Recordando a Galeano, paisano de Alcides Ghiggia

 
  Miguel Ángel Herrera Zgaib
  Proyecto fútbol, política e ideología
 
   
 

“Homenaje a pura letra”

“Ahí vi cómo Barbosa me dejaba el hueco en el arco y saqué el tiro, que entró justo contra el palo. Cuando el arquero se tiró, la pelota ya estaba adentro”.
Entrevista Ghiggia de El País de Montevideo.

A Eduardo, amador del fútbol, y de Uruguay, por supuesto, lo siguió la muerte de Alcides Edgardo Ghiggia, el tano, distinguido con la camiseta 7, inmortalizar el gol que paralizó corazones brasileños, y llenó de júbilo a Montevideo y sus alrededores.

Moacir Barbosa, con el balón al fondo de la red, se quedó con la tristeza y la pena, en que lo acompañó Bigode, el zaguero que quedó en el camino.

A propósito del fútbol, quiero reproducir apartes de un texto de Eduardo Galeano, que me regaló el colega, historiador de vocación, Juan Carlos García, quien gusta tanto de la literatura como del balompie, tomado del libro “El fútbol a sol y sombra”.

Es un relato que se cierra con una mención a Antonio Gramsci, quien nos acompañó desde un globo pintado en la pared cuando jugamos el torneo de microfútbol en el “Monumental”, que no se arredra ante el imponente edificio de Enfermería que le hace sombra en uno de sus costados.

¿El opio de los pueblos?

¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales.

En 1902, en Londres, Rudyard Kipling se burló del fútbol y de “las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan”. Un siglo después, en Buenos Aires, Jorge Luis Borges fue más sutil: dictó una conferencia sobre el tema de la inmortalidad el mismo día, y a la misma hora, en que la selección argentina estaba disputando su primer partido en el Mundial del 78.

...En cambio, muchos intelectuales de izquierda descalifican al fútbol porque castra a las masas y desvía su energía revolucionaria. Pan y circo, circo sin pan: hipnotizados por la pelota, que ejerce una perversa fascinación, los obreros atrofian su conciencia y se dejan llevar como un rebaño por sus enemigos de clase.

...Sin embargo, el club Argentinos Juniors nació llamándose club Mártires de Chicago, en homenaje a los obreros anarquistas ahorcados un primero de mayo, y fue un primero de mayo el día elegido para dar nacimiento al club Chacarita, bautizado en una biblioteca anarquista de Buenos Aires.

En aquellos primeros años del siglo, no faltaron intelectuales de izquierda que celebraron al fútbol en lugar de repudiarlo como anestesia de la conciencia. Entre ellos, el marxista italiano Antonio Gramsci, que elogió “este reino de la lealtad humana ejercida al aire libre”.

Hasta aquí el homenaje a Ghiggia, quien murió en su ley, después de sobrevivir a un accidente de tránsito que pudo ser fatal. Así lo recordó su hijo, Arcadio, a quien le alcanza la gloria de su padre: “...el destino quiso que justo hoy (ayer), un 16 de julio, se marchara entrando en el vestuario, va a jugar su partido, porque lo están esperando sus compañeros”. (ET, 17/7/15, p. 16).

¡Qué más da! Al fin de cuentas, Alcides se murió el día que era, cuando concretó el triunfo de Uruguay sobre Brasil, en su propia casa, el Maracaná repleto de gente.

Es un privilegio que muy pocos tienen en medio del caos capitalista, que tan generosamente reparte la miseria por todos los rincones de la tierra.

Edición 455 – Semana del 17 al 23 de julio de 2015
 
 
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