Desconcierto sin formato, para un mundo en construcción

  Sandra Campos1
   
 

En medio del estado de crisis y confusión que vivimos en nuestra época, hay un tema sobre el cual se ha venido construyendo un buen nivel de consenso por una parte importante de Seres Humanos: queremos avanzar hacia un escenario diferente a este en el cual nos encontramos. Es verdad que, a primera vista, esto puede sonar demasiado simple, pero a nivel planetario y humano es un asunto complejo de abordar y desarrollar. No obstante, entre todos iremos poco a poco vislumbrando el camino para evolucionar como especie humana hacia una convivencia planetaria diferente a la que desde la modernidad y hasta ahora ha sido la dominante.

Desde mi perspectiva, se me ocurre que, como mínimo, para comenzar debemos tener tres ideas claras:

I.

La primera es que del cielo no caerán por sí solas las soluciones milagrosas sin más. Evidentemente, hay soluciones y la mayoría de ellas las tenemos nosotros justamente en nuestras manos, hace falta que tomemos conciencia de esto y trabajemos por hacerlas realidad.

Relata un popular cuento oriental que una vez un maestro iba caminando con su discípulo por el desierto, al llegar la noche armaron las carpas y el maestro le dijo que atara los camellos antes de irse a dormir, pero el discípulo que estaba muy cansado, dejó los camellos sin atar y se fue a dormir. Al día siguiente cuando fueron a ver, los camellos se habían escapado. El maestro inquirió a su discípulo si había atado a los camellos como se lo había pedido y el discípulo le respondió que no, entonces el maestro le pregunto: ‘¿Y por qué no lo hiciste?’. A lo cual el discípulo le respondió: ‘¡Porque estaba muy cansado, así que lo dejé en las manos de Dios y me fui a dormir!’ El maestro lo miró compasivamente y le dijo: ‘Hoy has tenido un gran aprendizaje: Dios necesita de las manos de los hombres para poder hacer sus obras’.

Moraleja: si queremos que las cosas cambien, cada uno de nosotros tiene que cambiarlas y para ello tiene que cambiar su “chip” interior. Con esto estamos hablando de realizar en su mentalidad un cambio profundo, en sus valores, en sus referentes, en su manera de ver e interpretar la vida, ser consciente de lo que está pasando en su interior y a su alrededor, de lo que está haciendo, de lo que está pensando… –en otras palabras–: despertar su consciencia y no seguir adormecido en lo que a veces creemos que es una realidad inmodificable. Por tanto, ¡“manos a la obra”!

Es importante ‘parar’ un poco y ‘salir’ de nuestro ajetreo diario, aunque sea inicialmente por pequeños momentos, con el fin de procurar un espacio para nosotros y nosotras, desde el cual podamos observar, reflexionar, plantearnos nuevos diálogos interiores… En últimas, estar con nosotros mismos. Obviamente, es preciso tener presente la necesidad de cambiar el enfoque del diálogo interior, en lugar de pensar reiterativamente y en líneas pesimista lo mal que están las cosas, el mundo, la crisis, la guerra … más bien preguntarnos ¿qué podemos hacer ahora mismo para cambiar las cosas dentro y fuera de nosotros?

En la medida en que reflexionemos desde otras perspectivas, consecuentemente nos plantearemos nuevas preguntas y obtendremos nuevas respuestas, propuestas y posibilidades, sin duda novedosas y creativas… Los milagros están en nuestras manos, para que se realicen. Tenemos que trabajar de manera que hagamos que sucedan, en otras palabras: únicamente nosotros hacemos posible que los cambios se hagan realidad.

II

En segunda instancia, debemos tener claro que no hay un manual infalible que nos dictamine los pasos que debemos dar en cada momento para cambiar la realidad que estamos viviendo. Sabemos perfectamente que no existe tal prontuario detallado y definitivo que nos lleve a pie juntillas en la dirección adecuada, que nos permita llevar a cabo los cambios necesarios en cada caso. Sin embargo, esto no es razón para cruzarse de brazos ni mucho menos desanimarse, pues contamos con suficientes escritos, obras, pensamientos, conferencias, etc., a través de los cuales numerosas personas nos comparten sus experiencias de cómo lo han vivido y cómo lo han hecho.

Todo esto está muy bien que lo tengamos en cuenta como referentes de las acciones que podemos o debemos emprender, pero sólo cada uno de nosotros puede avanzar por su senda, la cual inicia su recorrido en su propio interior y continúa reflejándose en el mundo que le rodea, en el encuentro con los ‘otros’.

En resumen, no hay decálogo para el cambio. La única brújula que tenemos para avanzar por el camino de los cambios es nuestro centro interior, nuestra consciencia, desde allí es desde donde hemos de ir determinando cada una de nuestras acciones, y esto significa, nada más y nada menos, que estamos ‘obligados’ a desarrollar nuestro potencial creativo a cada instante, con cada paso.

III

Así mismo, debemos tener presente y sin lugar a dudas que no vendrá ningún gurú iluminado ni líder carismático a darnos la fórmula indefectible y llevarnos de la mano hacia el paraíso perdido, indicándonos todos y cada uno de los parámetros a seguir. ¡Ya nos gustaría que existieran! Solemos creer en este tipo de personajes porque nos resulta muy cómodo que “otros” piensen, opinen, valoren y decidan por nosotros, olvidando alegre e irresponsablemente que cuando permitimos semejante aberración, en realidad estamos negando y renunciando a una de nuestras más preciadas cualidades, les traspasamos nuestras responsabilidades y depositamos en sus manos el poder de decidir sobre nuestras vidas.

Esta experiencia de vida que nos caracteriza como Seres Humanos es una, única e irrepetible, el mayor tesoro en nuestro haber, entonces ¿por qué razón se la legamos a otros? ¿En virtud de qué permitimos que otros decidan nuestra vida e incluso la vivan según su punto de vista, su criterio y, sobre todo, sus intereses?

En estos momentos de cambio, debemos asumir con determinación la responsabilidad de nuestras vidas... ser el cochero que lleva las riendas de nuestro carruaje. No podemos seguir eludiendo la responsabilidad que implica nuestra existencia, porque sólo en la medida en que asumamos nuestra consciencia, nuestras capacidades constructivas y las consecuencias de nuestros actos, conseguiremos retomar el poder de decidir y hacer las cosas de una manera diferente. Entonces podremos practicar nuestro libre albedrío e ir decidiendo, y este ejercicio consciente es lo que nos permite ser cada vez más libres, cada vez más cada uno de nosotros, cada vez más “nosotros”.

No entreguemos más nuestro poder a otros, ni a los gurús, ni a las ideologías, ni a la publicidad, ni al consumo… dialoguemos con todos ellos, intercambiemos opiniones, reflexionemos en profundidad, y decidamos cada uno de nosotros qué queremos o no, desde una actitud crítica y ética orientada por valores como: el respeto, la tolerancia, la solidaridad, la responsabilidad, la fraternidad, la compasión...

¿Y qué es una actitud crítica? Sencillo, es tener nuestro propio criterio desde el cual valoramos las cosas, es decir, saber la razón por la cual pensamos o decidimos esto o aquello, saber por qué lo hacemos o no lo hacemos… es el único camino para salir del automatismo en el cual vivimos obnubilados. Mirando agudamente a nuestro alrededor, nos percataremos de que la mayoría de personas y circunstancias deciden en nuestra vida más que nosotros. Por ejemplo, la publicidad te dice qué debes tener, qué y cómo debes ser; las ideologías y las religiones te ordenan lo que debes pensar y cómo debes pensar; las presiones de grupo cómo debes estar, dónde debes vivir, cómo debes vestir, a quién debes amar…

Si nos detenemos a pensarlo un poco, debemos enfrentar la realidad de que contamos con una perspectiva de vida que al final tampoco es que sea muy larga, como máximo entre 70 y 90 años, en los mejores casos. Entonces, ¿cómo es que nos empeñamos en que otros vivan nuestras vidas por nosotros?

Probablemente no parezca agradable lo expuesto atrás; porque, evidentemente, nos saca de la zona de comodidad –y de inercia!– en la que pretendemos justificarnos ante nuestra irresponsabilidad, pero justamente esto es lo que hay que comenzar a hacer ahora mismo, salir un poco de nuestra burbuja y explorar a ver qué pasa… seguro no pasarán cosas terribles, pero quizás sea el comienzo de una manera diferente de observar, pensar y gestionar nuestras vidas.

Claro que las cosas se pueden transformar, que podemos cambiar a mejor nuestro entorno, y para hacerlo debemos tener una buena dosis de coraje y valentía. En alguna parte leí que valiente no era aquel que no sentía miedo –todos los seres humanos sentimos miedo–, sino aquel que a pesar de sentir miedo lograba mantener su equilibrio interior y avanzar. Para ello hace falta buscar dentro de nosotros mediante la reflexión, la imaginación, la ensoñación, la creación… y ponernos en marcha para desarrollar, dentro y fuera de nosotros, todos los procesos transformadores que se requieren, pero, comenzar a hacerlo ahora.

Digo “ahora” porque, como bien sabemos, el presente es lo único que existe, el pasado ya se fue, el futuro no ha llegado, lo único que hay es este “ahora integral”, esté presente en permanente construcción alimentado de las experiencias y aprendizajes del pasado y dinamizado por el futuro que soñamos e imaginamos.

El presente integral es el único tiempo verbal en el que se conjugan los otros tiempos y en el que realmente vivimos, en este presente, que se va modificando en cada momento porque siempre está en movimiento, en construcción, porque al igual que nosotros también está vivo. Así que, ¡ojo con lo que soñamos, deseamos e imaginamos!

Todos estos pequeños cambios, que algunos piensan que no sirven de mucho, se irán entreverando, entretejiendo y construyendo nuevos caminos para la Humanidad, en los cuales nos iremos encontrando con muchas otras personas que también están haciendo del cambio una realidad presente. ¡Ahí nos vemos!

1 Madre, abogada, politóloga, máster en gobierno de ciudad. Directora de www.imagocatalunya.org De la serie: “Reflexiones para madres y padres que están despertando”

Edición 437 – Semana del 6 al 12 de marzo de 2015
 
 
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