8 de marzo, un día para continuar la reflexión hacia la actuación con decisión para eliminar todas las formas deviolencia contra las mujeres por ser mujeres

  Nilce Ariza Barbosa
  Magister en Estudios Políticos, Docente ESAP Boyacá
   
 

Como mujer y ciudadana no puedo aceptar la banalidad como se anuncia la fecha del ocho de marzo: “Día de la mujer”. Hemos aprendido, en el contexto de la vida cotidiana y del ejercicio de la docencia e investigación en Sociología y la Ciencia Política -Pedagogía de los Derechos Humanos–, que “el lenguaje  es poder”.

La simple y reducida expresión “día de la mujer”, ha convertido esta fecha en espacios donde la mayoría de medios de comunicación, personas e instituciones públicas y privadas, “celebran” -con sentido folklórico–, ofreciendo una flor, fiestas, invitaciones a comer y hasta con expresiones de cliché… ¡felicitaciones hoy es tu día! Pues, no puedo contener mi grito de indignación y de rechazo a este tipo de reduccionismos que con tanto facilismo expresan los medios de comunicación.

Millones de mujeres y hombres con sentido estético (sensibilidad), ético, de libertad, dignidad, solidaridad y amor por la vida en condiciones de justicia con equidad, sabemos que cada día de nuestras vidas privadas y públicas debemos trabajar por eliminar todas las formas de violencia contra cualquier ser humano –y no humano–, esencial para vivir en armonía y –como reza la Declaración Universal de los Derechos Humanos, (DUDH)–, Artículo 1º: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y dotados como están de razón y conciencia deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

Este artículo seguido de los 30 artículos que constituyen la DUDH han inspirado e iluminado las innumerables luchas para transformar el Derecho y la Cultura en pro de abolir todas las formas de violencia, en especial todas las formas de violencia que persisten contra las mujeres por ser mujeres.

El 8 de marzo no es un espacio para recibir y expresar palabras o dar cosas que disfrazan la realidad de los millones de mujeres adultas, jóvenes y niñas, quienes viven en condiciones de violencia (analfabetismo, violencia intrafamiliar, pobreza, desempleo, esclavitud laboral y sexual, inequidad salarial, persecución política, dominación ideológica, religiosa, acoso…, etc.) tanto en el contexto familiar, comunitario y geográfico más cercano, como en el contexto de la Nación y las hermanas naciones del mundo.

Más de treinta años de experiencia académica, trabajo social, voluntariado social y haber vivido en diferentes contextos culturales del país y en el exterior, me permiten afirmar que la lucha y arduo trabajo por aprender, vivir, promover y defender los Derechos Humanos de todas y todos, se constituye en un deber ético y responsabilidad de todos y, por el tiempo que nos quede de vida; y, en especial, de quienes hemos logrado comprender la esencia de la vida con dignidad, libertad, igualdad y fraternidad.

En Colombia, el conocimiento y respeto por los Derechos Humanos aún es muy pobre. La violencia contra las mujeres hace parte de arraigados y complejos patrones culturales que se transmiten de una generación a otra. Miles de hombres de todas las condiciones sociales, económicas, políticas, culturales y étnicas están convencidos que las “mujeres por derecho natural” son inferiores a los hombres, y este sentimiento incluye la convicción de vivir bajo prejuicios como el machismo, la homofobia y la misoginia.

Obviamente cada uno de estos prejuicios se comportan de manera diferente y se caracterizan de acuerdo al nivel de poder, formación académica, roles sociales y familiares; y a este comportamiento le corresponden las miles de mujeres que, en razón a la educación recibida y heredada de abuelas, madres y padres, se consideran inferiores (pobre autoestima y desconocen sus Derechos) y, aún más grave, se consideran afortunadas de haber sido elegidas por un hombre que supuestamente las protegerá y cuidará aceptando en medio de su vida doméstica y de trabajadora la violencia como algo “normal”.

Para ilustrar lo antes expresado, comparto con los lectores una pequeña parte de la experiencia que como docente en Derechos Humanos registro con cada grupo, en un sector de Boyacá. Tal vez, estos registros contribuyan a la reflexión sobre los múltiples y complejos comportamientos sociales generadores de violencia, que en mi sentir, está en la violencia intrafamiliar y cuyas mayores víctimas son niñas, niños y mujeres. Múltiples delitos que en su mayoría quedan en la impunidad.

Lo confirman las expresiones recurrentes de las mujeres que participan en los cursos de programas de extensión universitaria y de cursos de pregrado en Derechos Humanos, que tengo la fortuna de orientar: “me cela porque me ama”, “es el padre de mis hijos”, “él trae el sustento de la casa”, “él es una figura pública e importante,  debo aguantar para evitar el qué dirán”, “le temo a la soledad”, “no importa lo que tenga que aguantar a hora con tal de no vivir una vejez en soledad”, “sé que él es un mujeriego pero la Sra. Soy yo”, “cuando me case el cura nos dijo: Dios es hombre, el hombre manda en la casa y mi mamá, en voz baje, me repetía obedezca mija y haga todo lo que él la pida”, “el pastor de mi iglesia dice que las mueres debemos parir hasta morir”, “el sacerdote le dijo a mi marido que no debía planificar porque corría el riesgo de que la mujer le fuera infiel, embarazada la puede controlar”, “cuando me decidí a ir a la Comisaría de familia y lo denuncie por maltrato me suplico y lloro para que retirara la demanda, que no lo volvía a hacer… yo le creí, retire la demanda… y esa noche me violó y me pego”, “fui a la comisaría de familia con los golpes en la cara, la Comisaria me dijo “… y, ahora que hizo?”, etc.

En otro contexto de educación superior, en un programa de Derechos Humanos que se desarrolla los fines de semana, durante 2014 y 2015 trabaje con 120 estudiantes de los cuales 70 son mujeres en edades entre 18 a 58 años. De estas 70 mujeres, 32 manifestaron: “mi papá siempre dijo que las mujeres no necesitan estudiar, se consiguen un marido para que las mantenga”, “me fui de la casa para poder estudiar”, “para poder estar aquí estudiando, tengo que pagar a mi vecina para que me cuide los niños, mi marido no se hace cargo y dice que los niños no son su problema, quién la mandó ponerse a estudiar”, “me tuve que separar, ya no aguantaba más sus maltratos, pero con la ayuda de Dios sacaré a mis hijos adelante”, “puse demanda por alimentos, pero eso no sirvió de nada”, “él de malgenio y grosero, hay días que a regañadientes cuida los niños para que yo pueda estudiar, pero tengo la esperanza de que algún día va a cambiar, mientras… aguantar mientras termino la carrera”, “para poder estudiar y hacer los trabajos, llego de trabajar preparo la cena, acuesto los niños y dejo listo lo del día siguiente y estudio de 10 de la noche hasta las 12 y me levanto a las 5:00 de la mañana”, etc.

Para concluir, solo tendría que agregar, por la concreción que exige esta comunicación, que como mujer, ciudadana y maestra por vocación y convicción: 1. La paz no solo se logrará con los acuerdos de paz con los grupos armados, eso es tan solo un pequeño paso. La tarea más compleja y urgente que se debe realizar es transformar y mejorar la calidad de la educación, teniendo en cuenta una rigurosa formación humanista, con base en los valores de autonomía, libertad, fraternidad, solidaridad en respeto por la vida para la prevención de todas las formas de violencia.

Se debe empezar por reeducar a maestras y maestros y a madres y padres, quienes desde el preescolar hasta la universidad. Si hay voluntad política se podrá lograr. Esta es la esperanza. 2. Mi infinita gratitud a las miles de mujeres que en cada rincón de Colombia luchan y dan su vida por la promoción y defensa de Derechos Humanos y, además luchan contra la impunidad. 3. No basta con que tengamos la arquitectura de cuerpo de mujer: Las mujeres demostramos ser mujeres porque amamos la vida con dignidad, libertad, igualdad, justicia, belleza y fraternidad; por tanto, bajo ninguna circunstancia no nos aliamos a los tiranos, sean hombres o mujeres.

Edición 437 – Semana del 6 al 12 de marzo de 2015
 
 
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