Sandra Campos
  Humanista, abogada, máster en gobierno de ciudad de la Universidad de Barcelona
 
   
 

De las riquezas culturales locales, a las homogenizaciones culturales planetarias

Antiguamente para el ser humano era habitual vivir articulado con la naturaleza. Él se sentía parte de la misma, lo que no se cuestionaba, pues era lo “común”, lo “evidente”. Esta articulación la expresaba... de manera permanente en su vida cotidiana, en su cultura, en su religión… Una de estas expresiones, era cómo celebraban mediante rituales y fiestas de diferente índole, la llegada de los equinoccios, los solsticios, y con ellos, el cambio de las estaciones en las regiones no tropicales del planeta. Una de estas celebraciones, y es sobre la cual quiero reflexionar, era cómo celebraban la llegada del equinoccio de otoño y con él, el fin de la época de las cosechas, la llegada del frío, de la oscuridad, del tiempo del recogimiento, de recuperar energías interiores. Por ejemplo los celtas pensaban que en ese momento del año se juntaban el mundo de los muertos con el de los vivos, lo que permitía el paso de los espíritus tanto benignos como malignos del mundo del más allá a nuestro mundo. Con esta fiesta los celtas buscaban atraer a los espíritus benévolos y alejar a los que hacían daño.

Cuando los romanos dominaron con su Imperio a otros pueblos, les impusieron su cultura, la cual a su vez, vivió procesos de sincretismo al mezclarse con las culturas de los pueblos por ellos dominados. Las fiestas con las que celebraban el equinoccio o de otoño no escaparon a este proceso y fueron asimiladas a algunas de las suyas. Una de ellas pudo haber sido la fiesta romana del “Mundus Patet”, que coincidía aproximadamente con el 8 de noviembre de nuestro calendario gregoriano. Ese día para los romanos era el último día en que se consideraba abierta la puerta del mundo subterráneo.

Luego, avanzando en el tiempo, quien llegó a dominar el mundo occidental fue la Iglesia Cristiana. Ella, dentro de toda su estrategia por consolidar su poder en la tierra, consideró importante quitarle fuerza a las fiestas paganas y una de las maneras que utilizó para conseguirlo fue asimilarlas a las fiestas cristianes. Por este camino, las fiestas que se celebraban para darle la bienvenida al Otoño, por aquellos a quienes los cristianos llamaban pueblos “paganos”, fueron asimiladas por la fiesta de “Todos los Santos”, fiesta que instituyó el papa Gegorio III (731-741), quien para el efecto consagró a “Todos los Santos”, una capilla en la Basílica de San Pedro y fijó la efeméride de esta fiesta cristiana para los primeros días del mes de noviembre. Más tarde, a mediados del siglo IX, el papa Gregorio IV (827 – 844), extendió esta celebración del 1º de noviembre a toda la Iglesia Cristiana.

Lo que quiero argumentar hasta este punto, es que las fiestas que hacemos hoy día, la noche que antecede al 1º de noviembre, como el Halloween, la Castañada, por nombrar algunas de las muchas que existen por todo el planeta para celebrar esta efeméride, realmente tienen su origen común en las celebraciones paganas que se realizaban con motivo de la llegada del otoño, las que se fueron desarrollando y transformando a través del tiempo debido a las imposiciones culturales de los pueblos que fueron dominantes de otros pueblos, los sincretismos vividos en estos procesos de dominación, los desarrollos propios de las culturas locales, entre otros.

Halloween, es una fiesta de origen anglosajón que llegó a los Estados Unidos de Norte América de la mano de los irlandeses que migraron alrededor del año 1845 a ese país, movidos por la gran hambruna vivida en Irlanda. Efectivamente, los Irlandeses celebraban la noche anterior al 1º de noviembre con una fiesta que llamaban All Hallows' Eve, nutrida por tradiciones celtas, entre otras fuentes, dentro de las cuales estaba también la leyenda de Jack-o’-lantern, que se representaba con una calabaza gigante, hueca y con una vela por dentro.

En 1921 se realizó en el Estado de Minnesota (E.U.), el primer desfile masivo de esta fiesta, la que fue posteriormente replicada por otros Estados Unidos. Durante varias décadas, la fiesta que se llamó Halloween, como derivación del All Hallows' Eve (víspera a todos los santos) irlandés, fue ganando popularidad, hasta que en 1978 se hizo internacionalmente conocida a través de una película que llevaba el nombre de Halloween, escrita por John Carpenter, famoso director cinematográfico, miembro del grupo de cine de terror moderno llamado “las tres C” y la actriz y guionista Debra Hill, película que fue un gran éxito mundial.

Esta fiesta ha llegado hasta nuestros días gracias al enorme despliegue publicitario y comercial que se le ha venido dando, convirtiéndose en una fiesta masiva en ciertas partes del mundo, es decir, ha pasado a formar parte de una fuerza global tendiente a la masificación cultural de las personas, facilitando con ello, el consumo de bienes y servicios producidos a escala mundial y pensados para mercados (consumidores) que se comportan de la misma manera en cualquier parte del planeta.

La otra fiesta que mencioné a manera de ejemplo en este escrito, fue la “Castañada”, fiesta que toma su nombre de la Castaña (Fruto del Castaño), con la cual se le da en Cataluña la bienvenida al otoño. La Castaña es un alimento que comen en estas tierras desde hace muchos siglos, para recuperar energías cuando llegaba el frío. Parece que hacia el siglo XVII se popularizó el hábito de comer castañas y aparecieron los puestos de venta de estos frutos en las calles, atendidos básicamente por mujeres que se llamaron “castañeras”.

La fiesta de la Castaña o Castañada, está estrechamente ligada a la llegada del otoño y al día de los Difuntos el 1º de noviembre. De hecho las leyendas populares cuentan que hace varios siglos se tocaban las campanas de las iglesias sin parar para avisar a la gente que había llegado la hora de rezar por los difuntos. En esas noches interminables y de largo esfuerzo se consumían castañas para recuperar energía y poder aguantar la jornada. Hoy en día se celebra con la llegada de una señora: “La Castañera”, con su canasto lleno de castañas listas para torrar. Esta fiesta se acompaña de comidas propias de la temporada como boniatos, frutos secos, panellets y otras comidas y bebidas típicas de la región.

Fiestas como la “Castañada” hacen parte del acervo cultural de los pueblos son manifestaciones culturas locales que llenan de diversidad el mundo y lo hacen rico e interesante en puntos de vista, en formas de ver las cosas, expresan un “sentido de interpretación de la vida”, por lo tanto para aquellos que las celebran, son significativas.

Yo entiendo que una fiesta como Halloween, se celebre en los países anglosajones, porque en ellos tiene sus raíces históricas y culturales, por lo tanto tiene un “sentido” cultural para los pueblos que la practican. Lo que no acabo de entender, es como otros pueblos del mundo culturalmente ricos, copien manifestaciones culturales que les son ajenas, que no tienen ningún sentido cultural para ellos, como quiera que no los interpretan ni los expresan, no nacen de su seno, son impuestas o copiadas.

Me parece curioso que en Cataluña, por ejemplo, se copie una fiesta como el Halloween que impulsa al consumo de “candies” o dulces, los que usualmente son elaborados a través de procesos químicos e industriales, llenos de colorantes artificiales, que ya sabemos terminan siendo tóxicos y dañando la salud de aquellos que los consumen – nuestros hijos -, cuando la cultura catalana es una cultura vernácula, que se nutre de la tierra, pletorita en sentidos culturales, como se refleja en la fiesta de la “castañada”, en la cual, entre otras cosas, se estimula a los niños a comer productos de la tierra que los alimentan y les dan energía, como lo son las castañas, los boniatos, los frutos secos, entre otros.

Es importante dialogar con lo que culturalmente genera la humanidad a nivel planetario, lo cual no implica que lo copiemos, tampoco se trata de ser culturas localmente cerradas. Desde mi punto de vista creo que lo que se debe hacer es establecer diálogos entre las culturas locales y las construcciones globales de la humanidad, sin perder las identidades locales, nuestras raíces, de dónde venimos, puesto que si las perdemos no nos quedará otro destino que fundirnos en esos espacios homogenizados e impersonales. La única manera de establecer con los otros pueblos y culturas un diálogo enriquecedor, es tener una base cultural local, desde donde se pueda establecer este diálogo. Creo que de esta manera podemos alimentarnos de las otras culturas y sus diferencias sin perdernos en lo que no somos, en lo que no nos representa, en lo que no nos dice realmente nada, porque no tiene sentidos culturales que nos digan algo. También creo que las culturas locales son las que tienen la proximidad con el territorio, con la naturaleza, con la tierra, y por lo tanto son las que más pueden aportar en la búsqueda de una nueva manera de vivir y convivir con la naturaleza, recuperando esa articulación y esa armonía con la naturaleza que tenían antiguamente los pueblos y que ahora se hace tan necesario volver a recuperar, ahora que estamos volviendo a tener consciencia de que somos parte de la naturaleza y del planeta tierra.

sandracampos@imagobarcelona.org

Directora de www.imagocatalunya.org Blog https://sandracampo2013.wordpress.com/

Edición 472 – Semana del 13 de al 19 de noviembre de 2015

   
 
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