Informar para la paz, no para la guerra

 
  Marta Ligia Gómez Vélez
  Especialista en Periodismo Urbano, Asesora de Comunicaciones Viva La Ciudadanía
 
   
 

Para que la ciudadanía comprenda lo que hoy estamos viviendo, los medios tienen que cumplir su papel de mediadores y pedagogos de la realidad.

Siempre es muy importante para la ciudadanía entender lo que ocurre en su sociedad, pero además si está adelantando un Proceso de Negociación como en Colombia, comprender se vuelve indispensable y los medios tienen un papel protagónico para lograrlo porque ayudan a construir la realidad colectiva del Proceso de Paz, crean los encuadres para interpretar los acontecimientos, visibilizan o no una agenda y unos protagonistas particulares.

Los medios tienen una oportunidad histórica en sus manos, ayudar a que la ciudadanía comprenda lo que está pasando para que pueda tener una opinión informada o seguir alimentando el odio, miedo y la desconfianza que no nos dejará como sociedad construir el propósito común de la paz.

Sea cual sea el carácter del medio: Comunitario, ciudadano o masivo, informar y ayudar a comprender sobre el Proceso de Paz nos impone algunos retos:

1. Hace falta que los colombianos entendamos qué pasa en la Habana y eso no se resuelve solo con información sino con pedagogía.

2. No se puede mirar el final del conflicto como una sucesión de batallas que se ganan y se pierden, si no como un proceso que lleva a un objetivo superior que es la terminación del conflicto con las Farc como un peldaño importante para avanzar en la construcción de una sociedad en paz.

3. Los medios deben ayudar a construir una posición informada de la ciudadanía, en general gracias al hermetismo en la primera parte del proceso y al eco de las voces que polemizan, se genera especulación y mitos alrededor que más que ayudar a los ciudadanos en la construcción de ese objetivo, polarizan la sociedad y generan un ambiente en contra del proceso que es el camino para llegar a una sociedad en paz. Tratar de terminar la guerra con una salida armada ha demostrado históricamente que lo único que trae es más víctimas y este país ya tiene mucha en su haber.

4. Contextualizar el conflicto armado: Entregar información suficiente, análisis pertinentes y opiniones que permitan a la gente comprender la historia de lo que ha sido vivir en guerra, es decir hacer reconstrucción de memoria histórica de lo que ha significado para las víctimas, los territorios, el desarrollo social la economía y la política.

5. Cambiar el lenguaje guerrerista por la transmisión de los valores de una cultura de paz y reconciliación.

En Colombia el lenguaje es tan literal como inconsciente, la guerra ha traspasado los espacios cotidianos y sin dar tiempo de percatarnos, se sienta en nuestras sillas, juega con nuestros niños, habla con nuestras palabras.

Y lo malo no es que ocurra, lo malo es que siga siendo parte constitutiva de nuestras vidas como colombianos y que aun así, no reaccionemos ante nuestra propia destrucción.

Los medios forman parte de toda esta trama social a partir de su labor informativa, labor que han venido desempeñando a través de los años con total afán y destreza, desarrollando grandes tecnologías y capacidades humanas con tal de montarse a la chiva de primero.

Pero la labor informativa en un país que lleva más de medio siglo en conflicto como éste, no puede reducirse a la simple transmisión de hechos, a repasar una y otra vez listas inconexas de muertos, mostrar con gran habilidad los últimos techos de una región semidestruida y a seguir construyendo imágenes de enemigos, en vez de defender la reconciliación, la construcción de paz y entregar información que ayude a la comprensión y no a la desinformación.

Los medios de comunicación como contadores de historias por naturaleza hacen lo propio contando la guerra. Así que la discusión no podría fundarse en el hecho de contar la guerra o no, pero si en cómo contarla, qué contar de ella, cómo abordar los temas, las fuentes, las situaciones, las víctimas y los victimarios y el enfoque para hacerlo.

Podría decirse que el conflicto colombiano, es contado a partir de sus consecuencias y el accionar de los diversos grupos involucrados en el conflicto, más no desde su contexto, lo que hace que una situación como la que vive el país quede reducida a las listas de muertos, masacres y atentados que siguen careciendo de posición dentro de una historia que nunca se cuenta por completo, lo que por razones de sobra dificulta su comprensión y alimenta un odio colectivo nacional.

Evitar este tratamiento es posible si los periodistas son formados, no sólo por la academia sino por sus propios medios, con una mayor capacidad de análisis discernimiento y contextualización, lo cual permite establecer criterios para que el periodismo lleve a los perceptores a entender mejor el conflicto.

Un periodista que cubra el conflicto no debe salir a la calle sin preguntarse: ¿cuál es el conflicto?, ¿por qué somos violentos los colombianos?, ¿qué modelo proponen los opositores?, ¿cómo contribuye el periodismo a la paz y la convivencia?, un periodista que realmente entienda la naturaleza de nuestro conflicto, que entienda sus escenarios, su lenguaje, sus metodologías. De cualquier otra forma su labor carece de sentido.

Este proceso de paz actual necesita poder reivindicar el gran sentido que tiene la historia bien contada y la responsabilidad que implica no repetirla como comedia ni como tragedia, y mucho menos como tragicomedia.

El compromiso actual es realizar una investigación de la realidad siendo fieles al contexto, ya que a partir de la forma en que los medios muestran al país y los periodistas lo cuentan, se ve el país mismo, reconocemos a los otros, interpretamos los hechos, construimos nuestros temores y fabricamos nuestras máscaras.

Un ejercicio profesional que en ocasiones puede ser contradictorio a los intereses y valores de los nuevos periodistas, por la imposición de una agenda informativa que obliga a correr detrás de lo que vaya sucediendo. Es necesario que a partir del conocimiento de la naturaleza del conflicto, la agenda deje de obedecer a la coyuntura para replantearse antecedentes, fuentes, tratamiento y despliegue de la información. Es necesario dejar de informar sobre el conflicto a partir de acontecimientos aislados.

En el país casi nadie se ha tomado el trabajo de decirle a los colombianos, simples espectadores, protagonistas aislados que significa conflicto, y en ese caso la idea común nos lleva a pensar que es guerra, eliminación y terror, descartando la posibilidad de que el conflicto sea un elemento que potencializa las cualidades de un pueblo.

Pues Colombia es conflicto. El problema es no haberlo interpretado nunca, propiciando un espacio en el cual puedan desarrollarse, prefiriendo en los medios aumentar la polémica que el entendimiento.

Edición 452 – Semana del 26 de junio al 2 de julio de 2015
 
 
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