El Referendo Social por Bogotá

  Felipe Pineda Ruiz
  Publicista Politécnico Grancolombiano,
activista social y colaborador Fundación Democracia Hoy
   
 

La disputa por el segundo cargo más importante del país ha comenzado de manera anticipada. Las declaraciones de los diferentes sectores políticos y referentes de opinión han enrarecido el ambiente electoral más de la cuenta. Los pronunciamientos de diversos líderes como David Luna, Francisco Santos y Armando Benedetti, convergen en función de lo mismo: “salvar a la ciudad de las fauces corruptas y clientelistas de la izquierda”. La campaña ha arrancado con un objetivo común por parte de la derecha institucional (Unidad Nacional) y la derecha radical (Centro Democrático), derrotar a Clara López Obregón.

El Referendo Social por Bogotá y la legitimidad del gobierno de la ciudad

Vencer a la candidata del Polo Democrático Alternativo parece una excusa perfecta para recuperar la ciudad. Sin embargo, es solo la punta del iceberg. Detrás se oculta la obsesión del establecimiento por acabar con el enfoque social y participativo que ha tenido lugar en Bogotá durante la última década.

Destruir el tejido social que se ha construido, desarticular a todo lo que suene a alternativo y por encima de todo hacerse al botín del presupuesto distrital, para repartir en comunión la frugal mermelada capitalina, parece ser la razón de fondo de la Unidad Nacional.

Con tantos enemigos al tiempo y con base en las experiencias de los últimos años en la capital, la premisa de referendo social se hace casi obligatoria de cara a los comicios de octubre próximo. El referendo intenta, mediante el sufragio, que las mayorías sociales se traduzcan en mayorías políticas mediante una coalición de candidatos que decidan unirse para ganar, con más del 50% del total de los votos, planteando al electorado una audaz pregunta central: ¿está de acuerdo o no con seguir la senda social de los últimos 12 años en la capital?

La idea fundamental es la de consolidar algunos de los programas centrales y algunos de los ejes político-discursivos que han caracterizado a las últimas alcaldías: la Bogotá Sin Indiferencia, la Bogotá Positiva y la Bogotá Humana. En síntesis, el Referendo Social por Bogotá busca seguir poniendo en el centro del debate la impronta social y ciudadana que defiende lo público y lo común por encima de lo privado y excluyente.

En dicha coalición deben estar, por supuesto, los precandidatos a la alcaldía por Alianza Verde, Carlos Vicente de Roux y Antonio Sanguino, los postulantes progresistas María Mercedes Maldonado, Guillermo Alfonso Jaramillo y Hollman Morris así como Clara López, la candidata que lidera la intención de voto para los comicios de octubre próximo.

Las victorias de Lucho Garzón, con el 46% de votos, Samuel Moreno, con el 44%, y Gustavo Petro, con tan solo el 32%, demostraron que el no poseer la mayoría absoluta de los sufragios se convierte en una piedra en el zapato para asegurar legitimidad y gobernabilidad.

En el caso del alcalde Petro, su mayoría relativa se convirtió en el elemento principal para que sus detractores se encargaran, de diversas maneras, de deslegitimar su triunfo minando la confianza de la ciudadanía en su gestión. La derecha institucional y las diversas posturas de centro derecha no han dudado en señalar que el 68% de los electores no votaron por la propuesta de Petro, énfasis que ha tenido como intención principal desacreditar ante las mayorías al gobierno de la ciudad.

En el caso de Samuel Moreno, aquella mayoría relativa fue dilapidada por los escándalos de corrupción que el burgomaestre capitalino de esa época orquestó mayoritariamente junto a sectores de la Unidad Nacional, que cínicamente hoy alzan las banderas de la lucha contra el usufructo de los dineros públicos. El silencio de los sectores predominantes en el Polo Democrático terminó, en su momento, por frenar el ascenso del único partido ubicado en la oposición de izquierda al gobierno nacional.

El Pacto por Bogotá: el nuevo “disneyland político”

El referendo social no solo intenta revalidar en las urnas un proyecto común de ciudad incluyente sino que se convierte en el instrumento perfecto para derrotar el populismo de derecha, encarnado por Francisco Santos y al idílico “disneyland político”1 de la Unidad Nacional.

La propuesta reciente lanzada por el presidente de Cambio Radical Carlos Fernando Galán, denominada “pacto por Bogotá”, de la que también hacen parte David Luna y Enrique Peñalosa, avizora un panorama político en donde los denominados sectores de centro, de raigambre liberal, concertarían una candidatura única en donde Rafael Pardo tendría la ventaja inicial.

Bajo una candidatura con los mismos matices y vicios de la gestión del presidente Santos en el orden nacional, el “disneyland político” intenta que la ciudad no vote por un representante de las mayorías sino por un “advenedizo gerente” que traslade los dineros públicos a manos de los mismos que pelechan los contratos más pingües en el país.

Disfrazar a candidatos incapaces bajo el sofisma de “buenos administradores” no deja de ser demagógico amén de irresponsable. La disputa real del “disneyland político” es la “mermelada distrital”, 22 billones al año, parte de la cual está en las 12 familias que disfrutan de los recaudos de Transmilenio; la de los sectores plutocráticos que convirtieron la recolección de basuras de la ciudad en un botín personal; la de la puerta giratoria de contratistas que se turnan religiosamente la realización de obras civiles, la de los constructores voraces queriendo ampliar las fronteras de la ciudad en beneficio personal.

Para ciertos sectores, sobre todo provenientes de capas medias, el discurso del llamado “pacto por Bogotá” resulta al parecer convincente, por momentos esperanzador. Sin embargo, la historia de la ahora conocida como Unidad Nacional al mando de los destinos de la ciudad durante décadas, está salpicada de corrupción y nepotismo.

Como se resaltaba en artículo que escribí hace un par de años, referido específicamente a la experiencia de gobierno del destituido alcalde liberal Juan Martín Caicedo Ferrer (1990 - 1992): “La lista de concejales implicados en este carrusel de auxilios y obras a medias incluyó en su momento a un arsenal de vigentes y reconocidos políticos dados al arte del CVY, el MTC y la compra-venta de conciencias y votos entre los que se incluían a los todavía activos en política y que hacen parte de las moralistas huestes conservadoras Telésforo Pedraza y Omar Mejía Báez y a los retirados Ricaurte Lozada, Marta Luna, Dimas Rincón, Presidente del Concejo en el momento del escándalo, Flor Elba Cárdenas, Jaime Casabianca, Rafael Forero Fetecua (Uno de los históricos urbanizadores piratas de la capital, especializado en la venta de lotes baldíos con escrituras falsas a familias de escasos recursos), Guillermo Morales y Bernardo Ordóñez”2.

El referendo para rectificar los errores de los últimos 12 años en Bogotá y defender los logros alcanzados

A pesar de los múltiples aciertos de las alcaldías sociales en la capital, también es evidente que hubo errores en el alcance y la ejecución de decenas de proyectos.

Nada se avanzó en cambiar las modalidades de contratación tercerizada de los funcionarios públicos y mucho menos en ir adelante en temas como la construcción de nuevas avenidas; en la consolidación de un proyecto de vivienda ciudadana de más hondo calado; en lograr articular una propuesta eficiente de ciudad-región; en reducir los índices de victimización, relacionados con la seguridad en la capital; en dar un salto cualitativo en materia educativa y en frenar la prórroga de los contratos de las fases I y II para los mismos consorcios y con las mismas condiciones.

El referendo se convierte, por tanto, en el instante perfecto para rectificar y avanzar de cara al futuro en redimensionar los límites de la ciudad de derechos.

Ampliar el campo de las conquistas sociales solo es posible con un referendo ciudadano vinculante, colmado de democracia radical, encaminado a la construcción de un nuevo sujeto plural y un nuevo sujeto político que se alimente del imaginario de la defensa de lo público, de la cultura ciudadana, la defensa de los dineros públicos en clara articulación con un modelo de ciudad diverso, garante de la convivencia de decenas de nuevas ciudadanías que cohabitan en el suelo capitalino.

No es posible hablar de cultura ciudadana sin derechos ciudadanos fundamentales, no es democrático hablar de deberes sin derechos.

Los logros de las alcaldías alternativas en estos 12 años han sido muy significativos, entre los principales podemos mencionar los siguientes:

- La reducción sustancial en los índices de pobreza y desigualdad.

- El crecimiento en cobertura educativa y salud.

- El avance vertiginoso en asistencia alimentaria.

- El desarrollo de los derechos para indígenas, comunidades afro, mujeres, desplazados y minusválidos.

- La reducción drástica de los índices de homicidios por cada 100.000 habitantes.

- El subsidio de tarifas de transporte para personas de escasos recursos y tercera edad.

- La ciudad pensada para mitigar los efectos del cambio climático mediante una planeación urbana responsable.

- La reducción de la mortalidad en infantes menores de 5 años.

- La creación de un modelo de salud preventiva con buenos resultados.

- La inclusión de la población recicladora en el modelo de basuras.

- El mínimo vital de agua para estratos uno y dos.

- Los pasos dados en fortalecimiento del tejido social y participación.

- La adopción de un POT que redensifica la ciudad e impide la expansión de los bordes urbanos con lo que se protegen la zonas de reserva forestal en el corredor oriental de sur a norte.

El referendo para sentar las bases de una coalición alternativa con características diferentes

La inclusión y desmarginalización de amplios sectores sociales que otrora estuvieron confinados al ostracismo en rincones periféricos, merecen una reivindicación en las urnas que se convierta en el eje central de un proyecto verdaderamente alternativo que defienda a los seres humanos y su desarrollo por encima de todo.

El referendo es la oportunidad perfecta para situar la disputa entre las personas versus la ciudad de las moles de cemento; la defensa de lo público contrapuesta a lo público en función de los intereses privados; el referendo se convierte en un catalizador ciudadano que ratifica las conquistas sociales y el avance en derechos que la ciudad ha experimentado en la última década.

Estos 12 años de alcaldías de matiz alternativo, han estado marcadas por aciertos y desaciertos, siendo los primeros más significativos que los segundos. A manera de reflexión cabe señalar que, de manera transversal, ha sido claro que estas tres últimas administraciones han gobernado estrictamente bajo los marcos normativos existentes.

No ha existido ruptura, ni mucho menos construcción de un verdadero proyecto que involucre a las bases, no se ha creado un vínculo real entre gobierno de la ciudad y sectores populares que trascienda las dádivas clientelares que se convirtieron en nichos evidentes de corrupción.

Aunque hubo un avance considerable en “desguetificar” y en romper con la segregación imperante, el proyecto alternativo dedicó sus esfuerzos en prepararse para ganar las elecciones más que en gobernar con suficiencia.

Los últimos 12 años, en parte, no han sido utilizados para la construcción de un proyecto vinculante entre mayorías sociales y gobierno local. El caso reciente de Syriza en Grecia, nos da una referencia de lo importante que resulta de la promoción y defensa de un propósito y un discurso alternativo ligado a la movilización social. Esta es, además, una forma de legitimar en los espacios de lucha lo conseguido en las urnas.

Las transformaciones, en todos los rincones del planeta, requieren de una articulación social de base lo suficientemente apabullante para contraponerse a los poderes fácticos. El caso de la destitución por parte de la Procuraduría colombiana al alcalde Petro, demostró cuán importante resulta la movilización ciudadana para frenar acciones antidemocráticas que emergen del seno de la institucionalidad.

La tarea de construcción, de tejer y de lograr significantes comunes es una ardua labor que se construye en el día a día. Gobernar sin tener la respuesta a la pregunta ¿para qué el poder? no deja de convertir la lucha política en una absurda pantomima legitimadora del estado de las cosas.

En uno de sus libros recientes, titulado “Dos pasos adelante, uno atrás”, Isabel Rauber hace hincapié en la importancia de la movilización social como bisagra entre los procesos políticos y de base al señalar “El que la lucha por reivindicaciones sectoriales, intersectoriales, o sociales, vaya acompañada por una/s propuesta/s construída/s colectivamente por los protagonistas contribuye, por un lado, a la apropiación de los procesos de lucha por parte de las mayorías, es decir, a fortalecer los procesos de toma de consciencia colectiva, a construir el empoderamiento político-social necesario, y -por otro- a superar el estado circular reiterativo de oposición, al definir una posición propia sobre la cual crecer, protagonizar, construir, acumular”3.

El Referendo Social y el triunfo mayoritario del bloque social ciudadano debe convertirse en el instante perfecto para reconciliar a las bases y dirigentes que construyen el sentido común de lo alternativo. Avanzar en la desmarginalización y en los derechos ciudadanos es un imperativo.

El Referendo Social por Bogotá es tan solo el paso inicial para seguir con el proceso de cambio en la ciudad. El paso dos es la iniciativa ciudadana, propositiva y amplia.

En reciente artículo, el escritor y politólogo colombiano Horacio Duque aporta insumos programáticos interesantes sintetizados en una Plataforma de Derechos Ciudadanos, que reivindica la igualdad tanto política como jurídica de quienes habitan en la urbe. Esta plataforma intenta poner en el centro del debate la importancia de las políticas públicas como artífices de los derechos que en teoría son considerados legítimos. Defendiendo la razón de ser y la vigencia de una plataforma ciudadana en el contexto de la Bogotá de hoy en día, Duque enfatiza: “La legitimización de las demandas locales y la síntesis entre valores universalistas y prácticas políticas territoriales requiere la formulación de derechos que permitan desarrollar un combate democrático por la justicia en la ciudad en la contienda electoral que ya cobra forma y culminará en octubre del año en curso”4. El balón está en el campo alternativo, ¡manos a la obra!

Twitter: @pineda0ruiz

Edición 438 – Semana del 13 al 19 de marzo de 2015

1 Caracterización utilizada por el excandidato presidencial del Frente de Izquierda de Francia Jean-Luc Mélenchon, para referirse al centrismo político de su país, que considera el statu quo como lo deseable en el juego democrático.

2 Pineda Ruiz, Felipe. El otro cartel de la contratación. Democracia en la Red, mayo 27 de 2013. Fuente: http://alturl.com/hjfao

3 Rauber, Isabel (2010), Dos pasos adelante, uno atrás, Vadell Editorial, Caracas, p. 160

4 Duque Giraldo, Horacio. Bogotanos debemos demandar como ciudadanos ampliación de derechos urbanos. Portal Desde Abajo, febrero 14 de 2015. Fuente: http://alturl.com/htwzn

 
 
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