Daños a la salud y telefonía celular

  Alberto Ramos Garbiras *
  Profesor de Derecho Ambiental Universidad Libre
   
 

El tema de la proliferación de antenas de telefonía celular, la normatividad vigente y sus efectos negativos en la salud sigue sin correctivos, debe ser atendido por las autoridades. A partir de año 2004 hasta la fecha presente, vemos como han aumentado de manera alarmante las instalaciones de antenas de telefonía celular y ese crecimiento generado dentro de los perímetros urbanos en viviendas esparcidas y unidades residenciales, con casas o lotes de alquiler, permitidas por quienes buscan un incremento de su economía familiar, con desconocimiento de las consecuencias en la salud, de igual manera contraen acuerdos de instalación de antenas de telefonía celular, con empresas que no tienen control ambiental ni conocimiento del impacto que pueden ocasionar dichas antenas en la salud de los ciudadanos, contaminación ambiental invisible por las ondas microondas esparcidas y al paisaje natural urbano.

La poca legislación y normativa urbana acerca de cada caso en concreto impide el retiro inmediato de las antenas del casco urbano. Son diferentes los efectos que puedan tener estas antenas tan cercanas a la población, al menos en los 500 metros alrededor de cada antena. Es un tema sobre cual no se han registrado varias investigaciones formales, un problema para las grandes ciudades, de Colombia que se encuentran en el mismo conflicto: darle paso a la tecnología v/s la salud de la población.

En otros países este ha sido un tema de gran polémica, ya algunos se les ha dado solución. La preocupación como ambientalista es por la proliferación de antenas de telefonía celular en las ciudades, la falta de control, la poca legislación y normativa urbana acerca del caso en concreto, los diferentes efectos que puedan tener estas antenas tan cercanas a la población, al menos en los 500 metros alrededor de cada antena. En Cali el POT está en discusión, se trata sólo de limitarlas a 200 metros de distancia entre cada una de ellas, de las más de 400 que están regadas en todo el perímetro urbano, y los empresarios de la compañías de celulares afiliados en ASOMOVIL dicen que es mucha distancia, acolitados por el Comisionado para la regulación del Señor Wilches anuncia lo mismo sin importarle los daños a la salud de los caleños.

Las preguntas que se hacen en la red son: ¿Es verdad que afecta a nuestra Salud? Cada vez son más los científicos que mantienen esta tesis y los que dicen que no, afirman que hay que seguir investigando y que mientras tanto se aplique medidas de precaución. Pero, debemos tener en la cuenta que las empresas, a todo nivel, contratan científicos para que hablen bien.

Nadie puede desconocer la importancia de la comunicación telefónica por celular que superó a la telefonía fija por lo portátil de los aparatos y la inmediatez de la comunicación. Empezó con pecios al alcance de los estratos altos y se extendió por la clase de aparatos y la diversidad de planes con comodidades de prepago, a todos los niveles y estratos. Pero, el celular no puede funcionar sin antenas de transmisión de las señales, y estás sin torres que las soporten, y estas sin centrales de transmisión.

El problema radica en la proliferación de antenas y de torres que han invadido el espacio urbano y contaminado el espacio aéreo. Hoy el espacio aéreo de los cascos urbanos no sólo tienen los techos de las casas, los pisos altos de edificios, torres de iglesias, copas de árboles altos y avisos publicitarios con vallas gigantes, a este cuadro se suman decenas o cientos de torres con estructuras metálicas en blanco y rojo de inmensas torres que sostienen las antenas de transmisión de señales para la telefonía celular que, de noche titilan con bombillos intermitentes, vistos desde un avión, como si fueran varios aeropuertos de avionetas. Esas aparentes e inofensivas luces encierran un alto grado de letalidad porque las ondas electromagnéticas tienen cargas dañinas para la salud. Por ejemplo, en Australia y Nueva Zelanda, no dejan instalar bases de antenas en las azoteas de los edificios por el daño que causan a todos los habitantes de los pisos. En Toronto (Canadá), y en Inglaterra la distancia que se ha discutido para estipular es de 500 metros. En Argentina la senadora de la Rioja, Hilda Aguirre, presentó un proyecto de Ley para que la distancia fijada en todas las municipalidades sea de 500 metros al acabarse el perímetro urbano.

En varias páginas Web se ha escrito que, “A la luz de la literatura científica, es cada día más manifiesta la aparición de patologías asociadas a la exposición prolongada a radiación por microondas de baja intensidad emitidas por antenas”.Muchos centros de investigación de carácter científico, universidades de diferentes partes del mundo y profesionales de la salud han expresado que los principales daños al organismo son: Cefalea o dolores de cabeza, dificultad para conciliar el sueño, estrés, afecta el funcionamiento de los marcapasos, nerviosismo, pérdida de memoria, dificultad de concentración, cansancio o agotamiento, alopecia (perdida del cabello), resecamiento de la piel, calor en el cuerpo (esta puede ser otra razón que explica el aumento del calor en Cali), afecta la visión conllevando a la enfermedad del ojo seco, produce cataratas, quemaduras internas en el organismo, y alteraciones en el desarrollo embrionario. También se incluyen, elriesgo relativo a la leucemia, tumores cerebrales y otros cánceres en sujetos que residen en las proximidades de las líneas de alta tensión. La sospecha de asociación más firme se ha establecido con las leucemias infantiles. También se han intentado relacionar con alteraciones del aparato reproductor, neurológico y cardiovascular, y con malformaciones fetales.

Este es un aspecto que todos los alcaldes en los municipios deben atender porque está relacionado con la salud, el medio ambiente y el paisaje urbano. Los POT como planes de ordenamiento del territorio hacen eso, organizar el desorden urbano que a veces se produce por actos de hecho, sin permisos y licencias. Caotizan el crecimiento de las ciudades aprovechando la falta de control urbano de las oficinas de Planeación, por falta de funcionarios, o falta de conocimiento, desidia, inexistencia de la norma apropiada, o el mismo desconocimiento de las normas vigentes.

Con esta problemática de las antenas para celulares, se da algo similar y el caos comparable que existe con la extensión del cableado de las parabólicas utilizando los postes de energía eléctrica, o el que se ha dado con el rompimiento de los andenes para subterranizar los tubos de transmisión de gas que, también atentan contra la integridad de los hogares por las explosiones que sus roturas y mal uso pueden generar. Es un aspecto de servidumbres públicas urbanas que no está definido por los concejos municipales, ni los alcaldes debidamente.

En Cali el mismo Director de Planeación Municipal, León Darío Espinoza, reconoce que “más de la mitad de las torres instaladas no tienen permiso lo cual genera un problema paisajístico, la ciudad necesita establecer una regulación”. Pero más que la afectación del paisaje nos preocupa la salud de los residentes circunvecinos a las torres, asunto que pasa a un problema de salubridad por el número de afectados al mismo tiempo, ubicados en los radios de emisión. O sea un atentado contra el derecho colectivo a la salubridad como lo contempla la Constitución nacional (artículo 88) y la Ley 472 de 1998.

El POT de Cali en discusión ante el Concejo Municipal contempla una distancia de 200 metros entre cada torre(hoy hay torres dispersas de varias empresas (CLARO, Movistar, TIGO, Virgin…) hasta solo con 100 metros de distancia; los empresarios asociados desde ASOMOVIL pujan y presionan por una distancias menor; el Comisionado de Regulación de Comunicaciones, Sr Juan Manuel Wilches, les ayuda, pero la norma internacional ISO plantea 500 metros de distancia a las residencias para evitar los daños a la Salud. Entonces, si medimos las distancias desde el eje de las torres no deberían instalarse dentro del casco urbano estos armazones porque siempre encontrarán residentes que se perjudicarán. Deberán instalarse al terminar el perímetro urbano, a su alrededor, en círculo al comenzar el aérea rural; o en los cerros y montañas que presiden la ciudad. Esto es lo que no quieren aceptar para no invertir capital en transmisores más potentes que hagan llegar la señal desde las cercanías del perímetro urbano, y así prestar el servicio. Entre las empresas de telefonía celular es necesario crear más acuerdos para compartir torres, o algo distinto, convenios retransmitir las señales como ya lo están haciendo algunas de ellas, así no todas necesitan tener un número de torres igual o proporcional al número de usuarios. La Corte Constitucional en dos sentencias de Tutela (Sentencia 1077 del año 2012 y Sentencia 397 del año 2014), ha ordenado que se regulen las distancias.

(*) Ex Procurador Ambiental del Valle.

Edición N° 00417 – Semana del 19 al 25 de Septiembre – 2014
 
 
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