Luna Gámez y Carlos García Paret
  Especial desde París para el ISA – Tomado de Adital
 
   
 

Acuerdo climático consistente necesita establecer metas específicas para el sector de cambios del uso de la tierra como un todo –agricultura, deforestación y degradación forestal– junto con medios de verificación e instrumentos de apoyo para ese sector. Brasil es el segundo emisor de gases de efecto invernadero originados en la actividad agropecuaria, después de China.

El mundo enfrenta el desafío de frenar el calentamiento global, al mismo tiempo que necesita aumentar la producción de alimentos para abastecer a una población creciente. La cuestión es que, al producir un 12% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEE) globales, la actividad agropecuaria es uno de los sectores con mayor nivel de emisiones (lea más).

Al mismo tiempo, los compromisos de reducción de emisiones en la actividad agropecuaria –además de las medidas de adaptación– representan sólo una pequeña parte de las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (INDC por su sigla en inglés) y, por lo tanto, de las negociaciones internacionales para la Conferencia del Clima de París, en diciembre próximo. Las INDCs son las propuestas de reducción de emisiones hechas por todos los países y que deberían ser enviadas a la Convención del Clima de la ONU hasta el último día 1º de octubre. El conjunto de INDCs será uno de los principales elementos de estudio para la Convención del Clima de París.

El sector agropecuario emite entre 5,2 y 5,8 gigatoneladas de CO2 equivalente por año –constituyendo la tercera fuente más importante de emisiones después de la energía y del transporte, según el Panel Intergubernamental de Cambios Climáticos de la ONU (IPCC).

Los especialistas confirman que, para conseguir una reducción de emisiones y adaptar el sector al escenario de cambio climático, sería preciso un uso más eficiente de los recursos –agua, suelos, insumos–, la disminución de las pérdidas de alimentos y la implementación de prácticas sustentables. Además, sería fundamental la protección de la biodiversidad y del patrimonio genético, y una mayor gobernanza para disminuir los efectos de la frontera agrícola en las florestas.

Lo más interesante es que la mayoría de esas intervenciones tendría un costo muy bajo –menos de U$S 10 por la reducción de una tonelada de CO2 equivalente– o, inclusive, ganancias económicas considerables, según la consultora McKindsey (vea aquí).

Sin embargo, en el proceso climático, hasta la Conferencia de París, es la energía –sector con las mayores emisiones en la mayoría de los países– el tema con mayor destaque en las planillas de los negociadores, en detrimento de otros sectores, como el agropecuario. Al contrario, los datos disponibles indican que un acuerdo climático consistente necesita establecer metas específicas para el sector de cambios del uso de la tierra como un todo –agricultura, deforestación y degradación forestal– junto con medios de verificación e instrumentos de apoyo para ese sector.

Producción de alimentos en medio del cambio climático

De acuerdo con el Centro de Investigación de Agricultura Internacional del Banco Mundial (CGIAR, por su sigla en inglés), la producción de maíz podría caer el 25% hasta 2055, la de trigo el 13% y la del arroz el 20%, en el escenario de cambios climáticos.

"Los productores no saben en qué fecha sembrar, porque las circunstancias climáticas cambian de un año al otro. Ellos se sienten angustiados, necesitan comprender al clima para poder cultivar”, afirma Jeimar Tapasco, investigador del Centro Internacional de Agricultura Tropical de Colombia.

Además de la Conferencia del Clima de París y de la definición, hace algunos días, de los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS), 2015 también quedará marcado como el Año Internacional de los Suelos por la ONU. Y no por coincidencia.

Los suelos almacenan más carbono que todas las florestas y la atmósfera juntas y contienen un cuarto de la diversidad del planeta. A pesar de esto, cada año se destruye una parte de suelos correspondiente al tamaño de Costa Rica (cerca de 50.000 km²), según las informaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) (vea el video).

"Actualmente, un tercio de lo que antes eran suelos arables fértiles está abandonado. Con una población de 9,6 mil millones estimada para 2050, vamos a precisar, en promedio, 3 millones de hectáreas de nuevas tierras por año”, informa Monique Barbut, secretaria ejecutiva del Combate a la Desertificación de las Naciones Unidas (UNCCD).

Cerca del 95% de los alimentos mundiales viene de la agricultura y de la pecuaria. Un manejo sustentable del suelo podría ayudar a aumentar la producción en hasta un 58%, según el informe de la FAO.

Por otro lado, para resolver la ecuación del clima y de la producción de alimentos, la FAO presentó, en 2010, el concepto de Agricultura Climáticamente Inteligente (CSA, por su sigla en inglés), incorporando dos objetivos de adaptación y uno de mitigación de los cambios climáticos: incrementar la producción de alimentos y el ingreso agrícola en forma sustentable; fortalecer la resiliencia de las culturas al cambio climático y, en la medida de lo posible, reducir las emisiones.

"Hay casos de CSA con una reducción del 200% de las emisiones en relación al business as usual, pero la mitigación no puede ser una imposición, si eso supone un factor limitante para el crecimiento de los países en vías de desarrollo o para los pequeños productores”, afirma Laura Meza, especialista de cambio climático de la FAO.

Para llegar a una agricultura resiliente a los cambios climáticos, la agrobiodiversidad es un concepto clave, pues, cuanto mayor fuere la diversidad de semillas disponibles, más fácil será tener opciones de cultivos adaptables a un clima en transformación. Según la institución alemana para la diversidad agrícola, Global Crop Diversity Trust, existen en el mundo más de 1,5 mil bancos de semillas, el mayor de ellos en Noruega, instalado en una caverna en las montañas del Ártico a una temperatura de -18ºC y con más de 4,5 millones de semillas diferentes. Aquí, en Brasil, la Comisión de Medio Ambiente de la Cámara aprobó un Proyecto de Ley que estimula los bancos comunitarios de semillas (lea más).

Brasil, el segundo mayor emisor del mundo en la actividad agropecuaria

Brasil, con casi el 10% del total de las emisiones del sector agropecuario a nivel mundial global, es el segundo emisor en agropecuaria, después de China (cerca del 12% de las emisiones).

La actividad agropecuaria brasilera es responsable del 30% de las emisiones totales del país, como consecuencia de las actividades de producción animal y vegetal, del uso de fertilizantes nitrogenados, del tratamiento de desechos animales y del cultivo de suelos orgánicos. Por otro lado, si consideramos los impactos indirectos, como la deforestación y la degradación forestal de las actividades agropecuarias, el uso de combustibles fósiles y el tratamiento de residuos industriales del sector, la contribución de la agropecuaria aumenta al 60% de las emisiones totales del país.

La principal fuente de GEE es la pecuaria, debido a la fermentación entérica y la deforestación asociada –el 80% del deforestación de la Amazonia tiene origen en la actividad agropecuaria extensiva. La actividad tiene una baja eficiencia de aprovechamiento del suelo, pues sólo el 33% de la capacidad de los pastajes es aprovechada, ya que existen en Brasil más de 58 millones de hectáreas de pastos degradados, una superficie mayor que el Estado de Minas Gerais (lea más).

La previsión para 2030, con el mantenimiento del escenario actual, es que el sector agropecuario de Brasil alcance emisiones del orden de las 820 millones de toneladas de carbono equivalente (MtCO2e), un crecimiento del 40%, principalmente impulsado por la actividad pecuaria, tal como se mostró en el informe de la consultora McKinsey "caminos para la economía de bajo carbono en Brasil” (vea aquí).

Para llegar a la meta definida en la INDC brasilera, de recuperar 15 millones de hectáreas de pastos degradados, son necesarias técnicas como la agricultura orgánica, la siembra directa y la rotación de cultivos con mayores rendimientos. Es decir, la propuesta brasilera también prevé la implantación de la técnica de la integración cultivo-pecuaria-floresta en 5 millones de hectáreas, también para aumentar la captura de carbono y reducir la huella hídrica de los procesos de producción.

La mayoría de esas propuestas se encuadra en el Plan Sectorial de Mitigación y de Adaptación a los Cambios Climáticos para la Consolidación de una Economía de Baja Emisión de Carbono en la Agricultura (Plan ABC), creado en 2010, conforme las metas brasileras establecidas en la Conferencia del Clima de Copenhague, en 2009. Sin embargo, la realidad es que las líneas de financiamiento del plan van a recibir menos del 1,6% del presupuesto total del Plan Safra 2015/2016, la burocracia es mayor que otras líneas de crédito agrícola y el sistema de monitoreo de los efectos del programa, elaborado por la Embrapa [Empresa Brasilera de Pesquisa Agropecuaria], todavía no está funcionando.

Existe un potencial de abatimiento de las emisiones agropecuarias del 32%, cerca de 262 Mton CO2e, y el 60% de las medidas potenciales estarían concentradas en la pecuaria, con el manejo de pastajes como la cuestión principal. La buena noticia es que esas medidas tendrían un costo muy bajo o, inclusive, ganancias económicos importantes, tal como se señala en el informe de la McKinsey.

La agricultura tiene un fuerte potencial de mitigación del cambio climático

Algunos datos:

- La actividad agrícola produce el 23% del PIB [Producto Interno Bruto] de Brasil y es responsable del 35% de los empleos del país.

- La agricultura familiar representa el 48% de la producción brasilera.

- Brasil es el tercer mayor exportador de productos agrícolas del mundo desde 2008.

- El sector de la agropecuaria es responsable del 12% de las emisiones globales de GEE [Gases de Efecto Invernadero].

- La producción de ganado de carne y leche son responsables, respectivamente, por el 41% y el 19% de esas emisiones. La cría de porcinos por el 9% y la de pollos y huevos el 8%.

- Dentro del sector, los principales responsables de las emisiones son: la producción y procesamiento de raciones (36% del total de las emisiones del sector agropecuario), la fermentación entérica (39%), la descomposición de los residuos (10%), la expansión de pastajes (9%) y el resto del procesamiento y transporte de productos animales.

- La implantación eficiente de tecnologías y prácticas sustentables en la agropecuaria podría reducir el 30% de las emisiones de GEE del sector.

- Las medidas de mitigación en el sector agropecuario no sólo tendrían beneficios ambientales, sino también económicos, al mismo tiempo que contribuiría a la seguridad alimentaria y la lucha contra la pobreza.

- La no inclusión de metas de reducción de las emisiones en el sector agropecuario afecta más a los pequeños productores, que sufren con más intensidad los efectos del cambio climático, al mismo tiempo que tiene un nivel de emisiones muy inferior al de las grandes empresas.

Edición 467 – Semana del 9 al 15 de octubre de 2015
   
 
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