Aura Rodríguez
  Coordinadora Regional Bogotá
 
   
 

Elecciones locales 2015

Sin lugar a dudas ser la capital y el centro político del país, da a los bogotanos algunas ventajas frente a los demás colombianos. En el terreno electoral, tener las tasas más altas de educación superior y avanzar en escenarios de discusión de candidatos a la Alcaldía –con el cubrimiento de medios masivos de comunicación como parte de la dinámica electoral y el aporte de la academia–, se convierten en elementos que fortalecen el proceso de toma de decisiones en las urnas.

Sectores empresariales, religiosos, académicos y cívicos han incorporado el diálogo con candidatos a la Alcaldía para incidir en sus planes de gobierno y que estos, reflejen sus intereses y avancen de manera decidida con propuestas de planes, programas y proyectos que buscan concretar sus intereses en la ciudad.

Otro elemento importante para destacar se relaciona con la disputa sobre el modelo de desarrollo de ciudad y cómo las fuerzas políticas identificadas como de izquierda, centro o derecha, compiten por el respaldo de hombres y mujeres votantes en Bogotá, elemento que nutre el ejercicio electoral.

Estas características de la ciudad han logrado posicionar el voto de opinión en la elección de Alcalde Mayor que se refleja en algunos sectores juveniles y en algunas localidades del Distrito Capital. Sin embargo, estos avances sólo se ven reflejados alrededor de la elección de Alcalde y no, en las demás corporaciones como el Concejo y las Juntas Administradoras Locales.

Bogotá vive un alcaldecentrismo –que se manifiesta en la importancia que dan diversos sectores sociales a su elección, en el control y vigilancia que existe sobre esta figura–, en la responsabilidad que se le exige sobre cualquier asunto de la ciudad: pavimentación de una calle, calidad de un refrigerio escolar o el ordenamiento del territorio de la ciudad se le reclaman al alcalde con el mismo grado de importancia y como si fuera la autoridad única y responsable de todo lo que acontece, lo que oculta e invisibiliza a las demás corporaciones de elección popular.

Una es la Bogotá que vota por Alcalde y otra la que elige a Concejales y Ediles. La primera, mejor informada, con mayor participación en los escrutinios y donde el voto de opinión puede tener peso en la decisión final. Y la segunda, una Bogotá que elige al Concejo con 15.22% de voto en blanco, reflejando que los bogotanos no encuentran en las urnas candidatos que los representen.

En este sentido, la ciudadanía bogotana que elige al Concejo de Bogotá, no conoce las hojas de vida de los candidatos que existen, no se entera adecuadamente de las propuestas que lideran los partidos para esta corporación, e incluso desconocen para qué sirve el Concejo y cuáles son sus funciones.

Una situación de mayor desconocimiento son las Juntas Administradores Locales (JAL), en donde según algunas encuestas de opinión no son reconocidas por el bogotano del común. Al parecer una proporción alta de mujeres y hombres que residen en Bogotá desconocen que existe la figura de las JAL, su representatividad local y el ejercicio que desempeñan.

Es justamente en la elección de Concejo y JAL que las mafias del voto siguen haciendo su fiesta y en donde el voto de opinión llega a su fin. En esta Bogotá los debates son inexistentes, la discusión de programas o planes de gobierno no interesan al ciudadano y las irregularidades y delitos electorales afloran.

También llama la atención que en Bogotá se continúa votando sin recordar las investigaciones de los concejales que han hecho parte de delitos en el pasado, se continúan heredando curules a hijos, hermanos y esposas de concejales investigados y sancionados. Nuevamente la pregunta sobre la existencia del voto de opinión en Bogotá genera bastantes reservas.

En las elecciones locales de 2015, ¿En Bogotá se repetirá el comportamiento de elecciones anteriores?, ¿Se mostrarán cambios importantes como la reducción del voto en blanco para el Concejo?, ¿El voto de opinión permeará las Juntas Administradoras en las Localidades? En octubre se conocerán a ciencia cierta las respuestas que los votos mostrarán; por lo pronto, es claro, que Bogotá no es como la pintan.

Edición 462 – Semana del 4 al 10 de septiembre de 2015
   
 
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