Enseñar la paz

  Álvaro González Uribe
  Abogado y columnista – @alvarogonzalezu
   
 

No hay duda: tanto desde la inteligencia, como desde la política y la sensibilidad humana no es fácil digerir un proceso de paz en medio de las barbaridades de la guerrilla ni de las atrocidades y delitos de las bandas criminales, pues con toda razón a los ojos del común de la sociedad colombiana ambas violencias se funden en un solo amasijo de sangre y entonces esa cosa de La Habana qué.

Es que para la sociedad ya ni importa de donde venga: se trata de una sola violencia que además ya es larga, tan larga en el tiempo que causa un dolor y un cansancio social que llega a puntos de desespero y desesperanza. Es violencia y punto.

Igualmente, es difícil, muy difícil, entender esos comunicados y discursos contradictorios de las FARC: que sí, que no, en fin. Manifestaciones que conjuntamente con sus actos de violencia siguen el mismo trámite de la guerra: apostando, buscando mejores posiciones, tratando de ganar allí y también allá, pues esa guerrilla sabe que aún es guerrilla y así debe comportarse porque de lo contrario pierde su identidad de contraparte en el proceso y también su peso como negociadora.

Sin embargo, esa guerrilla también sabe que entrará, así no sea toda, en otro terreno diferente al cual le debe jugar desde ya porque en este las reglas son distintas. Y no lo están haciendo bien por la sencilla razón de que no lo saben hacer, aunque esperamos aprendan.

Claro que no es fácil explicar esta complejidad, y el Gobierno quizá lo previó pero no pensó que fuera tan difícil, en especial con el atizamiento de los contradictores. Además, el dilema era abrir un teatro como el Caguán o bajar un telón, no para quedar a escondidas de nadie, sino para trabajar en un sitio apartado sin perturbaciones externas que de buena y mala fe podían dar al traste con todo. Con las recientes revelaciones de los acuerdos se quiere dar un sano mensaje sobre el avance de las negociaciones para acallar rumores malintencionados sin que ello indique que se sube el telón como bien lo dijo Humberto De la Calle.

De todas maneras, no es fácil entender esa lógica de asesinatos y terrorismo cuando se busca al tiempo acabar con los asesinatos y el terrorismo, la sola frase es contradictoria. Confieso que hasta para mí es difícil aceptarlo, para mí que creo comprenderla así sea con mucho dolor.

¿Cuántos de quienes creemos en este proceso de paz nos hemos visto en calzas prietas para defenderlo y explicarlo cuando suceden los crueles ataques de la guerrilla, y cuando nos recuerdan su pasado de mentiras? Nos ha sucedido a muchos, pero no podemos cejar en ese empeño de ser pedagogos del proceso, explicando las condiciones diferentes actuales, incluso por encima de nuestro propio dolor e incomprensión, porque la muerte, los asesinatos, no están en nuestros códigos mentales.

La lógica de la paz y de su proceso para conseguirla por medio de una negociación es mucho más difícil de comprender que la misma lógica inhumana y absurda de la guerra. La guerra es más fácil de hacer que la paz, lo hemos oído miles de veces y está comprobado. La guerra es más simple que la paz. De allí las dificultades del proceso de La Habana, mucho más si se intenta en medio del conflicto como no hubo más remedio intentar luego de tantos fracasos en medio de treguas y ceses al fuego inmanejables.

No es sólo labor del Gobierno enseñar la lógica y los beneficios de este proceso, es labor de todas las instituciones y ciudadanos, porque al fin y al cabo quienes creemos en el mismo sabemos que la beneficiada será toda Colombia, incluyendo por supuesto a quienes hoy no lo aprueban. Debemos ser firmes, estudiar, insistir, divulgar, enseñar, convencer. Es una cruzada pedagógica bien difícil pero es lo que el país requiere en estos momentos cuando el camino se torna más tortuoso. No podemos compararnos con la guerrilla y seguir su lógica y costumbre de lograr las cosas. Nuestro papel para el avance del proceso se debe cumplir desde otro plano, desde la civilidad, desde la institucionalidad, desde el Estado de Derecho en el cual aceptamos vivir pese a sus errores y falencias.

Edición N° 00418 – Semana del 26 de Septiembre al 2 de Octubre – 2014
 
 
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