Óscar Arango Gaviria
  Profesor Universidad Tecnológica de Pereira, Coordinador proyectos regionales, SUEJE
 
   
 

Estas fueron la novena y décima elecciones de gobernadores y alcaldes, respectivamente.

En Risaralda 751 mil ciudadanos estaban habilitados para votar. De ellos 391mil eran mujeres y 359 mil, hombres. Se contabilizaron 89 mil ciudadanos inscritos a los cuales 37 mil les fue revocada su inscripción. Un total de 14 partidos y movimientos políticos inscribieron candidatos.

Con un discurso centrado en la necesidad del cambio y con las votaciones más altas en la historia electoral del departamento y de la ciudad capital, Sigifredo Salazar dirigente del partido Conservador obtuvo la gobernación y Juan Pablo Gallo, dirigente del partido Liberal, la alcaldía de Pereira.

Antecedentes y definición de candidaturas

La candidatura de Sigifredo Salazar obtuvo el aval del partido Conservador y consiguió conformar una coalición donde participó inicialmente el partido Liberal y el partido Conservador y, a último momento, Cambio Radical, el Mira y el Centro Democrático.

Sigifredo Salazar derrotó al exgobernador Víctor Manuel Tamayo quien, pese haber militado desde siempre en el partido Conservador, debió resignarse a inscribir su candidatura por firmas, pues también había sido vencido en esa aspiración al interior de su partido.

Aunque con algunas resistencias internas, Luz Yasmid López recibió el aval del Polo Democrático Alternativo y su desempeño le permitió conseguir la cifra más alta (19 mil votos) de sus predecesores en este partido.

En su momento Cambio Radical y el movimiento UNIR, del gobernador Carlos Botero, inscribieron la aspiración del exparlamentario liberal Germán Aguirre. Si bien se anunció que de este acuerdo político haría parte el partido de la U, pronto el propio Aguirre declinó su candidatura y en carta pública acusó al senador Carlos Soto, jefe de este partido, de estar apoyando, simultáneamente, la campaña de Víctor Manuel Tamayo. Disuelta esa aspiración, el gobernador, a través de UNIR inclinó sus simpatías por las candidaturas de Sigifredo Salazar a la gobernación y de Juan Pablo Gallo a la alcaldía. Por su parte, Cambio Radical, una organización controlada por el exalcalde César Castillo, decidió apadrinar (como ya lo había hecho en 2007) la campaña de Israel Londoño a la alcaldía de Pereira en un acuerdo con el partido de La U.

El partido Liberal en medio de un notable forcejeo interno terminó trazando como lineamiento político a sus seguidores el que en Pereira deberían apoyar la aspiración de Sigifredo Salazar con el objeto de mantener el apoyo de ese partido a la campaña de Juan Pablo Gallo. En un momento en el que las encuestas no favorecían las aspiraciones de Salazar, en el resto del departamento, la orientación del representante Diego Patiño se inclinó a solicitar respaldos electorales para Víctor Manuel Tamayo.

Para los observadores, no pasó desapercibido el rol aglutinante que jugó el expresidente liberal César Gaviria, quien estuvo en varias oportunidades en la ciudad estimulando las campañas de alcaldías y de gobernación.

En el caso de Pereira, las candidaturas también tuvieron importantes dinámicas. El Centro Democrático, sólo hasta última hora, hizo público su apoyo a Sigifredo Salazar y en Pereira mostró un errático desempeño. Intentó y no pudo presentar una candidatura propia a la alcaldía. Enseguida se sumó a la campaña de Pereira Firme con la candidatura del ex rector de la UTP Luis Enrique Arango y, una vez que este dirigente declinó su aspiración, la orientación fue dejar en libertad a sus simpatizantes para que respaldaran cualquiera de las tres candidaturas a la alcaldía.

Por su parte, una vez conocida la renuncia a la candidatura de Luis Enrique Arango, el equipo de trabajo de Pereira Firme suscribió un acuerdo para hacerse partícipe y activo dinamizador de la campaña de Juan Pablo Gallo.

La exgerente de Aguas y Aguas, María Irma Noreña (esposa del representante conservador Mauricio Salazar), había conseguido el número de firmas necesarias para inscribir su candidatura pero que al evaluar reales posibilidades de triunfo, tomó la decisión de dar un paso al costado y sumarse a la campaña de Juan Pablo Gallo.

En consecuencia, en Risaralda, como en el resto del país, la coalición de la Unidad Nacional que acompaña al presidente Santos, no tuvo expresión y, antes por el contrario, fue evidente que aquí el partido de la U y Cambio Radical tomaron un rumbo y los partidos Liberal y Conservador otro diferente.

Pero debe notarse que en este departamento esa fractura política no era nueva. Ya desde las elecciones anteriores se había expresado para las campañas que llevaron a Carlos Botero a la Gobernación (en una coalición de La U con el partido Conservador y UNIR, y a Enrique Vásquez a la alcaldía  en una coalición del partido de La U y la Alianza Verde, frente al acuerdo que el partido Liberal había suscrito con el partido Conservador y otras organizaciones políticas para respaldar la campaña del exalcalde Juan Manuel Arango.

A propósito, este dirigente alcanzó a expresar su intención de ser alcalde (por tercera vez) con el aval del partido Liberal. En tanto que no pudo concretar esta aspiración, decidió renunciar al partido y sumarse a la campaña de Israel Londoño y del partido de La U, una organización con la que había mantenido fuertes distancias desde cuando en 2011 había perdido la alcaldía por menos de dos mil votos y había interpuesto ante las autoridades competentes diversas demandas por fraude electoral, al punto que pasaron casi dos meses antes de que la Registraduría le entregara a Enrique Vásquez su credencial como alcalde de la ciudad.

En cuanto a la Alianza Verde, cuatro años atrás había suscrito un acuerdo con La U para su campaña a la alcaldía. En 2015, por el contrario, y luego de intensos debates internos, se inclinaron oficialmente por la aspiración de Juan Pablo Gallo. Lo propio hizo la Unión Patriótica quien decidió participar esta vez con lista de Concejo.

El movimiento Mira hizo acuerdo político con el partido La U y con UNIR para respaldar, en principio, la candidatura de Germán Aguirre, pero una vez que esta aspiración se disolvió, decidieron incorporarse, simultánea y contradictoriamente, a las campañas de Sigifredo Salazar y de Israel Londoño.

El tercer aspirante fue el taxista Álvaro Arenas, quien se había presentado como candidato a la alcaldía de Pereira en 2011 por el movimiento Afrovides, y en esta oportunidad lo hizo con el aval del Movimiento Alternativo Independiente Social -MAIS.

En este departamento se asistió a un proceso electoral sin reportes de violencia política, situación explicable, entre otros motivos, por los avances en las negociaciones de paz entre las FARC-EP y el Gobierno Nacional. Según el reporte del CERAC (22/10/15) el país tuvo en las semanas previas a las elecciones el más bajo nivel de confrontación armada en los últimos 40 años.

Tampoco en esta oportunidad, al momento de seleccionar sus respectivos candidatos a la gobernación o a las alcadías, los partidos políticos no propiciaron la realización de consultas populares que dinamicen la participación de los ciudadanos.

Así, al momento de definir sus preferencias, con gran dosis de pragmatismo político buena parte de los dirigentes de los partidos separaron la naturaleza de cada elección (las locales de las departamentales o las de alcaldía con las de Concejo) y los apoyos en cada caso. La experiencia que acaba de culminar confirma lo dicho. Incluso, al revisar el cuadro de los apoyos partidistas se nota incoherencia y flexibilidad extrema. Se pueden citar algunos ejemplos: el Centro Democrático dejó en libertad a sus seguidores para votar en Pereira. Un sector del partido Liberal apoyó a Sigifredo Salazar en Pereira y, simultáneamente, a Víctor Mamuel Tamayo en el resto de los municipios. El Mira estuvo con Israel Londoño y con Sigifredo Salazar.

Resultados generales

Los temas locales y la política regional dominaron las agendas de las campañas y no hubo asuntos nacionales que pudieran catalogarse como tendencias. Aunque en Risaralda, como en el resto del país, estas elecciones no constituyeron propiamente un referendo por la paz, es claro que los resultados en favor de los partidos que acompañan las negociaciones de paz dejan un importante campo de acción política para continuar legitimando el camino de los acuerdos de La Habana y la apertura formal de negociaciones con el ELN.

Si bien desde 2002 los alcaldes electos inscribieron sus candidaturas a nombre otras organizaciones políticas, todas las administraciones municipales de Pereira han estado en manos de dirigentes formados en el liberalismo. Este es el caso, nuevamente, de Juan Pablo Gallo, un joven dirigente que fue concejal por dos períodos a nombre de este partido.

En anteriores elecciones, en 3 de 9 casos la candidatura triunfante estuvo por debajo del 50% de la votación total. No obstante, no se identifican administraciones que hayan enfrentado agudas crisis de gobernabilidad, pues prácticamente todas han tenido la habilidad para conseguir el respaldo de las mayorías en el Concejo municipal. En esta oportunidad Juan Pablo Gallo consiguió el 62%.

En Pereira y Risaralda, el partido Liberal figura entre los ganadores netos de la jornada. Con su aval principal eligió alcalde en la capital y en coalición ayudó a elegir al gobernador.

La coalición que llevó a Juan Pablo Gallo a la alcaldía de Pereira conquistó una cifra récord de 126 mil votos (la más alta votación estaba en manos de Israel Londoño, quien en 2007 sumó 89 mil sufragios). Este resultado le entrega la legitimidad y el respaldo ciudadano necesario para cumplir con su programa de gobierno.

A nivel departamental este partido que había tenido un total de 43 concejales, en esta oportunidad disminuyó a 36 y mantuvo tres diputados en la Asamblea.

Estos resultados seguramente ocasionarán replanteamientos en la conducción de este partido. El número de votos conseguido por Juan Pablo Gallo  lo deja como jefe natural de la colectividad, mientras que la dirección política del representante Diego Patiño queda maltrecha si se atiende a la contradictoria orientación que impartió frente a la campaña de gobernación para insistir en su apoyo a la aspiración de Víctor Manuel Tamayo en los municipios diferentes a Pereira.

Las cifras electorales en esta ciudad se suman a las de otras cinco capitales en las que el liberalismo también consiguió elegir alcalde: Manizales, Armenia, Sincelejo, Inírida y San José del Guaviare.

El respaldo al gobernador electo en Risaralda se suma a las otras 17 gobernaciones donde el liberalismo fue influyente, bien asignando avales o bien participando de coaliciones triunfadoras.

El partido Conservador fue otro de los triunfadores netos en esta campaña. Sigifredo Salazar, inscrito como candidato a la gobernación por este partido, pero que encabezó una concertación multipartidista, acumuló el mayor número de votos (184 mil) desde que se eligen gobernadores y consiguió, por tanto, una importante capacidad de maniobra para la conformación de su equipo de gobierno y sus relaciones con la Asamblea. Este partido también se alzó con las alcaldías de Guática, Marsella y Santuario, y participó en tres coaliciones victoriosas (Pereira, Dosquebradas y Santa Rosa). Estos resultados posicionan notablemente al senador Sammy Mehreg y a los representantes Juan Carlos Rivera y Mauricio Salazar.

El nuevo gobernador tiene, en principio, la opción para conformar un bloque mayoritario con los diputados que participaron de su coalición: 2 liberales, 2 conservadores, 2 de Cambio Radical 1 del Mira y 1 del Centro Democrático, es decir, 8 de 12.

El Centro Democrático, que venía de ser la fuerza política más votada en las elecciones presidenciales y de Congreso, tuvo un precario desempeño que solo le reportó un concejal en Pereira. En el resto del departamento, no consiguió ninguna alcaldía y solo sumó 1 diputado y 4 concejales. Se confirma de esta manera que los votos del expresidente Uribe no son endosables y que el respaldo abrumador en las urnas es asunto del pasado lo cual, por supuesto, no es una mala, sino una buena noticia para el proceso de paz.

El senador del partido de La U, Carlos Enrique Soto y su equipo dirigente, figuran entre los perdedores netos de esta jornada así, incluso, hayan aumentado de tres a cuatro el número de diputados y hayan incrementado de 31 a 36 los concejales. A cambio, perdieron tres de cuatro alcaldías y no estuvieron en la coalición triunfadora en la gobernación. Se recuerda su inconsistente apoyo simultáneo a dos candidaturas a la gobernación y el no haber propiciado la apertura real de otras opciones para la alcaldía de Pereira diferentes a la de Israel Londoño cuando llegó a tener una baraja de 6 precandidatos. En su organización política -la Casa de la Democracia, solicitó y obtuvo facultades plenas para designar el candidato oficial a la alcaldía. Vendrán ahora al interior de este partido en Risaralda las cuentas de cobro y no parece fácil que se mantenga unido.

Tampoco salió bien librado el gobernador Carlos Botero. Fracasó con su candidato Germán Aguirre y sólo a último momento, forzado por la ruptura con el partido de la U, terminó haciendo guiños a la campaña de Juan Pablo Gallo. Quedan serios nubarrones en su horizonte político.

Cambio Radical, el partido del vicepresidente Germán Vargas, tuvo un desempeño agridulce. Creció en su votación y número de curules, pero perdió en su empeño de hacer reelegir a Israel Londoño y sufrió las consecuencias del abandono de Germán Aguirre como su candidato a la gobernación.

Por fuera de las estructuras partidistas tradicionales, y quizás contra ellas, en el municipio de Belén la alcaldía quedó en manos del Movimiento Cívico Belumbrense que con el 62% de los votos válidos derrotó la candidatura del partido Conservador. Este fue el único caso de la denominada ‘antipolítica’ que triunfó en Risaralda.

En Mistrató, el Movimiento Independiente Alternativo Social – MAIS, con la mitad de los votos válidos pudo obtener la alcaldía.

A partir de 2016 se podría estar prefigurando una circunstancia inédita en Pereira: que se ponga en marcha el esquema gobierno oposición y que esta última corra por cuenta, esencialmente, del partido de la U, Cambio Radical, el Mira y el Centro Democrático. Todo sin contar con la posición del concejal del PDA.

En esta oportunidad volvió a hacer presencia el voto de opinión. Para el caso de la Gobernación, descontados los votos que colocaron los diferentes partidos a la Asamblea departamental (143 mil), los sufragios totales por Sigifredo Salazar contabilizaron 184 mil.

En Pereira, los votos para Concejo depositados por los partidos de la coalición triunfante llegaron a 54 mil, pero el candidato sumó 126, es decir, 72 mil ciudadanos que lo apoyaron en su aspiración por fuera de los circuitos partidistas.

En consecuencia, puede afirmarse que estas elecciones terminaron decidiéndola los ciudadanos sin partido. Un hecho opuesto a lo sucedido en anteriores oportunidades donde, por el contrario, las listas de Concejo que respaldaban a Juan Manuel Arango en 2011 sumaron muchos más votos (91 mil) de los que él logró en las urnas (68 mil).

También se argumenta que estas elecciones pasaron una cuenta de cobro en el departamento a las aspiraciones reeleccionistas de Víctor Manuel Tamayo y de Israel Londoño, quienes en 2007 habían conformado la denominada ‘llave de oro’. Las nuevas realidades políticas dejaron sin piso esta aspiración y apuntalaron nuevos argumentos para quienes consideran que la reelección también debe prohibirse constitucionalmente para las autoridades territoriales.

Una gran dispersión político-partidista en la conformación de los Concejos hará más compleja la tarea, tanto del gobierno como de la eventual oposición. Por ejemplo, en Santa Rosa el alcalde tendrá que relacionarse con 10 organizaciones políticas, en Pereira con 9 y en Dosquebradas con 8, para citar tres casos. Esta clara fragmentación política, que poco o nada se relaciona con definiciones programáticas, hará inocua la figura de las bancadas partidistas y es altamente probable que los concejales solo terminen representándose a sí mismos.

Una última observación: en Risaralda, no todas las encuestadoras se aproximaron a la realidad de las urnas y algunas, hasta último momento, pronosticaban el triunfo de Víctor Manuel Tamayo a la gobernación.

Impactos políticos previstos

Se ha configurado así la nueva línea de base política que alimentará en el futuro inmediato las decisiones sobre los nuevos planes territoriales de desarrollo, los nuevos planes de ordenamiento (con excepción de Pereira que lo aprobó recientemente) y los alineamientos alrededor de las precandidaturas presidenciales que ya comienzan a vislumbrarse.

El partido Liberal, ahora ha quedado bajo la conducción (real, no formal, que sigue en manos de una dirección colegiada) del expresidente Gaviria. Este partido ha recuperado espacios político-electorales en Risaralda que le permitirán, muy seguramente, contribuir a apuntalar su propia candidatura presidencial y de allí se deriva un compromiso para mantener y acrecentar el respaldo en las alcaldías que consiguió con aval propio y las que se eligieron con su concurso en coaliciones. Algo similar debe decirse del reto que empezará a enfrentar el partido Conservador.

Pero estos resultados también incidirán significativamente en el futuro de la representación parlamentaria del departamento. No es seguro que el senador Soto pueda conseguir el respaldo político para su reelección y, por tanto, queda abierta la pugna por la dirección del partido de la U.

En el partido Liberal, no se descartan voces solicitando nuevos aires en su conducción y las miradas recaen sobre el representante Diego Patiño y sobre las aspiraciones parlamentarias del exconcejal Juan Carlos Reinales.

En el seno del conservatismo, las votaciones dejan robustecida la jefatura del senador Sammy Mehreg y los dilemas empezarán a correr por cuenta del representante Mauricio Salazar quien deberá decidir si entra en su círculo de poder o se mantiene con expresiones de independencia política. Este último proceso muy probablemente se complementará con las determinaciones adoptadas por Opción Ciudadana, movimiento apadrinado en esta campaña por María Irma Noreña.

Cambio Radical que a través de estas elecciones en el país trabajó por la conformación de las bases necesarias para la aspiración presidencial de Germán Vargas perdió con su candidato a la alcaldía de Pereira y su ingreso a regañadientes a la coalición de la gobernación no lo deja con el oxígeno suficiente para potenciar como esperaba este proyecto en Risaralda. A lo cual debe sumarse la confrontación nacional en marcha que sitúa prácticamente por fuera a este partido de la Unidad Nacional tras las acusaciones del partido de la U y del partido Liberal en el sentido de un uso indebido que el vicepresidente hizo de su poder de inversión de recursos públicos en esta campaña.

En la orilla del PDA la importante votación por Luz Yasmid López, una dirigente que no había militado en esa organización, la deja en condiciones de disputar un alto cargo de dirección política.

La Unión Patriótica merece capítulo aparte: compitió, luego de años de ausencia, en el tarjetón del Concejo de Pereira y si bien no obtuvo un escaño, su participación debe sumarse a la que a escala nacional se realizó como una manera de prefigurar las dinámicas políticas que se avecinan con el post acuerdo de La Habana.

El MIRA además de haber perdido tres mil votos en el departamento, tiene serios problemas para mantener la credibilidad de una actuación simultánea en dos orillas políticas diferentes como las representadas por las campañas de Israel Londoño y de Sigifredo Salazar.

En fin, en la Alianza Verde, la derrota del concejal Rubén Darío Orozco (quien acompaño las aspiraciones de Israel Londoño) y el ascenso a esta curul de Carolina Giraldo seguramente reconfigurarán la dirección de esta colectividad.

Solo las siguientes elecciones territoriales permitirán evaluar el impacto que sobre la inscripción de candidatos por grupos significativos de ciudadanos tuvo la renuncia de dos de los candidatos que hicieron uso de este mecanismo.

Algunos retos

Con la nueva relación política de fuerzas derivada de estas elecciones se pueden describir algunos desafíos para el fortalecimiento de la democracia territorial y nacional.

Retomar el sendero de las diferenciaciones ideológicas es parte de los retos de los partidos. Como se destacó en La Silla Vacía (23/10/15), las alianzas en estas elecciones no dominaron el debate en el nivel local, no se vieron las diferenciaciones ideológicas y esto no es una buena señal para la democracia en el largo plazo.

Siguiendo a la publicación citada, en Risaralda también se confirmó que los partidos dependen de los candidatos y no los candidatos de los partidos. Aquí el desafío es mayúsculo y pasa por la democratización y el fortalecimiento institucional de estas organizaciones que parecen empezar y terminar su compromiso en las urnas.

Tal como lo señaló la revista Semana (23/10/15) “la gran novedad de estas elecciones fue la posibilidad de que los candidatos se inscribieran con el aval de varios partidos, y no de uno solo. En consecuencia, todos los que apoyaron cada candidatura ganadora reclamarán para sí esa victoria”. Aquí el reto por parte de la ciudadanía consistirá en desplegar una capacidad de control político que diferencie las cuotas partes de los partidos de la coalición en las promesas que eventualmente se incumplan de los programa de gobierno en manos de administraciones multipartidistas.

Se espera que los alcaldes y el gobernador electos transformen sus administraciones en efectivos procesos territoriales para la paz y, cada uno en su jurisdicción, establezca en sus planes de desarrollo y en sus planes de ordenamiento territorial sus propias responsabilidades para articularse a los programas nacionales en esta materia.

Está previsto que el proceso de paz desatará una nueva generación de reformas que modifiquen el sistema político: una organización electoral independiente, un financiamiento público más amplio y por anticipado para garantizar la equidad entre campañas, una Fiscalía comprometida con la lucha contra los delitos electorales y, por supuesto - la más difícil de todas- listas cerradas que eliminen los incentivos individuales para hacer política. No parece viable fortalecer los partidos sin adoptar la lista cerrada y sin que el Estado ofrezca una mayor financiación pública a la actividad político electoral. Este es un camino incierto y de gran dificultad debido a la fuerte oposición que habrá de despertar.

En el campo de la administración local, el balance de la campaña para el Concejo de Pereira indica que 9 estuvieron en la campaña de Juan Pablo Gallo, 9 con Israel Londoño y 1 (el del PDA) se consideró al margen de esta confrontación. Conseguir una relación democrática y transparente entre la administración municipal y el cabildo será uno de los primeros retos de alcalde Gallo.

Por último, es de esperar que a partir de 2016 la nueva realidad política propicie un control político eficaz y constructivo sobre los nuevos mandatarios. Le haría bien al departamento que la gobernación y las alcaldías dieran las garantías necesarias para hacer operativo y creíble el esquema gobierno-oposición.

Edición 470 – Semana del 30 de octubre al 5 de noviembre de 2015
   
 
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