La Universidad en los años treinta y su correlato actual

 
  Julio César Carrión
  Universidad del Tolima
 
   
 

A diferencia de lo ocurrido con los economistas, sociólogos, filósofos o escritores europeos contemporáneos –que han nacido dentro, de una tradición de cuatro siglos de esfuerzos de pensamiento teórico y han crecido en el ámbito de una cultura que se ha expresado en tan altos valores como Descartes, Hegel y Marx- los latinoamericanos de países que llegaron más tarde a estas formas del conocimiento y a estas expresiones superiores de la cultura científica, tuvimos que partir casi de cero: de la pétrea fraseología escolástica y a lo más, de las pequeñas audacias del positivismo compteano.

En la República señorial y autocrática de la Colombia de 1930, no sólo estaban proscritos Marx, Engels, Lenin, Kautsky, Bujarin, sino Hegel o Kant. La Bogotá del siglo XIX fue llamada la “Atenas suramericana” por uno de los más notables pontífices del colonialismo idiomático –Menéndez y Pelayo porque uno de sus presidentes más reaccionarios tradujo impecablemente a los clásicos latinos, otro escribió una ortografía en verso mientras las tropas norteamericanas penetraban en el istmo de Panamá y dos excepcionales filólogos realizaban en París –en virtual exilio- uno de los estudios más profundos sobre la genialidad y estructura de la lengua castellana.

Si bien la República Liberal se inició en 1934, la Universidad conservaba el espíritu de los esclerosados institutos que profesaban oficialmente el tomismo, condenaban un marxismo que sólo podían entrever a través de las versiones falseadas y apocalípticas de los discípulos del Padre Jaime Balmes y no conocían más ciencia social que la importada con Say y Bastiat desde los albores de la Independencia. Con esta carga de supersticiones y falseamientos conceptuales, tuvimos que enfrentarnos a la realidad de nuestras sociedades latinoamericanas, a la práctica política, a la complejidad de la lucha social, sin armas teóricas ni métodos de conocimiento científico: las gentes, como yo, estaban obligadas a inventar la ciencia frente a una realidad social extremadamente conflictiva y que aparecía más como una desbordada selva amazónica que como un racionalizado universo griego.

Antonio García

La Universidad colombiana un correlato actual

La queja de Antonio García acerca de la proscripción de autores como Marx, Hegel, Kant, Lenin... en las universidades colombianas de los años 30, debe modificarse:

Hoy estos pensadores no están proscritos, sino vergonzosamente manipulados y tergiversados por una recua de “profesores universitarios”, que constituyen eso que se conoce como la “izquierda académica” que busca, no propiciar procesos emancipatorios o revolucionarios, sino, alcanzar la “integración” de los sectores populares al “orden” capitalista existente. Proponen estos “académicos” lograr un grado “soportable” de desigualdad y de opresión, evitando en todo caso, la violencia y las confrontaciones; toda insurgencia, toda subversión...

Perdidos irremediablemente los filos críticos, que en otro momento tuviera esta “izquierda” travesti, adocenada y acomodada a las actuales condiciones del capitalismo tardío, con un desvergonzado y cínico pragmatismo, desde la cátedra y los cargos de la administración universitaria, aceptando que la excepción es la regla, ahora se constituye en defensora de oficio de esa ficción teórica que llaman “democracia” y de la mitología del “progreso” indefinido. Y amparados en la protección que les ofrece la mercenaria actividad de “catedráticos” y el poder estatal que representan, se han dedicado a desplegar y fomentar las enormes burocracias del bienestar social y a fomentar las bondades del Estado providencia.

Se trata de unos simuladores y trepangos interesados exclusivamente en mejorar los puntajes requeridos para ascender en el escalafón docente...

Edición 457 – Semana del 31 de julio al 6 de agosto de 2015
 
 
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