Víctor Negrete Barrera
  Centro de Estudios Sociales y Políticos. Universidad del Sinú
 
   
 

Así como él hay otros que piensan lo mismo…

El hombre de quien les voy a contar lo conozco hace muchos años, cincuenta y dos para ser exactos. Nadie sabe de dónde le vino o de quién heredó ese carácter tranquilo y sosegado que tiene; esa disposición hacia la soledad y el silencio; esa manera de ser sencillo, humilde, sentimental y comprensivo; esa cualidad de servir y apoyar a quien lo necesite; ese temperamento reacio a no dejarse doblegar por las dificultades y buscar siempre lo más cercano a la verdad, la justicia, la honestidad y la innovación en lo que produce. En fin, un hombre común y corriente pero diferente.

El primer discurso público que pronunció, poco antes de graduarse, fue ante estudiantes y profesores de la institución donde estudió para ser maestro de escuela. Habló, recuerdo, sobre el conformismo de la gente que le impide resolver muchas cosas factibles. Ya nombrado como docente en 1965 le tocó participar en la primera huelga prolongada del magisterio del departamento de Córdoba y su papel como animador y vocero fue calificado de importante. Los años siguientes fueron de formación y docencia en Bogotá. De regreso a Montería, con ocupaciones ocasionales y responsabilidades familiares, debió malvender la mayoría de los libros que había reunido para sobrellevar los gastos mínimos necesarios. En este tiempo dictó clases de matemáticas, creó y dirigió obras de teatro estudiantil, atendió niños y adolescentes con problemas familiares en el llamado reformatorio de menores y escribió una que otra nota o carta para el diario El Espectador por iniciativa del corresponsal Jairo Polo.

En 1972 encontró el camino que buscaba: comprendió la necesidad de conocer la historia y cultura de los pueblos, la mentalidad de sus grupos y sectores; la importancia de la investigación para hacer realidad estas labores y el empleo de todos los medios posibles de información y comunicación para divulgar los resultados obtenidos con participación de los protagonistas, testigos y conocedores. Su propósito: ayudar a crear democracia participativa con bienestar para todos, en especial para los vulnerables, victimas y los dispuestos a la superación personal y familiar. En cumplimiento de esta misión crea y apoya numerosas organizaciones sociales, comunitarias, eclesiales, culturales, académicas, deportivas, históricas y artísticas. Produce investigaciones o estudios, solo o en grupos, sobre temas históricos, sociales, ambientales, culturales y de violencia. Publica y elabora libros, revistas, cartillas, folletos y videos. Utiliza con frecuencia radio, prensa, televisión, ilustraciones, fotografías e internet. Promueve y organiza concursos, semanas culturales, ferias de la ciencia, recorridos por ríos y ciénagas. Participa en múltiples reuniones, foros, seminarios, talleres, simposios y diplomados como organizador, ponente, panelista o asistente. A esta tarea le ha dedicado 43 años seguidos. Manifiesta que le proporciona satisfacciones a granel, creación e innovación permanente, incomprensiones, decepciones, riesgos y fracasos.

Las viejas y recientes preocupaciones

Este hombre de quien les hablo, con frecuencia piensa sobre la situación del departamento de Córdoba. Estas son algunas de sus preguntas e inquietudes: “¿por qué después de 63 años de ser departamento con recursos y posibilidades reales para estar en mejores condiciones, seguimos teniendo tan altos índices de pobreza, violencia e inequidad?, ¿cuáles son las razones por las que casi todos los días la prensa local registra homicidios en diferentes municipios?, ¿a quiénes debemos que la quinta parte de la población sea víctima del conflicto, la concentración de la tierra crezca sin pausa y la inseguridad esté presente en todos los lugares?. Cuánta falta hacen los estudios, normas y programas que de verdad sean útiles a las madres cabeza de familia, madres solteras, adolescentes embarazadas, consumidores de alcohol y drogas, pandilleros y delincuentes, muchachos y muchachas con vocación y aptitudes pero sin apoyo de ninguna clase. ¿Cuándo disminuiremos la agresión a mujeres y niños y las hostilidades a los vecinos y a los que no piensan y actúan como yo? ¿Cuándo empezamos a hablar y ejecutar programas de desarrollo urbano y rural que saque de la miseria y la pobreza a gran parte de los habitantes de los barrios subnormales y populares y de veredas y corregimientos? ¿Y qué pensamos de los bosques, humedales y cambio climático? ¿Qué hacemos para que los funcionarios elegidos (gobernador, diputados, alcaldes y concejales) cumplan su labor con capacidad, dedicación, eficiencia, ética y honradez?

En cuanto las organizaciones sociales y comunitarias, acciones comunales, iglesias, academia, resguardos indígenas, consejos comunitarios, organismos de cooperación internacional y centros de investigación, entre otros, nos llegó la hora de rendir cuentas sobre esta situación del departamento. ¿Cuál ha sido nuestra labor?, ¿qué cambios positivos permanentes hemos propiciado?, ¿cuántos errores hemos corregido?, ¿sistematizamos y damos a conocer nuestras experiencias?, ¿hasta qué punto hemos permitido y fomentado la debilidad y descoordinación de las comunidades y organizaciones por razones políticas, ideológicas, religiosas o de cualquier otro tipo?; ¿cuándo elaboraremos propuestas integrales y visionarias para el desarrollo del departamento e iniciaremos la integración como región con el departamento de Sucre y las zonas del bajo Cauca, Urabá antioqueño, bajo Atrato y sur de Bolívar?

El deterioro de las normas, principios y capacidades personales y colectivas

Vivir durante 63 años con la presencia y presión de grupos armados ilegales de diferentes concepciones, el narcotráfico y la corrupción, soportando la pobreza y el abandono, la falta de oportunidades y una mentalidad conformista producto de lo anterior, ha ocasionado el deterioro de normas, principios y capacidades individuales y colectivas. Quiero mencionar algunas:

- A pesar de los hechos no somos previsivos ni aprendemos de las lecciones. Los ejemplos son evidentes: las dos grandes obras, la hidroeléctrica de Urrá y el complejo minero Cerro Matoso, a pesar de haberse anunciado su construcción con años de anticipación nunca nos preparamos para asumir sus consecuencia negativas y positivas. Hemos desaprovechado los conocimientos y experiencias de las desmovilizaciones de la guerrilla del Ejército Popular de Liberación EPL y las Autodefensas Unidas de Colombia AUC, ocurridas en nuestro territorio.

- Nos falta formación y visión para emprender procesos integrales y novedosos de transformación urbana y rural a mediano y largo plazo. El ejemplo de lo que ocurre en Montería en los últimos años es un reto que debe motivarnos a continuarlo y mejorarlo.

- La historia y la memoria histórica son piezas claves para reconstruir el pasado, entender el presente y planear el futuro. La contradicción o la esencia de la memoria histórica es que ella misma se niega u oculta en muchos casos para mitigar, desdoblar y evitar nuevos sufrimientos, impidiendo o retardando al mismo tiempo conocer la verdad de lo sucedido.

- Los grupos armados ilegales o cualquier otro grupo que ejerza presión contra las comunidades, elimina o reduce la capacidad de sus miembros a enfrentar con éxito las adversidades que se presentan.

- El manejo de las diferencias, en especial las de tipo político e ideológico, las vuelven discriminatorias y amenazadoras, recortando o complicando las relaciones comunitarias y familiares.

- La superación personal constante, así sea con severas limitaciones como ocurre en los territorios rurales y los asentamientos populares urbanos, muchos la desvían hacia actividades ilícitas y peligrosas. Es un hecho que la ilegalidad le ofrece mayores oportunidades de trabajo y acción a los jóvenes que la legalidad.

- Alcanzar las metas y objetivos con trabajo decente y medios lícitos es un sueño cada vez más lejano para amplios sectores de las comunidades. En la medida que se alejan estas posibilidades crece la fatalidad, la resignación y el conformismo.

- Superar la pobreza física y mental es un proceso que requiere formación, esfuerzo, disciplina y persistencia que pocos alcanzan. No puede ser esporádico o coyuntural, requiere acompañamiento y evaluación permanente.

Por estas razones creo lo siguiente:

- Al parecer los municipios del Sur (Montelibano, Puerto Libertador, San José de Urá, Tierralta y Valencia) están priorizados, una vez firmados los Acuerdos de Paz de La Habana, para recibir los primeros beneficios del llamado Posconlficto.

- Hasta el momento la mayoría de la población de la zona del sur y el resto del departamento no conocen los Acuerdos logrados. Los organismos de cooperación internacional, más informados, organizan capacitaciones y propuestas para las organizaciones, comunidades y alcaldes elegidos. Estos últimos asisten a reuniones con instituciones del gobierno y basados en los planes de gobierno que presentaron y analizan cómo le van hacer frente a este compromiso.

- En general podemos concluir: faltan acuerdos sin aprobar, las propuestas de la guerrilla y las determinaciones del gobierno crean polémicas que radicalizan las posiciones, la oposición de partidos políticos al proceso se mantiene y los grupos interesados en conservar lo que no les pertenece se resisten a perderlos o disminuirlos.

- Las administraciones municipales acusan debilidad administrativa en casi todos los aspectos, equipos sin experiencia y poco preparados, la capacidad de gestión es mínima y la coordinación con las organizaciones sociales y otras instancias es escasa.

- Es tal el atraso de la zona que los alcaldes elegidos deben resolver necesidades básicas primarias como agua potable, salud, educación, basuras, vías terciarias y vivienda, entre otras. Difícil que piensen y ejecuten programas sobre usos y tenencia de tierras, narcotráfico, seguridad, erradicación de cultivos, otros grupos armados ilegales, reclutamiento de menores, atención a los desmovilizados y emigración a los centros urbanos para mencionar algunos.

En resumen: en Córdoba vamos a tener dificultades para identificar, elaborar y gestionar los programas del posconflicto a proponer y llevar a cabo en cada uno de los municipios del sur y en la zona en general. Conscientes de estas dificultades hay que proceder de inmediato a trabajar coordinados la institucionalidad local, las organizaciones representativas, la Diócesis, las empresas, los organismos de cooperación internacional y la academia.

Esperemos a ver qué sucede.

Edición 475 – Semana del 4 al 10 de Diciembre de 2015
   
 
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