Antonio Madariaga Reales
  Director Ejecutivo Corporación Viva la Ciudadanía
 
   
 

En el día de hoy se reunió en sesión plenaria el Consejo Nacional de Paz y, además de dar la bienvenida a los nuevos sectores que se integran al mismo, adoptó una significativa agenda que resume las intenciones del Consejo de ayudar al proceso de paz en Colombia sobre la base de la dedicación a la tarea de “Volcar la sociedad a la paz”.

Para ello el Consejo, a propuesta del Comité de Impulso, recupera las tres principales funciones que le definió la ley en 1998 y en una lectura adaptada a los tiempos actuales, proyecta las acciones del Consejo, tanto en referencia a los diálogos en marcha con las FARC y el esperado inicio de negociaciones formales con el ELN, como con respecto a los desafíos de la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz.

La primera función que se identificó y a la que nos referiremos en este texto, tiene que ver con educación, comunicación y pedagogía para la paz, y contempla tanto el trabajo dirigido a la difusión y comprensión de los acuerdos como al desarrollo de una política pública de educación para la paz, que en el mediano plazo sustente las profundas transformaciones culturales que se requieren para que la democracia florezca y se profundice de la mano de la tolerancia, el respeto y la convivencia, tarea en la que será de mucha utilidad el próximo Encuentro Nacional de Educación para la Paz.

De la misma manera esta función comporta la identificación, el re-conocimiento y la articulación de la movilización social que en redes reales y a través de múltiples iniciativas, nacionales, regionales y locales de educación y pedagogía ya se están desarrollando y pueda además ofrecer nuevas herramientas a la medida de las necesidades de los procesos y poblaciones.

También se identifica alrededor de esta función, una comprensión de la comunicación en un sentido profundo, más allá de la publicidad, aunque la incluya y que en consonancia con las aproximaciones dialógicas entiende los múltiples vasos comunicantes entre comunicación, pedagogía y movilización y a la conversación como el método por excelencia que pueda transformar una sociedad que habla mucho pero conversa poco.

Esta tarea que en lo inmediato tiene que considerar como propósito fundamental crear las condiciones para que la refrendación sea positiva, cualquiera sea el método que se acuerde en la Habana, refiere a magnitudes y desafíos monumentales, tanto en cantidad como en calidad. Y lo son porque se ha construido un imaginario que tiene componentes muy difíciles de penetrar.

Uno de ellos tiene que ver con la construcción que se ha hecho, en buena parte de la población colombiana y especialmente en las ciudades, de la guerrilla como el enemigo principal de la sociedad colombiana y sujeto en el que a través del tiempo y especialmente a partir de la acción del Plan Colombia se resumen los peores males: Narcotraficantes, terroristas, violadores de los derechos de los niños y niñas, secuestradores, etc. Tal vez uno de los miembros de la guerrilla que podría resumir ese estereotipo sería Romaña.

De hecho una persona que ha estado en contacto frecuente con la delegación en La Habana, confesaba hace pocos días en una conversación privada la dificultad inicial de mirarlo un sujeto político, como una persona con conceptos políticos y sociales dignos de atención y aun hoy los medios lo asocian en la negociación solo con la subcomisión técnica con los militares. No quiere decir que la guerrilla en el ejercicio de sus acciones no haya cometido delitos, ni que no haya cometido abusos, se trata de ponerlos en el contexto de la guerra, necesario para abordar una perspectiva de justicia transicional.

La tarea de lograr que la mayor parte de la sociedad los mire como seres humanos, es decir que “humanice a los guerrilleros”, los reconozca como sujetos políticos, con capacidades de aportar a la nacionalidad es uno de los desafíos mayores, tanto más cuanto es necesario para avanzar en lógica de reintegración a la vida social y política, y por lo tanto en la disposición de la sociedad para abrir espacios para su actuación y detener y conjurar toda sed de venganza.

Conforme las esperanzas de que el proceso de conversaciones del Gobierno con las FARC aumentan en la medida en que se perciben avances significativos, lo que como recordó hoy en la sesión del Consejo Nacional de Paz el Alto Comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo, no significa que un acuerdo final sea cosa de pocas semanas o meses la necesidad de dar pasos grandes, importantes, en dirección a preparar a la sociedad colombiana para incorporar los acuerdos y de manera particular a las FARC como protagonistas de esos acuerdos.

En esos términos resulta indispensable que el Consejo Nacional de Paz pueda dar a este desafío una respuesta adecuada. A nuestro modo de ver esto lo liga de manera ineludible a tres asuntos, el primero de ellos el posicionamiento de la paz y la paz territorial en particular en el escenario de las próximas elecciones de octubre y en los procesos de empalme con los nuevos mandatarios que salgan electos; el segundo al impulso en concreto de la conformación / reactivación / visibilizacion y operación de los Consejos Municipales y Departamentales de Paz y el tercero a lograr una gran alianza entre sociedad civil, estado y comunidad internacional que de cuerpo y posibilidades a este esfuerzo titánico.

Edición 462 – Semana del 4 al 10 de septiembre de 2015

   
 
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