Informarse y construir una opinión propia,
también es un aporte a la paz

 
  Jharry Martínez Restrepo
  Viva La Ciudadanía, Regional Antioquia
 
   
 

Este fin de semana se presentaron los resultados de La Gran Encuesta Colombia Opina, en donde existen por lo menos dos datos que encendieron las alarmas mediáticas: La imagen del presidente Santos, que bajó escandalosamente hasta un 68% de desfavorabilidad; y la desconfianza por la firma de paz y la desmovilización de las Farc, donde el nivel de pesimismo aumentó en 16 puntos siendo ahora del 69%1.

Sin embargo, el dato que se esconde tras el escándalo es aquel que muestra a Colombia sumergida en una profunda manipulación mediática, en una crisis de opinión. No como un problema coyuntural o la mala interpretación de un escándalo transitorio; no, la crisis de opinión es más profunda, más estructural; está basada en una premisa tan sencilla como perversa: “hacer que la gente piense lo que se quiere que piense”, la cual está soportada en la ignorancia, y en el oportunismo de los medios de comunicación.

Por ignorancia entiendo no aquella limitada acepción peyorativa que pone en entredicho las habilidades cognitivas o las particularidades culturales, sino algo más amplio, más complejo, más político si se quiere: la noción fundamental de que la ignorancia es el resultado de una falta de información veraz y oportuna;  de qué el común de los ciudadanos debe tener acceso a la información para poder hacerse una idea sobre aquello que le afecta. De allí que un buen nivel para observar qué tanta democracia tiene un país (como lo expresara Norberto Bobbio en su definición de democracia) es medir la capacidad de la población para acceder a información, primero suficiente y segundo verídica.

Sobre el oportunismo de los medios de comunicación, es posible identificar una cierta virtud defendida en muchos salones de clases de las facultades de periodismo y comunicación, como la habilidad a desarrollar por los profesionales de la información en torno a la identificación de la noticia, el cubrimiento de la misma y su respectiva pertinencia. Sin embargo la otra cara de esta característica es el oportunismo en términos del potencial de manipulación que se esconde detrás de una foto, un reportaje, un encabezado, etc.

Lo que no se divulga con tanta fuerza en los medios de comunicación y solo aparece en letras pequeñísimas y a velocidades que no permiten la lectura, es que esta encuesta se realizó en 13 municipios de los 1.123 que posee el país y con una representatividad del 67% de población adulta; más aún, el tamaño de la muestra de esta encuesta es de 1.335 a nivel nacional y solo en Bogotá se realizaron 580 encuestas. Esto en sí mismo deja dudas sobre la verdadera medición de este ejercicio y más aún cuando tenemos en cuenta que para la elección de los 13 municipios donde se desarrolló la encuesta el criterio fue que tuviesen una población de más de 200.000 habitantes, en un país de tan inmensa área rural, que además es donde se ha vivido de manera más cruenta la guerra y por qué no decirlo, donde se vivirá de primera mano y con mayor impacto inicial la finalización del conflicto armado. Pretender mostrar una encuesta que le pregunta a ese reducido número de urbanitas en representación de todos los colombianos y, más aún, que nos creamos ese cuento, no es otra cosa que soportar la tal “Colombia opina” sobre la ignorancia de la gente que no necesariamente se entera de la metodología de la encuesta pero que obviamente si lo hace de los resultados.

Por el lado de la pertinencia está el asunto de la recolección de los datos y el clima político del país en ese momento. Esta encuesta fue realizada entre los días 23 y 26 de abril, a una semana de los escandalosos y trágicos hechos de Buenos Aires, Cauca; y cuando los mismos medios de comunicación que contrataron la encuesta y otros más, se habían encargado de inundar nuestras mentes con imágenes amarillistas y escandalosas en clave no de mostrar los terribles resultados de la guerra sino de cuestionar los diálogos en La Habana y con ello impulsar una desazón general.

Es así como en medio de tanto escándalo, de tanto dato, de tanta noticia, se hace necesario que todos y todas nos propongamos un aporte a la democracia que además es un aporte a la paz: buscar, inquietarse, no tragar entero; es el camino para construcción de canales de información que nos permitan conocer los distintos enfoques de un acontecimiento y desenmascarar las posibles intenciones detrás de una noticia.

Atentos pues comunicadores y medios de comunicación, un país que pretende la transición hacia la resolución pacífica de sus conflictos exige información clara, suficiente, verídica y sin sesgos. ¿Cuál es su papel en esto?

Edición 445 – Semana del 8 al 14 de mayo de 2015

1 Datos de la Encuesta realizada por Ipsos Napoleón Franco y contratada por la alianza de medios RCN radio, RCN televisión, la FM y la revista Semana

 
 
Importante: Cada autor es responsable de sus ideas y no compromete el pensamiento de Viva la Ciudadanía. Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.
 
   
 
 
comentarios suministrados por Disqus