Alborada o guerra social en Medellín

  Álvaro González Uribe
  Abogado y columnista – @alvarogonzalezu
   
 

El Diccionario de la lengua española dice de la expresión “Alborada”: “Tiempo de amanecer o rayar el día. Música al amanecer y al aire libre para festejar a alguien. Composición poética o musical destinada a cantar la mañana. Acción de guerra al amanecer. Toque o música militar al romper el alba, para avisar la venida del día”.

El fenómeno social que desde hace cerca de diez años se ha instalado en Medellín durante la noche final de noviembre y la madrugada de diciembre bautizado como “alborada”, no tiene nada de las mencionadas acepciones, salvo de la penúltima.

Veamos: No se trata del tiempo en sí del amanecer o del rayar el día, ni propiamente música para festejar a alguien, ni menos composición poética o musical destinada a cantar la mañana, ni toque o música militar al romper el alba. Lo que sí podría asimilarse a esa cantidad detestable de pólvora quemada durante ese lapso es lo de “acción de guerra al amanecer”.

Sí, de guerra. De una guerra declarada por cierta parte de la población del Valle de Aburrá a otra cierta parte de la población que para la primera representa las instituciones, el orden y el bienestar.

Quizá algunos de quienes tiran esa pólvora estén de verdad celebrando la llegada de diciembre, pero la gran mayoría está expresando su descontento con una sociedad que la excluye de diversas maneras. Por eso la reta, por eso con los estruendos le grita a los cuatro vientos que ella está ahí, que también tiene un lugar en este valle de lágrimas para muchos y tacita de plata para otros.

Por eso mientras más se repudia esa pólvora y más campañas se lanzan por los medios y redes sociales, más se incrementa la tal alborada: “Ustedes no nos han incluido en su ciudad”, “ustedes tienen sus reglas, normas y costumbres y nosotros las nuestras, por eso los desafiamos con algo que los irrita”, “¡estamos aquí!”. Quizá eso dicen los truenos de voladores, tacos y papeletas; ¡un grito de existencia!

Y hay otras formas de mostrar esa exclusión, de clamar por un reconocimiento y de obtener pequeñas victorias sobre el establecimiento. Por ejemplo, violaciones siempre innecesarias -ese es el punto- a las normas materiales y formales: pasarse en rojo un semáforo vehicular o peatonal; ubicarse contra las puertas del Metro o pisar la raya amarilla; chiflar entre el tumulto; tirar el chicle al suelo; escupir; colarse en la fila; armar alboroto cuando no vandalismo con la barra brava del equipo, y muchos actos que pocas veces constituyen delito y quizá sí incultura ciudadana pero que son mucho más que eso.

Es posible que la alborada polvorera se haya nutrido y tenido momentos de esplendor con los mafiosos o los consabidos oficinistas, pero no creo que eso la haya originado ni mantenido por tanto tiempo. No olvidemos que Antioquia ha sido propicia a la pólvora desde hace muchos años cuando no había mafia ni paracos ni oficinas. Aquí celebramos con voladores hasta la “desenvolvida” de un supercoco.

Siempre se han celebrado con voladores los bautizos y matrimonios; las fiestas patronales, de la Virgen y del Corazón de Jesús; los grados, los triunfos de los equipos de fútbol, y claro, la Navidad. Tampoco se puede negar que era también costumbre de los traquetos celebrar con voladores las “coronadas”, es decir, cuando algún cargamento de droga llegaba a su destino indemne. Incluso, y eso sí que me dolió, escuché voladores cuando asesinaron a Galán.

Pero hoy en día se trata de un reto de quienes se sienten marginados de lo bueno que pasa en la ciudad; de sus premios, de su imagen y de su avance mundial. Ya los mafiosos, los paracos y los miembros de las bacrim aprendieron a llevar un perfil bajo. Son pocos los que se exhiben y hacen bulla. Hoy la alborada es un fenómeno social que no por chocante y peligroso debe dejar de ser visto y criticado solo como una práctica mafiosa que también lo es.

Bajo esos estruendos repetidos y entre su eco hay un símbolo social mucho más profundo que debemos estudiar y comprender. No podemos ser tan simplistas de quedarnos en que se trata de una herencia mafiosa y ya. Es un poderoso y atronador mensaje de una parte de la ciudad a la otra.

Edición N° 00428 – Semana del 5 al 11 de Diciembre – 2014
 
 
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