Álvaro González Uribe
  Abogado, columnista y escritor – @alvarogonzalezu
 
   
 

“No es buena ni mala en sí misma, como no lo es ninguna organización internacional. Es lo que los gobiernos miembros quieren que sea, y no otra cosa”, dijo sobre la OEA Alberto Lleras Camargo –considerado el padre de la organización- en discurso que pronunció en Caracas en 1954 al anunciar su retiro como primer secretario general de la entidad, luego de haber ejercido el cargo desde 1948.

Las palabras de Lleras Camargo cobran gran vigencia hoy. Partes débiles y sin voluntad nunca pueden conformar un todo fuerte. Muchos países de América pasan hoy por trances, en especial económicos, de corrupción y de criminalidad. Ello hace que sus gobiernos se encierren en sí mismos para concentrar sus esfuerzos en mejorar su situación interna e incluso algunos para mantenerse, y que sus posiciones internacionales sean calculadas con esa óptica.

Así se demostró esta semana en la sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA, donde Colombia solicitó infructuosamente una reunión de cancilleres para tratar la crisis con Venezuela. No creo que a los países que votaron negativamente ni a quienes se abstuvieron les sea indiferente la grave situación humanitaria de los colombianos en la frontera, ni la forma irregular de su deportación. Sus razones fueron económicas, ideológicas y políticas. Primero, porque algunos están pagando la deuda petrolera con Venezuela; segundo, porque en el caso de Ecuador, Bolivia, Argentina y Nicaragua existe afinidad política con el gobierno de Maduro; y, tercero, porque no quieren quedar mal con ninguno.

Lo más grave fue el daño que le hicieron a la ya desprestigiada OEA al violar su Carta fundamental. Veamos: “Los Estados americanos proclaman los derechos fundamentales de la persona humana sin hacer distinción de raza, nacionalidad, credo o sexo”.

Como el lector puede apreciar, en la sesión del lunes se incumplió olímpicamente el principio que acabo de transcribir, uno de los 14 consagrados en la Carta de la OEA (literal l, Art. 2. Capítulo 1 -Naturaleza y propósitos-, Primera parte de la Carta).

Y no es solo en esta ocasión. En múltiples oportunidades la OEA ha violado sus principios y demás postulados fundamentales. El organismo sigue demostrando que se ha vuelto un simple nido de burocracia y un lavatorio de manos, inocuo y frustrante. La ONU tampoco se queda atrás, pero la OEA es uno de los peores. Quizá últimamente tan solo ha sido útil cuando se trata de observar elecciones, misiones cuyos resultados también están por verse.

Pero además de la situación coyuntural de varios países miembros de la OEA, se trata también de un problema estructural y mundial. Sin duda, este tipo de organizaciones han ido languideciendo poco a poco para dar paso a intereses económicos y a los bloques y tratados generados por aquellos.

Está claro que desde hace mucho los aglutinantes de tales organismos multilaterales no son las ideas, ni la defensa de los derechos humanos, ni del medio ambiente o causas similares. Los aglutinantes son volubles intereses económicos y políticos bajo los cuales se traiciona a los países amigos y se omiten o adoptan medidas inocuas para las grandes causas plasmadas en sus estatutos.

El mundo asiste a la necesidad de un nuevo replanteamiento de los organismos internacionales, de las alianzas multilaterales y quizá hasta del derecho internacional. Los graves y nuevos problemas que amenazan la paz mundial, la existencia de la humanidad y la vida misma en el planeta, requieren de nuevos mecanismos.

Para ello se necesita formar una mayor masa crítica que empiece a deliberar sobre cuál debe ser el nuevo orden mundial orgánico y jurídico para enfrentar con éxito los tremendos retos que hoy tiene la humanidad.

La imagen de varios hombres con una nevera a cuestas cruzando el río Táchira hacia Colombia, sumada a la estremecedora foto del cadáver del niño sirio emigrante encontrado en una playa de Turquía, tienen que poner a pensar al mundo: esto no está funcionando.

Edición 462 – Semana del 4 al 10 de septiembre de 2015
   
 
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