleza, sean del interés y cuidado prioritario de la institucionalidad y de la sociedad. Debe ser la primera función y expresión cultural de su administración, para reafirmar una articulación y armonía entre la institucionalidad, la sociedad y la naturaleza. La RAPE será el ámbito válido, para acoplar los esfuerzos individuales y colectivos de una nueva visión de empresarización, desde una perspectiva de sostenibilidad. La RAPE deberá coordinar y tener la capacidad, para ser la protagonista primordial que suscite y recomponga el esfuerzo conjunto de todas las expresiones sociales, políticas y económicas de las entidades territoriales que la conforman, para promover un desarrollo sostenible, responsable y amistoso con la naturaleza.

Edición N° 00417 – Semana del 19 al 25 de Septiembre – 2014

1 La minería ilegal se fue regando por gran parte del país como una plaga silenciosa. En Colombia se calcula que en 303 municipios se desarrollan trabajos de explotación minera. http://www.semana.com/ (consultado 17/Sep/2014).
Los efectos negativos de la minería se expresan en la atmósfera (emisiones sólidas, gases, ruido y ondas aéreas), suelos (pérdida de propiedades físicas y químicas) y terrenos (desertización, peligros geotécnicos, modificación del relieve, impacto visual, alteración de la dinámica de los procesos de ladera), aguas superficiales y subterráneas (alteraciones en la dinámica fluvial y en el régimen hidrogeológico, pérdida de masas de agua, contaminación por metales pesados y metaloides, variaciones del PH por el drenaje ácido de mina). Lillo, Javier. Impactos de la minería en el medio natural. Universidad Rey Juan Carlos: Grupo de Geología y Grupo de Estudios en Minería y Medioambiente. http://www.ucm.es/ (consultado 17/Sep/2014)

 
 
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