Mariano Sierra S.
  Colaborador Semanario Virtual
 
   
 

La misericordia humanizada es el evangelio profundo por su contenido de justicia y amor al prójimo que eleva el espíritu del hombre, cuando éste lo aplica en su diario acontecer, donde no se habla de misericordia y humanismo, sino que se enseña en la práctica. La misericordia la encontramos revolucionado los procesos de liberación que conducen a encuentros de esperanza. La misericordia es el punto de encuentro del hombre con el hombre, es la disposición para reflexionar y actuar ante las dificultades ajenas provenga desde varias circunstancias dadas por las gobernabilidades de los sistemas reinantes, manifestándose sin consideración alguna de credos con prácticas, denuncias y anuncios.

Cuando decimos humanizar la misericordia no es otra cosa que decir que el fin del hombre es propender por una justicia social que es acción pura en la gestión espiritual del hombre actuando con honestidad, del empresario con su responsabilidad social de crear empresa generando trabajo, pagando lo justo, produciendo lo necesario con calidad y precios justo, del político ejerciendo su tarea con pulcritud para el bien común, del gobernante ejerciendo su autoridad de acuerdo a los cánones democráticos procurando siempre el beneficio social, y de todos los demás ordenes sociales realizando su tarea de acuerdo a los principios y valores propios de sus entornos.

La misericordia humanizada es la capacidad del hombre para asentir como actor social en la lucha permanente contra el estado de indefensión de su prójimo por las distintas causas sociales y como virtud impulsa a denunciar a los que atropellan la dignidad humana. La acción humana debe ser radical frente a aquellos manejos de gobernanzas y conductas que se han anquilosado en sus estructuras; manejos que tienen el sello del desconocimiento de las necesidades sociales que tienen que ser imploradas como limosnas bajo acciones de tutelas, demandas o peticiones que no obstante son ordenanzas de ley, sin embargo sus sentencias son burladas sin que la ley proceda a exigir su cumplimiento.

La misericordia es un verdadero acto de amor y paz y su sentir humano es con el prójimo donde no hay fronteras para su realización. La persona humana en cualquier momento está llamada a la misericordia identificándose con la práctica de exigir justicia y de ser justo en sus actos en un mundo en crisis que requiere la adhesión vitalista con quienes se encuentran desprotegidos por el estado, por la sociedad y los entes que la conforman. Vista así, la misericordia se convierte en un programa de vida donde se evita la habitualidad que narcotiza y nos hace indiferentes para mirar las miserias del mundo, para escuchar las voces de los oprimidos y los condenados de la tierra.

Recordemos que desde siempre el hombre ha tenido una función social. Recordemos que Jesús por medio de sus actos humanos y misericordiosos, amó, perdonó, acogió, rompió barreras de la indiferencia, retribuyó la voz a los que la habían perdido, rompió los yugos políticos y religiosos, enseñó la justicia, no juzgo, dejo mensajes de todo tipo en cada una de sus parábolas, verdaderas lecciones sobre como asumir los distintos comportamientos en sociedad. La misericordia fortalece el espíritu para dar fuerza y coraje hacia la denuncia de todo obrar injusto que hoy se ha globalizado en distintas formas dejando una estela de miserias.

Misericordia y humanismo concuerdan con el amor al prójimo por cuanto obra con el interior y el exterior dentro del eje de la dimensión de la verdad y bien común. Por ello el fin dado por la creación al hombre es el obrar en favor del hombre, de su naturaleza plena que es vida.

La misericordia es una virtud de alto espectro pues ante cualquier drama humano tiene la respuesta de acogida, de solidaridad. Con estupor observamos como en los tiempos presentes la misericordia y el humanismo están en crisis. Ambas virtudes no pueden competir con nadie, ambas son plenas de sensibilidad para asumir los sucesos del diario vivir en atención a ser forjadoras de esperanza y comprensivas con los subyugados que buscan alivio para sus males materiales y espirituales.

Desde la teología la misericordia revelada y realizada por Jesucristo es fundamento para que el espíritu humanista desarrolle actos de solidaridad entre sus hermanos. La paz y la solidaridad entre los hombres solo son posibles cuando el hombre se hace hombre, es decir, hombre para el prójimo y es así donde se hace humano. Por ello Dios se humanizo en Jesús.

La sociedad vive de choques de civilizaciones, de ideologías, de creencias, de procesos económicos y culturales, de regímenes políticos, librando una lucha para evitar que se estropee la dignidad humana y la corrupción sea, eso sí, el opio del pueblo. El abuso del poder y del dinero no puede convertirse en un ordenamiento absoluto. Ser persona con dimensión misericordiosa y humana es adherirnos a las prácticas de justicia social haciéndolo en la medida que comprendamos a nuestro hermano doliente que sufre los efectos del maltrato social y de aquellos salvadores de cuello blanco que desconocen el peregrinar de la salud, la sed, la falta de un techo y el hambre de cada día.

La acción humana de cada uno consiste en tener un estilo de vida que nace de la relación con los demás. Cualquier liturgia del mundo debe ser comprendida, compartida y vivida diariamente con misericordia con la reflexión consciente de entender los signos de los tiempos.

Muchas conductas humanas se preocupan más por todo tipo de protocolos, discursos, ritos ceremonias, o actos sociales dejando al descubierto la praxis humanista de la misericordia social con la comunidad, concentrados desde las cúpulas de nuestras actividades de trabajo que es donde se viven todo tipo de contradicciones humanas.

El hombre se hace en el pluralismo social que crea acción para el bien común. La acción social del hombre y su razón viene de la proyección de su futuro, de su contacto con todos los quehaceres que establecen vínculos comunes, que establece ligación con todos los factores que componen el orden de los gobiernos sociales exigiendo, denunciando y realizando acciones que produzcan ideales de solidaridad, libertad y justicia.

Edición 461 – Semana del 28 de agosto al 3 de septiembre de 2015
   
 
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