Esperanzas de un abrazo

  Alonso Ojeda Awad
  Ex embajador de Colombia, director Programa Paz. Universidad Pedagógica Nacional
   
 

No logramos entender por qué hubo tanta inquina en un gesto que en otros contextos y en otras latitudes hubiese producido más bien una salva de aplausos, expresados en buenos y esperanzadores comentarios en la prensa hablada y escrita. Pero aquí no fue así. El abrazo ocurrido en la entrega del general Rubén Darío Alzate, entre éste y el curtido jefe guerrillero Pastor Alape, produjo una explosión de odio y deseos de venganza entre los sectores que se han caracterizado por ser enconados enemigos de la paz y la reconciliación entre los colombianos.

Entre los muchos comentarios que se expresaron en el twitter en ese momento, hubo alguno que manifestó: “Sí estábamos muy mal los colombianos anímica y psicológicamente, porque las actitudes y manifestaciones guerreristas señalan tal grado de odio y venganza que nos produce “dolor de patria”, ya que nos muestra en la comunidad internacional como una sociedad envenenada con el virus mortífero de la rabia”.

Y no era para menos. Tenemos la sensación que más bien en esta materia vamos “para atrás, como el cangrejo”. Recuerdo con mucha nitidez cuando fui testigo, con otros colombianos como el senador Horacio Serpa, la dirigente conservadora Nohemí Sanín y el ex contralor Carlos Ossa Escobar, entre otros, del histórico abrazo que se dieron en “Casa Verde“, lugar en plena selva donde se ubicaron los dirigentes de las Farc y los del gobierno de Belisario Betancur, en los diálogos de Paz de 1984, dos aguerridos comandantes, cada uno desde sus orillas ideológicas, quienes por muchos años se buscaron “por montes y cañadas” para matarse al precio que fuera necesario. Me refiero al emblemático General del Ejército José Joaquín Matallana y a Manuel Marulanda Vélez, conocido como “Tirofijo”. En ese tiempo, la reacción al abrazo fue muy positiva, se mostraba cómo la sociedad colombiana quería y anhelaba la Paz. Hoy en día, duele decirlo, los ánimos están muy caldeados y gestos de esta naturaleza, que tanto bien nos hacen, lo interpretan algunos como contraproducentes.

Pero hoy, en medio de esta ambigua situación en el avance de los diálogos de La Habana, bien vale la pena rescatar como un símbolo fraternal, el inmenso valor del abrazo que se dieron en medio de la selva del Chocó estos dos curtidos combatientes. Debemos enseñar a nuestro niños y jóvenes que aun en medio del conflicto y las dificultades, surgen luces de humanidad y esperanza entre los guerreros, necesarias para nuestra sociedad, agobiada por más de cincuenta años de lucha frontal y fratricida.

El sueño es ver más abrazos entre los combatientes de fuerzas enfrentadas políticas e ideológicamente y, en coherencia, los medios de comunicación cumpliendo con su responsabilidad de enseñar, difundir y publicitar, trasmitan el sentido del abrazo como gesto de buena voluntad, solidaridad, compasión por la contraparte, que en medio del conflicto disponen sus mentes y corazones para construir los acuerdos que concretan el camino de la paz entre los colombianos. Ya es la hora de que los combatientes muestren sus rasgos más humanos, expresión de que se está desescalando el conflicto, forma de contrarrestar los hábitos que en nuestra cultura se han instaurado por años de confrontación despiadada, sin pararse a entender la visión y las razones del contradictor, así como el respeto por la divergencia, y en su lugar, encontrar que en ambas posiciones, por enfrentadas que estén, siempre hay intereses en común que se pueden trabajar y encontrar en un ambiente humano y solidario expresado en gestos fraternales, que van desde una mirada comprensiva, una palabra clara sin agendas ocultas y un gesto compasivo como un apretón de manos y/o un abrazo.

Que hermoso gesto sería para la sociedad colombiana que en estas navidades se unieran las dos organizaciones insurreccionales FARC y ELN y en un comunicado conjunto le brindaran a su pueblo un Cese Unilateral de fuego, como compromiso inalienable de su profunda vocación de Paz. Un gesto de esta dimensión humanística refrendaría ante el país y la comprometida comunidad internacional la decisión de avanzar hacia la Paz, cualesquiera que sean los inconvenientes que haya que superar.

El pueblo colombiano ante un gesto que ennoblece, continuará su camino de agradecimientos a quienes en medio de múltiples contradicciones han sido capaces de dar pasos sólidos y concretos en la preparación de la firma definitiva de documentos que pongan fin a la guerra. Nosotros aportaremos desde la Universidad Pedagógica Nacional, nuestras mejores esperanzas y esfuerzos para hacer realidad este sueño centenario de nuestra sociedad.

NOTA. Aprovecho la oportunidad para desear a todos mis amigos y lectores una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo, donde las esperanzas de Paz se hagan realidad.

Edición N° 00429 – Semana del 12 al 18 de Diciembre – 2014
 
 
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