Notas para un balance de dos años de diálogos y negociaciones
entre el presidente Juan Manuel Santos y las FARC

  Luis Eduardo Celis
  Analista de los temas de conflicto armado y construcción de Paz – @luchoceliscnai
   
 

Esta semana, se cumplieron dos años de funcionamiento de la mesa de diálogos y negociaciones entre el Presidente Juan Manuel Santos y las FARC, para cerrar una confrontación armada de más de medio siglo, que bien puede considerarse un conflicto obsoleto, que ha dejado amplios estragos humanitarios y una democracia precaria, que ha reforzado y mantenido sus rasgos autoritarios y permisivos con la criminalidad, desde muchos frentes institucionales y de poder.

Treinta rondas de trabajo, en las cuales físicamente se han trabajado 270 días, ha permitido avanzar en puntos de acuerdo en las raíces del conflicto: desarrollo rural y participación política, al igual que sobre el combustible y la amplia presencia de los Estados Unidos: drogas y narcotráfico, son tres de los seis puntos de la agenda acordada por la partes y como nunca antes en los tres intentos anteriores hemos avanzado tanto, hasta el punto que se habla de que este es un proceso que está llegando a un punto de irreversibilidad, lo cual no es una exageración ni una fantasía, y queda corroborado con la madurez en que FARC y Gobierno, han sorteado la crisis por la privación de la libertad del General Rubén Darío Alzate, delicada situación en trance de ser resuelta y de lo cual el proceso sale con nuevos retos y una madurez de las partes para continuar una tarea de dimensiones históricas.

Dos años, de diálogos y negociaciones nos han mostrado la madurez creciente de Farc y Gobierno para trasegar la ruta de los diálogos y las negociaciones, es la madurez de la convicción de que ha llegado el momento de cerrar el conflicto, que ninguno se puede imponer sobre el otro de manera definitiva y que se bien la acción de estado – no siempre legal ni civilista- ha logrado disminuir y controlar a las FARC, estas no han sido derrotadas y han logrado un importante nivel de adaptación para resistir por un tiempo indeterminado la pretensión estatal de derrotarlas, con este marco de realidad, las dos partes se han aplicado de manera rigurosa a construir el acuerdo, no debemos tener dudas de la calidad del proceso y de lo avanzado, que avizora un exitoso proceso.

Falta definir el marco de responsabilidad, para poner cara frente a graves crímenes y violaciones a los derechos humanos, cometidos por todo los actores implicados: Estado, guerrillas, paramilitares, sectores económicos, de la política y del mundo social, en eso se está ahora y de manera novedosa la mesa Gobierno-Farc, ha escuchado el reclamo y las exigencias de cuatro delegaciones de víctimas, es un duro y difícil punto, porque implica asumir que todos los implicados se han comportado de manera criminal, autoritaria, bárbara en muchísimas ocasiones y que no es posible cerrar el conflicto armado sin reconocer responsabilidades y construir una verdad que genere confianza ciudadana para emprender un nuevo momento de la vida compartida con la tranquilidad de que vamos a superar exclusiones, violencias y autoritarismos que han alimentado tantas dinámicas de confrontación armada.

Falta camino por recorrer, y solo se podrá avanzar a buen ritmo si hay disposición de asumir responsabilidades y construir un marco de justicia transicional, que haga viable el acuerdo sin atropellar los derechos de las víctimas, tarea nada fácil y en la cual tenemos una dura controversia que debe mantenerse en el marco de la lucha política y la construcción de consensos lo más abarcadores e incluyentes que sea posible acordar.

Con los hechos de los últimos días, capturas de militares, atropellos contra civiles, actos criminales como el asesinato de los dos indígenas y muchos más, se torna urgente desescalar el conflicto y avanzar en un cese del fuego bilateral y verificable, tarea compleja, urgente y vital, para entrar en la recta final de la negociación.

El Presidente Juan Manuel Santos y las FARC, han avanzado de manera impresionante, hay que concretar el marco de justicia transicional para el acuerdo y retomar los pendientes en los puntos de desarrollo rural y participación política, para trabajar en los puntos de fin del conflicto, garantes y refrendación del acuerdo.

Falta por lo menos un año y medio para concretar el conjunto del acuerdo y hay que asumir que el reto mayor ahora es ganar a la sociedad para refrendar el acuerdo y disponerse a trabajar por su implementación.

La privación de la libertad del General Alzate nos ha dado la oportunidad de evidenciar que tanto Gobierno como FARC, han llegado a la madurez para asumir grandes retos y resolverlos con agilidad.

Edición N° 00426 – Semana del 21 al 27 de Noviembre – 2014
 
 
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