Siempre serán duda las cifras del Dane

  Jaime Alberto Rendón Acevedo
  Centro de Estudios en Desarrollo y Territorio, Universidad de La Salle
   
 

Ya es una costumbre que al publicarse las cifras económicas del Dane importantes sectores del país salgan a desconocerlas. Esto no es otra cosa que la falta de credibilidad, de reconocimiento en una institución donde su capital debería ser exactamente lo contrario. Solo por esto debería existir una misión que, tras acuerdos sectoriales, lograra reinventar la institución nacional de estadísticas y darle la legitimidad y preponderancia técnica que se requiere, después de años de utilización política un tanto desmedida.

Producir estadísticas confiables para la toma de decisiones no es tarea fácil, requiere incluso del establecimiento de una gran capacidad operativa y técnica y por ende de grandes recursos humanos, tecnológicos y financieros. Es de verdad una actividad costosa pero absolutamente indispensable. De entrada se debería pensar que es una tarea exclusiva del Estado, quien tendría que colocar toda su capacidad financiera y técnica al servicio de la sociedad. Sin embargo, al no ser así en Colombia se han comenzado a generar una serie de situaciones que van en contravía de concebir la información como un bien público y de hacer de esta un soporte al conocimiento de la economía y de la sociedad misma.

De esta manera los gremios de alta capacidad financiera como la Andi logran hacer mediciones de la actividad manufacturera, proceso que cada día se depura y mejora, teniendo incluso más confiabilidad que los mismos datos del Dane. Anif hace lo propio con las instituciones financieras y en los últimos años lo ha venido haciendo con las Pymes, remplazando, paradójicamente, al gremio de las Mipymes (Acopi) quien hace esfuerzos internos por mantenerse en la esfera pública. En fin los gremios y cámaras empresariales buscan cifras de soporte a sus procesos económicos y sociales y al no tener en el Dane un soporte para su actividad deben recurrir a sus propias mediciones, algunas veces no confiables por falta de rigor estadístico.

Algo parecido sucede con las administraciones territoriales. La falta de información pertinente y a tiempo hace que las decisiones de política deban tomarse al fragor de las deliberaciones ciudadanas, cuando las hay, o en los cabildos propios de las administraciones, sin que ellas, las decisiones, estén soportadas en datos que permitan una mejor comprensión de la realidad.

Todos van teniendo estadísticas, los ministerios también lo hacen, lo hace el Banco de la República, también Planeación Nacional (y en cada territorio de acuerdo con sus capacidades técnicas), las cámaras de comercio, los centros privados de investigación y, no es nada raro, las universidades ni siquiera se asoman a estos escenarios, es imposible pensar que con los escasos presupuestos que se cuentan para investigación se puedan realizar actividades serias de medición y observación sectorial.

Además de esto la población no confía en las cifras que le presenta la institución. Por ejemplo, en las cifras de inflación siempre se pregunta dónde merca el Dane y los trabajadores no creen en las cifras del mercado laboral. Las metodologías con las que la entidad construye sus indicadores si bien corresponden a parámetros internacionales, no son objeto de formación ciudadana, la población no está formada para comprender lo que se plantea desde las cifras que se publican y quienes si se enteran de estos procesos, o bien los dejan pasar y las asumen como mediciones oficiales o simplemente descreen, banalizando el ejercicio institucional.

Existe sin duda un gran acumulado por parte de una entidad como el Dane que ha logrado establecer patrones de medición de las actividades económicas y sociales como ninguna otra en el país, cuenta con el personal idóneo y la experiencia para enfrentar proyecto de gran alcance como los censos poblacionales, el censo rural, la medición de la inflación, el empleo o el PIB, entre muchos otros. Sin embargo, ante un censo como el que actualmente adelanta la entidad, es imposible que ésta realice labores distintas a las cotidianas. La entidad poco se acerca a los entes territoriales, quienes no disponen de datos ciertos para diseñar, realizar y hacerle seguimiento a las políticas públicas y cuando quieren contar con ella, esto necesariamente pasa por un oneroso cobro que de todas maneras está supeditado a que exista el tiempo para hacerlo.

La Institución ha sido víctima de los juegos de poder que han caracterizado la institucionalidad colombiana. En el país se presentan las cifras para avalar gestiones gubernamentales y no en realidad para soportar las investigaciones y análisis necesarios para la toma de decisiones. El acceso a la información por parte de la ciudadanía o de los investigadores es limitado y la opción de conocer los datos precisos (microdatos) que permitan otros análisis solo es posible tras el pago por la información.

El Dane es una institución real, con carácter técnico, reconocida internacionalmente pero sin los recursos suficientes para convertirse en lo que tiene y debe de ser: la entidad de estadísticas del país que le proporcione a los y las ciudadanas, empresas, universidades y en general al país, la información disponible, pero también la requerida, para que se pueda lograr el conocimiento necesario, para acercar los análisis a la realidad sentida y vivida.

Fortalecer la institución y democratizar la información son dos tareas esenciales que el Gobierno debe emprender con la entidad. Esta no puede seguir siendo una instancia “técnica” de presidencia, debe de ser una institución con autonomía e independencia, con todo el aval y el consenso del país para realizar y/o guiar la producción de las estadísticas verídicas y oportunas que el país requiere.

Edición N° 00423 – Semana del 31 de Octubre al 6 de Noviembre – 2014
 
 
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