Mauricio Castaño H.
  Historiador – http://colombiakritica.blogspot.com/
 
   
 

Van llegando poco a poco, una voz gangosa y monótona se dirige al público que está en plena algarabía, es día domingo de descanso, pero dedicado a la reunión comunitaria para decidir techos del presupuesto participativo, esos 126 delegados que hacen quórum están entusiasmados con de más de ocho mil millones de pesos que deben distribuir entre siete comisiones. Logran callar la algarabía, entonces toman la palabra líderes de la mesa directiva, cada quien presenta su punto de vista, se notan las fisuras de los desacuerdos, natural en la deliberación, es el decir de los burócratas, en estos tiempos de contienda política en donde cada quien saca lo mejor de sus artes demagógicas para ganar posibles votantes.

Y entre estos pequeños hombres sobresale uno que vocifera, lanza acusaciones e improperios contra el régimen, contra la actual administración, los tilda de corruptos, en su estilacho y ordinariez, logra sacar aplausos del público que pide más caudal verbal, el pequeño hombre se siente estimulado y continúa con su diarrea lengueril, se nos antoja dar un apelativo: señores y señores tienen al frente al Hombre Lengua. Su mano bien empuñada agarra el micrófono, es su arma y su potencia, a través de él sufre una transformación, de un don nadie resulta una persona influyente con su público doblegado bajo su lengua. Su respiración se le escucha entrecortada pero sus ojos brillan de una placidez orgásmica.

Por allá se nota agotamientos de tanta alharaca, por fin parece que el hombre lengua es traicionado por un repentino alcance de su voz. Aconsejan dar un refrigerio para refrigerar el atragantamiento. Sucede el milagro, a punta de lengua han logrado doblegar en 4 agotadoras horas de cansancio a los expectantes; lograron distribuir en partes iguales a las siete partes, siete comisiones, cada quien se va con mil doscientos millones. El triunfo llama a la hora de almuerzo.

El hombre lengua camina culebreando en medio de la multitud dispersa en grupúsculos, el hombre lengua esta festivo, se nota triunfante y con aires altivos pasa orondo y sonriente, sus dientes lucen como los de la hiena. Hay placidez. Abrazos, estrechez de manos, palabras de felicitaciones al guerrero triunfante.

Las multitudes, esa destinación humana de permanecer juntos, aún están por explicar. En la soledad se acentúa la desgracia, valemos en esas pequeñas agrupaciones de sentido, en aislamiento sufrimos, el aislamiento mata, así mismo como la quietud que nos paraliza. Veo al pequeño hombre lengua triunfante en pequeñas batallas, arañar presupuesto para los suyos, le llaman fortalecimiento institucional a esas pequeñas vacaciones festivas y costeras que hacen con sus compinches, si los padres de la patria lo hacen, ¿por qué no hacer lo propio? Justifican estos incipientes líderes.

La reunión convocada ha terminado, veo en solitario al hombre lengua disminuido, su pequeña comunidad de sentido se ha dispersado, disuelto, su vestimenta ordinaria acentúa aún más una mirada perdida de una alma agitada. La estupidez tiene sus límites y el hombre lengua nos produce nuestra consideración.

Edición 462 – Semana del 4 al 10 de septiembre de 2015
   
 
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