Alonso Ojeda Awad
  Ex Embajador de Colombia en Europa
 
   
 

Todavía no logramos comprender la reacción impulsiva y temeraria del Presidente de Venezuela Nicolás Maduro en contra de los centenares de colombianos indefensos que ordenó expulsar a la fuerza de su país sin ninguna consideración y solo por ser pobres de solemnidad, quienes decidieron irse de su patria a la que pensaban era una república hermana, donde creyeron podrían conseguir los medios económicos que les permitiera una vida mejor a la que les brindaba su país, Colombia.

Me pregunto ¿Cómo un Presidente de una república hermana, definida como “siamesa”, por el senador santandereano Horacio Serpa, con una historia y geografía común, entrelazadas en los sueños primigenios de Bolívar para unidas construir la Gran Colombia, puede impunemente, violando los más simples protocolos internacionales y de solidaridad, generar la más grande injusticia contra esas familias colombianas, compuestas por mujeres y niños, que en condiciones dramáticas luchaban por asegurar su subsistencia?

¿Cómo puede generar una violación sistemática y abierta de los Derechos Humanos en centenares de compatriotas, sin el mínimo respeto a sus inalienables Derechos? De la noche a la mañana, son sacados a la fuerza de sus humildes viviendas y lanzados a la intemperie, solo por ser colombianos indefensos, sin riquezas, ni educación, ni un techo donde guarnecerse con sus hijos.

¿Por qué en forma tan soberbia y sin el menor respeto por la dignidad humana de los angustiados colombianos de frontera, se violan ordenamientos jurídicos consignados en las normas que regulan los pasos que deben dar las naciones cuando de deportaciones se trata? Sobre todo conociendo que hay tratados centenarios entre Colombia y Venezuela que regulan estos procesos para evitar afrentas que le golpean el corazón a los colombianos.

Nadie niega que a Venezuela le asiste el derecho de buscar y castigar ejemplarmente los delincuentes comprometidos en crímenes realizados en la amplia frontera colombo-venezolana. Sin embargo, lo procedente es detenerlos y llevarlos a un juicio respetando el debido proceso, así como realizar acciones de cooperación con Colombia en la lucha contra el crimen organizado en la frontera. Del mismo modo, si desea implantar una política de migración lo puede hacer en coordinación con el Gobierno colombiano, que con seguridad cooperará en la construcción e implementación de acciones y políticas en este ámbito. Lo anterior dista mucho de llevar a cabo estas “cacerías de brujas” convirtiendo a mujeres, niños y hombres inocentes en víctimas propiciatorias de su tragedia.

Los demócratas del mundo estamos seriamente comprometidos en la construcción de una alternativa política que garantice un Estado social y de derechos a nivel internacional, donde a nadie se le pueda perseguir por el simple hecho de tener determinada nacionalidad, o determinado color de piel, o por pensar de una u otra manera. Creíamos que Venezuela y su gobierno hacían gigantesco esfuerzo para ratificar esta premisa fundamental en el tratado de “Los Derechos del hombre”, pero al saber y ver lo que ocurre con nuestros colombianos en sus fronteras, nos lleva a planearnos serios interrogantes sobre la claridad meridiana que debe tener un proyecto futuro de socialismo para el siglo XXI.

El fin no puede justificar los medios y es perverso y antiético plantearse la construcción del “hombre nuevo” como lo visualizó El Che Guevara, cuando se atropella, a la luz del día y se irrespeta en esta forma la dignidad de mujeres y hombres que solo tuvieron el error de creer que la tierra que vio nacer al Libertador, podría ser un alero esperanzador para sus sueños y el de sus  hijos.

Todavía estamos a tiempo Presidente Maduro de evitarles mayor dolor y tragedias a nuestras naciones. La invitación es a recapacitar sobre lo que sería un negro panorama de guerra fratricida entre nosotros. Esto no puede ocurrir jamás y esperamos no ocurra. Le pedimos un gesto de grandeza para nuestros pueblos que nacieron bajo la visión del genio de América. Deponga sus alterados ánimos y bríndele su mano al Presidente Santos, que como usted bien es testigo, está haciendo un gran esfuerzo para consolidar la Paz de Colombia y convertir en realidad el sueño del Libertador.

Presidente Maduro, ayúdenos a erradicar para siempre el dolor y la tragedia de la guerra que se incuba en estos duros tiempos. El poder y la gloria son pasajeros, en cambio las heridas abiertas a nuestras naciones perduraran en el tiempo. ¡Es el momento de la cordura y ponderación! De ser así, los hijos de la Patria Grande de Bolívar lo recordaran agradecidos. Actuar diferente y dejarse llevar por un odio que no le tenemos los colombianos, es exponerse a que su nombre quede inscrito en los textos de la Infamia. Es la hora de recapacitar, porque como está actuando… Así no es, Presidente Maduro.

Edición 462 – Semana del 4 al 10 de septiembre de 2015
   
 
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