“¿A quién diablos se le ocurre que a la Policía la dirigirá un guerrillero?”…Solo se les ocurre a los demonios

  Alberto Anaya Arrieta
  Economista y Mg en Teología
   
 

Con ocasión de los diálogos con la insurgencia de las FARC-EP en La Habana, el gobierno colombiano ha tenido un apoyo internacional unánime. Más enérgico ha sido el respaldo de aquellos países que han sufrido guerras mundiales, como los del continente europeo. Claro, los habitantes de Europa conocen lo que es un conflicto bélico y sus consecuencias; han oído y sentido el estruendo de las bombas y el desastre que producen; han oído y sentido las ráfagas de los fusiles y el vuelo de los aviones de combate sobrevolando y descargando muerte, en cada bomba lanzada sobre sus campos y ciudades; aún vive en las mentes y en las cicatrices dejadas en sus cuerpos, el recuerdo y los hechos dolorosos de aquellos tiempos. Es por esto que no vacilan en apoyar las decisiones del gobierno colombiano en la búsqueda de construir caminos de entendimiento, para lograr el cese definitivo del fuego de la insurgencia y el sometimiento de esta a las reglas que brinda la democracia en Colombia. En ese sentido, el gobierno nacional viene adelantado también conversaciones con los rebeldes del Ejército de Liberación Nacional ELN y próximamente tendremos, oficialmente instalada, la mesa de diálogos con los “elenos”.

En otros hemisferios, esta solidaridad también se ha hecho sentir. El apoyo y el entusiasmo por un cese del fuego guerrillero han estado de manifiesto en las declaraciones de los gobiernos de EE.UU y de los países Latinoamericanos, así como de países de África y Asia. Todos anhelan que los colombianos y colombianas superemos un conflicto interno que lleva más de cincuenta años. A estos se les suma, obviamente, los organismos multilaterales de carácter regional y mundial. ¡Podemos afirmar, que existe un deseo global de paz para Colombia!

No obstante, caso contrario se viene presentando en el lugar donde suceden los acontecimientos. Veamos:

Quienes vienen enarbolando, con mayor fuerza y esperanza, las banderas de un cese definitivo de la guerra interna en Colombia, son en su mayoría campesinos, obreros, estudiantes, desplazados por la violencia y gentes del común, que han sentido la desgracia de perder sus bienes por causa del enfrentamiento bélico en sus territorios. Hombres y mujeres que han visto perder sus tierras, mejoras, y cultivos, porque fueron robadas o porque ellos fueron desplazados; hombres, mujeres y niños que han visto secuestrar o torturar, morir y desaparecer a sus familiares, amigos y vecinos.

Pese a lo anterior, existe otra realidad. Una realidad que no ve en los diálogos que adelanta el gobierno, una salida al conflicto interno armado. Este es un escenario identificado por una ética pública manejada desde distintos sectores políticos, económicos, sociales y de algunas instancias del Estado, que según sean las conveniencias se ha direccionado para beneficio propio. Según han venido comunicando investigadores, medios y columnistas de opinión, los gobiernos I y II del señor Álvaro Uribe buscaron y lograron acercamientos con las guerrillas colombianas, las mismas que hoy dialogan con el gobierno actual, para promover acuerdos y llegar a conversaciones que condujeran a un cese definitivo del fuego; diálogos tendientes a que los jefes y combatientes insurgentes se reincorporaran a la vida política del país, y de esta manera, es decir, a través de estos espacios que brinda la democracia colombiana, ganarse el apoyo de la ciudadanía en los procesos electorales. Hoy, el señor Uribe y los que hicieron parte de sus gobiernos, quieren afirmar lo contrario. Es decir, que ellos nunca promovieron acercamientos con las guerrillas de las FARC-EP ni con el ELN. Esa mentira nadie se las cree. Manejan una ética pública de caucho, maleable para estirarla hasta donde su perversión pueda.

De la misma manera, los correligionarios del uribismo, aquellos que vienen adelantando una política para desacreditar el proceso de diálogo, hoy vociferan nuevamente mentiras, generando confusión en la ciudadanía. Es claro que la propuesta de una gendarmería rural posconflicto, no fue iniciativa del gobierno colombiano, ni ha sido considerada en la mesa de La Habana, como lo advierten los voceros del gobierno y de la insurgencia. Frente a la sugerencia del presidente de Francia, François Hollande al mandatario colombiano, y para salirle al paso, a las últimas inexactitudes de los intereses extremistas, que no desean que Colombia conquiste la tan anhelada esperanza, el presidente Santos evidenció su posición, respondiendo a los enemigos del proceso, cuando expresó: “a quién diablos se le ocurre que a la policía la dirigirá un guerrillero”.

No obstante tener vientos globales, regionales y locales a favor de una salida negociada al conflicto interno, que vivimos por más de 50 años los colombianos y colombianas, también, es importante señalar que no podemos cerrar los ojos, mirar para otro lado o enterrar la cabeza en la arena y rehuirle a la realidad. Es cierto, las evidencias de los medios, investigadores, académicos, columnistas de opinión y fuentes gubernamentales, vienen diciendo que hay un frente organizado y robusto que se está atravesando a los esfuerzos del presidente Santos, encaminados a silenciar los fusiles y a avanzar en la construcción de una Colombia distinta.

Frente a las declaraciones que hacen los demonios, quienes plantean que los guerrilleros llegarán a dirigir la fuerza pública, es necesario levantar procesos que robustezcan los diálogos y el respaldo internacional. Es necesario difundir, en todos los medios locales, regionales y nacionales, la temática actualizada y los avances de La Habana, así como los acercamientos con el ELN. Es tan evidente, como peligrosa y delicada la conducta de estos demonios, extremistas y enemigos del proceso de diálogo, que se hace necesario actuar con tranquilidad, pero con la certeza y la esperanza de saber que estamos avanzando en favor de la reconciliación y de la construcción de un nuevo país. Hemos escalado lo más difícil, decirle a la insurgencia: no más guerra.

Edición N° 00432 – Semana del 30 de Enero al 5 de Febrero – 2015
 
 
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