El cese al fuego unilateral de las FARC: Una decisión valiente

 
  Antonio Madariaga Reales
  Director Ejecutivo Corporación Viva la Ciudadanía
 
   
 

Se necesita mucha más valentía para decretar un cese al fuego unilateral que para volar oleoductos o dinamitar torres de energía.

El anuncio hecho por las FARC de decretar un cese al fuego unilateral desde el próximo 20 de julio y por un mes, además de valiente, es un acto de realismo político y de compromiso con la terminación del conflicto.

La aceptación por parte del gobierno de la necesidad del desescalamiento del conflicto y de la urgencia en llegar a un cese bilateral y definitivo del fuego es un paso en la dirección correcta, pero así como la tregua unilateral de las FARC, es insuficiente.

Las organizaciones de la sociedad civil, las iglesias, la comunidad internacional, los países garantes y todos y todas quienes clamamos por el desescalamiento, tenemos que celebrar el triunfo de la sensatez y seguir convencidos de que nuestras voces en la coyuntura reciente y al futuro son capaces de sobreponerse al estruendo de la guerra y poner a la negociación en el lugar que le corresponde.

Abordar con seriedad y prontitud los temas faltantes es la tarea de todos los negociadores. Para ello deben comenzar por un cambio de actitud y enviar un mensaje que el país necesita. Es hora que tanto las FARC, como el gobierno de Santos se entiendan a sí mismos como contradictores y no más como enemigos. De hecho, es hora que se consideren “aliados de la paz” y de la terminación del conflicto, para que honren el acuerdo que dio origen a los diálogos de la Habana.

Tienen que entender que la suerte del gobierno Santos y la de las FARC están atadas al proceso de la Habana y que a su vez están atadas al fin del conflicto. Significa que lo que algunos han llamado la “paz de Santos” es al mismo tiempo “la paz de las FARC”. Es decir, que los resultados y acuerdos de la negociación en la Habana comprometen a ambos y que las contradicciones y diferencias de posturas sobre muchas cosas son parte de esa construcción del acuerdo y no razones para imposibilitarlo.

Obrar en consecuencia con esta comprensión ayudará a recuperar en parte, la confianza perdida, sobre todo por la población de los centros urbanos. Seguramente recibirán las partes acusaciones, de Santos dirán que es “cómplice de las FARC” y de las FARC, que son “cómplices del neoliberalismo”. Aquí se requiere que se declaren Santos y las FARC “cómplices de la paz”. Ese sería un paso muy valiente.

Pero se necesita más. Para recuperar la confianza de los centros urbanos que no conocen de cerca la guerra, que ya se les olvidó la zozobra de las bombas y los atentados, es necesario acercarlos a una ilusión. La ilusión de que la terminación del conflicto armado en Colombia es un paso necesario para tener la oportunidad de hacer ciertas las promesas de la Constitución de 1991. Esta es una ilusión válida y posible. Nada de lo que se ha acordado en la Habana tiene en la Constitución de 1991 un obstáculo, por el contrario, esta es un marco eficiente para el postacuerdo.

El otro relato que hay que instalar es el que la terminación del conflicto es la oportunidad para pensar seriamente en la seguridad ciudadana. Que no es principalmente, aunque sea muy importante, la seguridad policiva. Se trata de la seguridad que brinda saber que es posible la atención en salud, oportuna y de calidad. Se trata de la seguridad de saber que efectivamente se lucha para derrotar la corrupción. De la seguridad que brinda saber que se tiene acceso a una vivienda digna, de la seguridad de que el Estado Social y Democrático de Derecho se profundiza y consolida para hacer posible el Goce Efectivo de Derechos y que las transformaciones democráticas posibilitan la convivencia.

Se trata de terminar el conflicto armado para poder derrotar a nuestros grandes enemigos; la desigualdad, la injusticia, la concentración de la tierra y la riqueza, la destrucción del medio ambiente, la corrupción, la violación a los derechos humanos y poder pagar la deuda que el Estado y la Sociedad tienen con los más de 7 millones de víctimas que este conflicto arroja.

Hay que juntar los beneficios del desescalamiento, con los beneficios de la terminación del conflicto. Para recuperar la ilusión y comprender el inmenso valor que tiene el fin del conflicto armado, hay que hacer un esfuerzo descomunal, para el cual podrían utilizarse experiencias como aquellas que frente a los temas de derechos humanos hemos desarrollado y en las que Colombia ha sido pionero en el mundo; una Alianza tripartita, Estado, Comunidad Internacional y Sociedad Civil por la terminación del conflicto y la construcción de una paz sostenible y duradera.

Edición 454 – Semana del 10 al 16 de julio de 2015
 
 
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