En defensa de la corte constitucional

  Antonio Madariaga Reales
  Director Ejecutivo Corporación Viva la Ciudadanía
   
 

Desde su nacimiento con la Constitución de 1991, en Viva la Ciudadanía hemos considerado y dicho que junto con la Acción de Tutela, ligada a ella pero no solamente a ella, la Corte Constitucional es uno de los grandes avances de esa Constitución. Si la Constitución de 1991 esta imbuida de un profundo espíritu garantista en lo referente a los derechos, en términos generales la Corte Constitucional ha extendido y radicalizado ese espíritu garantista, y aun ha ido más lejos en su consideración de las características del Estado de Derecho.

Pero no de cualquier Estado de Derecho, sino de un Estado Democrático de Derecho. Como no recordar las extraordinarias sentencias de Tutela del fallecido magistrado Ciro Angarita sobre el libre desarrollo de la personalidad. O la extraordinaria sentencia T-025 que representó la oportunidad de visibilizar desde la perspectiva constitucional, mucho antes de la ley 1448, la tragedia humanitaria del desplazamiento forzado y con la novedosa figura del Estado de Cosas Inconstitucional, y de los Autos de Seguimiento poner obligaciones a un ejecutivo timorato y mentiroso en lo que tiene que ver con los derechos de las víctimas, en los tiempos del innombrable y del ahora invisible “asesor espiritual”.

Hemos discrepado de decisiones de la Corte, por ejemplo, creemos que se equivocó profundamente cuando declaró la constitucionalidad de la primera reelección del innombrable, fuente primaria de la crisis a la que hoy se ve sometida por cuenta de la capacidad nominativa del gobierno de los “tres huevitos”. Recordemos que de ese gobierno proviene Jorge Pretelt.

Reaccionó, desafortunadamente tarde, cuando ya se había producido un enorme daño a la arquitectura de la institucionalidad diseñada en 1991, evitándonos la segunda reelección y con ella la imposición del estado de opinión.

La consideramos timorata para no ir muy lejos en sus pronunciamientos recientes sobre los derechos de la población homosexual, en lo referente a la adopción y al matrimonio igualitario aun reconociendo que ninguna rama del poder a nivel central ha ido tan lejos como la Corte Constitucional en la defensa de los derechos de la población LGBTI.

Aunque aplaudimos su pronunciamiento sobre el fuero penal militar, lamentamos que no hubiera sido un pronunciamiento de fondo y así podríamos seguir citando sus sentencias que han posibilitado mayor democracia en los establecimientos escolares o en otras ocasiones su defensa del estado laico.

Lo anterior para decir que, en su conjunto, la Corte Constitucional ha sido de una gran valía para la democracia y la jurisprudencia colombiana.

El equivocado diseño que comprometió a las Cortes con funciones electorales, por sí solo no es el responsable de este bochornoso presente. Estas funciones las tuvieron Cortes admirables. Por ejemplo nadie se puede ni siquiera imaginar al magistrado Carlos Gaviria haciendo lobbying en el Congreso o definiendo su magistratura como una actividad marginal a un carácter de ganadero o terrateniente que no tiene ni podría tener.

Entonces en el fondo de esta crisis lo que esta es la repetición de la ambición desmedida, la perversión de la política y las consecuencias de la reforma al “articulito” como expresión de la perversa obsesión del innombrable con el poder.

Corresponde a la sociedad colombiana que tanto se ha beneficiado de las acciones y sentencias de la corte, defenderla como patrimonio de la democracia, presionando simultáneamente para eliminar de su seno la contaminación producida por la politiquería y el dinero. Con ello se compromete Viva la ciudadanía.

Edición 439 – Semana del 20 al 26 de marzo de 2015
 
 
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