Miguel Ángel Herrera Zgaib
  Ex Rector Universidad Libre
 
   
 

“Los dos pueblos merecen algo más de sus dirigentes”. Editorial ET, 16/10/2015, p. 14

Hacía rato que el diario El Tiempo no se atrevía a editorializar sobre el problema palestino, y este viernes lo hizo, con un título provocador y revelador a la vez de un gravísimo estado de cosas, “Otra chispa en el polvorín”.

Mientras tanto, siguen los combates de a pie de palestinos, sin distingo de sexo, dispuesto a morir por una causa vital, política y religiosa. Se enfrentan en las barriadas de Jerusalén, una ciudad en disputa desigual, donde su parte oriental, sigue siendo, a precio de muerte, un bastión de la dignidad y la resistencia de este pueblo sufrido y maltratado por propios y extraños.

Porque Palestina es un país olvidado en realidad, por los gobiernos del mundo, que a lo máximo que han llegado en fecha reciente es a reconocerlo como un Estado sin soberanía, una consideración exótica que haría palidecer a dos estudiosos de la materia, Carl Schmitt y Hans Morgenthau. Pero, que ha permitido a Palestina izar su bandera en la sede de la ONU en New York, y reclamar vocería en otros tipos de instancias, donde Benjamín Netanyahu y su troupe ha intentado acallarla y descalificarlo con el máximo desenfado, y desvergüenza.

Ahora la causa Palestina toca las puertas de La Haya, para avanzar en encauzar por crímenes de lesa humanidad a raíz del holocausto del sitio militar y el bombardeo despiadado a la franja de Gaza, so pretexto de estar garantizando el gobierno de Israel seguridad para sus ciudadanos, aprovechándose del vergonzoso inhumano cerco, el calabozo a que tienen sometido a los palestinos gobernados por Hamas.

Fue Gaza una suerte de coso romano que atacaron los “valientes y heroicos militares israelíes” con helicópteros y aviones, ante unos defensores desprovistos de los adecuados medios de defensa y contra-ataque, ante el auditorio de un mundo impávido, y unas naciones que nada hicieron por detener semejante carnicería. Repitiendo así, la misma conducta de la comunidad internacional tenida frente al” cleasing”, y las masacres perpetradas en la antigua Yugoeslavia, desvertebrada a la muerte del mariscal Tito.

De la primera Intifada a al segundo día de la Ira.

Casi nadie quizá recuerde, que no sean los propios afectados, la primera intifada que se realizó en 1987 en los ocupados territorios palestinos por el Estado de Israel en connubio con Estados Unidos y Gran Bretaña, inmiscuida en esta causa desde los tiempos de Lord Balfour, y el barón Rostschild.

Esta primera lucha dio pie, fijó condiciones para avanzar en el proceso de paz, sobre la base de una alta cuota de mártires. Así se desembocó en los Acuerdos de Oslo (1993), el lugar donde se otorga anualmente el premio nobel de Paz. Pero este avance culminó con el asesinato de la contraparte israelí firmante de los acuerdos, el primer ministro Isaac Rabin, inmolado a manos de un ultranacionalista y religioso sectario israelí.

Hubo un silencio de trece años, hasta que estalló una segunda intifada, donde el palestino raso se dispuso a jugarse el todo por el todo frente a un gobierno asesino, y ante la cómplice indiferencia de casi todo el mundo político. Esto ocurrió en el año 2000, con nuevas muertes, encarcelamientos y torturas.

No se avanzó un ápice en la causa del Estado palestino, pero, en cambio, si falleció Yasser Arafat en 2004, el líder histórico de Al Fatah, pero sí se ahondó la división política del pueblo, apareciendo la conducción política de Hamas, una agrupación política y religiosa que reclama la reconquista del territorio perdido durante el siglo pasado.

La Autoridad palestina, forma de gobierno sin soberanía, sometida a los mínimos de autonomía pensables, con sus cuarteles en Ramallah colocó en la jefatura a Mammuth Abbas, a la espera que pudiera reinstaurarse un proceso de unidad política, lo cual apenas durante este año 2015, y después del “holocausto” de Gaza ha conseguido una importante aproximación a la reunificación aceptando las diferencias, de dos gobiernos en un mismo territorio en disputa con Israel.

Pero las dos jornadas de la Ira, anticipos de una posible tercera intifada obedecen al plan de cambiar el status quo de la Explanada de las mezquitas, o Monte del Templo, para impedir a los palestinos desarrollar su culto religioso sin restricciones, en un lugar santo, en la ciudad “santa” para todos los cultos monoteístas milenarios.

Pero, esto ha marchado a la par del despojo de hecho, o la compra disfrazada de tierras en los barrios de la parte oriental de Jerusalén, que se adelantan acudiendo a todas las formas a su alcance, para sacar, en una campaña de cleasing solapado de la población árabe “enemiga”.

A hoy sigue los combates callejeros, mientras los barrios palestinos se encuentran sujetos a estado de sitio por tropas armadas del estado ocupante, y con respaldo de la aviación, que pretende evitar la circulación de cualquier palestino, que se sospeche sea portador de armas cortopuzantes, y otros instrumentos que puedan ocasionar daño en la población israelí, que nada parece hacer para parar el despojo y la exclusión que practica un gobierno, sometido al chantaje electoral de la extrema derecha que respalda la coalición que mantiene hasta hoy en el poder a Netanyahu.

Más lejos, pero no tanto, se libra la batalla de Siria, resultado de la política equivocada, de la ocupación ilegal y contraria al derecho internacional en todas sus formas, practicada por el gobierno estadounidense cuando derrocó al gobierno de Sadam Hussein en Iraq, e implantó un gobierno títere, sacando del poder a la minoría sunita, e imponiendo a la mayoría chiíta que inició una retaliación y persecución de sus anteriores dominadores.

La minoría sunita se reorganizó, y se conectó con los grupos afines en Siria, y en otros lugares de esta diáspora, para darle existencia al proyecto del Estado Islámico, el cual ha venido obteniendo triunfos militares en la Siria de Bashar Al Asad, que hoy por hoy cuenta con el respaldo de Rusia, que tiene dos bases militares en este territorio, que le permiten hacer pie todavía en el Oriente Medio.

De otra parte, están Estados Unidos y sus aliados, quienes combaten contra ISIS, apoyando a los rebeldes sirios que se oponen a la dictadura de Bashar Al Asad, y que desde sus bastiones confrontan a dos enemigos, los sunitas, y las fuerzas del ejército oficial sirio.

Junto a ellos están también combatientes de las minorías kurdas que fueron reprimidas desde los tiempos de Sadam Hussein. Y estos ejércitos confrontados en un escenario de guerra civil transfronteriza que toca también al vecino Líbano, hay simpatizantes y militantes de la causa palestina.

A las puertas de una tercera guerra

Es ese teatro de guerra, el que hizo exclamar al papa Francisco que estamos a las puertas de una tercera guerra mundial, y el polvorín parece estar, precisamente, en la ciudad santa por excelencia, la Roma del Oriente, Jerusalén, bendecida, y destruida por las guerras que la han azotado por siglos.

Allí tiene que dirigir sus ojos, y sus compromisos el mundo, para lanzar una cruzada diferente, que multiplique por millones a los heroicos cooperantes que han desafiado el brutal bloqueo de Palestina por Israel para brindar su solidaridad.

Las trompetas de la sensatez retumban, y tenemos que, parar los subalternos de la tierra, la bestialidad y el abandono criminal de los que sufren en Palestina, Siria e Iraq los tormentos de la guerra, y la voracidad de los grandes intereses del capital mundial, y los hegemones que quieren volver a repartirse el mundo a su imagen y semejanza.

Estamos muy cerca del juicio final, más allá del Armagedón que conturba la vida de la mayor autoridad, en cuanto a número de fieles, de la cristiandad, que deberá convocar a una cruzada de la sociedad civil, que pare de una vez por todas la guerra, y haga de inmediato posible, lo que hasta ahora no fue, la existencia de un estado palestino soberano, y el establecimiento de una convivencia pacífica garantizada por toda la comunidad humana.

Edición 468 – Semana del 16 al 22 de octubre de 2015

   
 
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