Elogio del agua

  Alfonso Cuellar
  Licenciado en Filosofía; ex asesor de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) – acuellar31@yahoo.com
   
 

El más reciente informe de la FAO da cuenta que en Colombia hay cinco millones quinientas mil personas (5.500.000) que “sufren las “cornadas” del hambre” según el diario El Tiempo (17/08/2014)

Esta noticia hace pensar que el tema de la producción agropecuaria es apremiante para la sociedad colombiana y se ha convertido en un problema no solo social, sino también ético, pues, no podemos seguir impávidos cuando tantos millones de personas pasan hambre en un país supuestamente agrícola. La solución de esta ignominia tiene que ver con la seguridad alimentaria tema garantizado por la Carta Constitucional, cuyos mandatos confrontados con la realidad serían retórica. Implementar políticas para mejorar los ingresos de estos millones de seres calamitosos, de seguro implicará una mayor demanda de alimentos. Entonces, surge la pregunta ¿Cuál es la forma más expedita para incrementar la producción agrícola de una manera eficiente? Es lo que me propongo esbozar en este artículo, refiriéndolo, primero, a la comprensión ética del drama humano de los dolientes, luego a las consideraciones científicas y técnicas que la experticia ha definido para una producción y productividad agrícola segura y sostenible; por último, proponer un programa a ejecutar. La aspiración es promover una reflexión sobre el tema del agua y su uso, como la solución por siglos aplazada para la pequeña producción familiar o de ladera, el sector que potencialmente está en capacidad de cambiar la ecuación en términos de producción de alimentos tanto para beneficio de sí mismo como del país. La propuesta tiene garantizado su éxito y es expedita para saldar la “deuda” para con los habitantes rurales, porque, se ajusta a la racionalidad de la ciencia y guarda correspondencia con la necesidad social.

Ética, agua y agricultura familiar de ladera

En el primer gobierno del Presidente Santos varias regiones del país padecieron severas inundaciones, en particular el sur del Atlántico. Para mitigar los daños gastaron billones de pesos, pero, no se atacó la causa donde se originan las crecientes de los ríos Magdalena y Cauca, o sea, el tratamiento de todas las vertientes de sus afluentes, ubicadas en nuestras tres cordilleras. La solidaridad con los damnificados fue ejemplo de un consenso con los sentimientos humanitarios de personas de todas las orillas y creencias en todo el país.

Hoy cuando la mano huesuda del hambre es una realidad para millones de colombianos urge reflexionar y levantar una ola de solidaridad en pro del acceso al agua por parte de los campesinos de economía familiar que ocupan las laderas de las tres cordilleras, valles interandinos y regiones cálidas del arco Caribe (Córdoba, Sucre, Bolívar, Cesar, Magdalena y La Guajira) como el elemento clave del desarrollo agropecuario, que no excluye los demás programas accesorios para una “nueva ruralidad”. El análisis de asuntos concretos permite constatar trasformaciones y avances - modestos logros en irrigación de ladera de los últimos tres años - pero, como lo advertido hace casi un siglo, “al mismo tiempo, la resistencia que a las posibilidades de progreso implícitas en aquellas opone el pertinaz irracionalismo de la sociedad colombiana, la falta de voluntad de sus gobernantes de introducir formas racionales de vida”.1

La tecnocracia parece haber olvidado postulados validados por el conocimiento científico, al no establecer la debida correspondencia entre estos principios y los recursos concretos asignados a resolver el problema clave, en este caso la dotación de riego para adelantar la producción y mejorar la productividad y no continuar desperdiciando, malgastando las inversiones y el esfuerzo de manera ineficiente. Es hora que la vida de millones de campesinos no dependa ilusoriamente de San Isidro labrador y que este sea el mensajero portador de la solución técnica que elimine la angustia de la pérdida de la cosecha. La inveterada práctica legendaria de los campesinos de propiedad familiar y de ladera, de perder o ver mermada una tras otra sus cosechas por los faltantes de agua en los periodos secos, genera la creencia de que son imbéciles, en tanto que, no reflexionan sobre los eventos de año tras año. Ya están hartos de hacer peticiones: la ideología tejida en su entorno hay que liquidarla como un deber moral ineludible, pues, el campesino está en capacidad de cambiar y darle sentido a su vida. Técnicos y científicos, están obligados a explicar la comprensión que tienen del problema: la universidad creada para resolver de manera razonada problemas de la sociedad encaja su relato ante estos eventos en una preocupación ética: el deseo de solidaridad, ya que, como lo indica la moderna ciencia social la situación campesina se ha convertido en una patología que busca tratamiento.2

La razón última de esta situación estriba en que se ha ofertado a los campesinos todos los programas, menos el agua. Su relevancia tiene que ver con que, a excepción del Eje Cafetero (Caldas, Risaralda y Quindío) y otras microrregiones, en el resto del país aprovechable, el régimen de lluvias esta entre los 400 mm/año y los 850mm/año,  además, mal distribuidos a lo largo de las temporadas de lluvia. Se ha generado así, una simetría perfecta entre el déficit de agua que padecen los productores agrícolas de ladera y zonas cálidas planas y el déficit de racionalidad que tienen los programas gubernamentales. Parece que los jefes de la tecnología, se hicieran la misma pregunta que se hizo F. Nietzsche, “¿qué tiene que ver conmigo el sufrimiento de mis congéneres?”

Explicaciones olvidadas de la relación agua-planta-suelo

Refrescar que piensa la ciencia sobre los principios y presupuestos de la producción y la productividad  agrícola, es más urgente con el anticipo del ex ministro Antonio José Ocampo de que, “El sector agropecuario muestra en el último cuarto de siglo un comportamiento decepcionante de hecho uno de los más decepcionantes de América Latina. Su participación en el PIB ha colapsado…”3

Declaración que alerta a revertir la situación

Lawrence J. Henderson notable fisco-químico y fisiólogo publicó en 1913: “La aptitud física del medio ambiente”, cuya tesis principales: “el agua es responsable por las características de la vida y de la biosfera,” y constató que “el hecho central de la ciencia del suelo de que las relaciones físico-químicas de la materia en todos las áreas de la biosfera están mediadas por el agua”, de tal suerte, que los suelos desde la sabanas de Bolívar, a la cordillera de los Andes, o los desiertos de Gobi, o La Tatacoa, “están determinados por la cantidad y disponibilidad de agua que poseen” y esta es la condición de vida de las plantas. Poros e intersticios de la tierra son depósitos de agua –humedad relativa- que permiten la vida de macro y microorganismos encargados de transportar alimentos a la planta y otra cantidad de procesos. Una definición del suelo aproximada como “una matriz de arena-limo-arcilla, que contiene vida (biomasa) y muerte (necromasa) materia orgánica con cantidades variables de gases y líquidos dentro de la matriz.”4

La importancia del agua para el crecimiento de las plantas fue reconocida por los agricultores prehistóricos. Sistemas de riego existían en Egipto, Babilonia (actual Irak) y China, también, los primeros conquistadores españoles en llegar a América encontraron sistemas de riego muy extendidos desde México hasta Suramérica. En Colombia gracias a las investigaciones el geógrafo estadounidense James Parsons hizo el descubrimiento de la civilización hidráulica de la cultura Zenú: “La depresión momposina…estuvo densamente poblada en tiempos prehispánicos por los zenúes y sus antecesores, quienes construyeron una intrincada red de canales artificiales, hace más de dos mil años, en una extensión de más de 500.000 hectáreas de tierras cenagosas, desde Tierra Santa en el sur, hasta la desembocadura del San Jorge en el brazo de Loba del Magdalena (al norte), y, desde el límite de las sabanas al occidente, hasta el río Cauca…La población se estableció sobre plataformas artificiales alineadas sobre las márgenes de las vías acuáticas. Camellones de 30 a 70 metros de largo, conformaban un sistema irregular, eficaz para controlar el agua en grandes extensiones. Frenaban el agua aumentando el depósito de sedimentos en las zanjas y mantenían una reserva de humedad para el verano. Con fotografías aéreas, se pudo descubrir el curso de antiguos caños y sus constantes fluctuaciones, los canales asociados a ellos y sus funciones y localizar los sitios arqueológicos en sus márgenes, para estudiar el sistema hidráulico y el patrón de asentamiento en su contexto ambiental.”5

En la moderna Colombia, el primer sistema de riego en grande escala construido por la United Fruit Company en la región bananera del Magdalena a partir de 1907. Lo precedió el canal Goenaga, contratado por el gobierno y productores nacionales de banano, en provecho de las oportunidades que ofrecía el mercado de banano en los Estados Unidos, terminado y ampliado por la UFCo.

Distrito de Riego de la Zona Bananera / United Fruit Company y particulares
(Resumen de: INCORA (1967)
Desarrollo Agropecuario del Proyecto Magdalena No. 4, pp.64-66)

Rio fuente

Canal

Longitud Metros

Caudal Litros / seg.

Área beneficio (Has.)

Fundación

Corralito
Las Flores
Z. Saade
San Pedro
Ají
La Sombra

14.000
11.000
n.d.
n.d.
n.d
n.d.

2.586
2.100
300
1.800
2.240
n.d.

2.500
1.500
n.d.
3.500
n.d.
n.d.

Aracataca

Buenavista
Macaraquilla
Bremen
Tolima
San Antonio
Jerusalén

8.000
n.d.
13.500
12.666
n.d.
n.d.

1.200
800
1.200
1.500
412
427

1.000
640
1.208
2.000
500
1.000

Tucurinca

Tucurinca viejo
Tucurinca nuevo
Roncador

9.000
17.000
12.000

650
4.750
675

1.200
3.500
1.200

Sevilla

El cincuenta
Florida
Macondo
Abarca

2.000
17.000
6.000
4.000

160
5.900
2.480
675

300
4.000
1.200
300

Latal

Morán
Unión

2.800
4.000

50
50

70
60

Orihueca

Victoria
Noguera
Cañabobal

3.500
3.000
3.800

361
250
200

300
200
150

Riofrío

Manantial
Elías
Goenaga
Tablazo
Lucía
Varelas
San Francisco

11.000
6.600
n.d.
5.200
6.500
2.000
1.500

600
478
2.687
275
200
372
75

350
400
3.000
400
250
200
75

Córdoba

Castañeda
Papare
Córdoba

2.800
4.000
4000

70
200
1515

70
180
1.000

TOTALES

 

186.000

94.000

34.800

Edición N° 00428 – Semana del 5 al 11 de Diciembre – 2014

1 López, Alejandro (1975) “Problemas colombianos”, Textos escogidos, Bogotá, ICC, págs. 65 y ss.

2Honneth, Axel (2009) Crítica del agravio moral. Patologías de la sociedad contemporánea, Buenos Aires, FCE.

3 Ocampo, José Antonio, Jefe de Misión (2014) “SALDAR LA DEUDA HISTORICA CON EL CAMPO. Marco conceptual de la Misión para la Transformación del Campo”, Bogotá, DNP / Prosperidad para todos, p.12. (mimeo)

4 Coleman, David / Crossley, D.A., Jr. (1996) Fundamentals of Soil Ecology, San Diego, Academic Press, p. 5.

5 Van der Hammen, Thomas /Plazas, C./Falchetti, A./ Botero, P. (1988) “Cambios ambientales y desarrollo cultural en el Bajo Río San Jorge”, Boletín Museo del Oro, No. 20.

 
 
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