Univalle es nuestra

 
Debemos continuar enseñando, investigando, y comprometiéndonos con la sociedad; pero también, trabajemos por consolidar una cultura de paz, de reconciliación y de esperanza para nuestra sociedad. Empecemos entonces a transformar de manera creadora y pacifica el conflicto al interior de Univalle en el marco de una universidad abierta y deliberante.
 
Héctor Alonso Moreno
 
Docente Univalle
 
 

Una tarde de mediados de agosto del año pasado al ingresar al campus universitario, un grupo de guardas de seguridad, tenía retenidos a tres presuntos delincuentes (dos hombres y una mujer) a quienes minutos antes se les había sorprendido al interior de la Universidad intimidando con armas blancas a nuestros estudiantes para que entregaran sus celulares y computadores.

Los guardas, mientras esperaban la presencia de las autoridades de policía para hacer entrega de estos rufianes, advertían a los estudiantes y profesores que a esa hora retornábamos a las actividades académicas y administrativas, acerca de la presencia de personas extrañas, que como los retenidos, ingresaban a la universidad para cometer toda clase de fechorías.

Recuerdo igualmente, hace ya un par de meses, cuando de frente me topé con un grupo de encapuchados, vestidos pulcramente de negro, y quienes en un riguroso desfile, portando la bandera de Colombia, se disponían a encender una pedrea en la avenida paso ancho. De paso, entregaban a los transeúntes del campo universitario boletines del Movimiento Bolivariano.

Igualmente recuerdo que en una ocasión, unos encapuchados, no de negro, ni de los colores tradicionales de la muchachada universitaria, sin entregar ningún volante que justificaran sus acciones, encendían a piedra la tradicional avenida paso ancho, y todos nos preguntábamos, ¿y estos de que combo son?

La universidad se parece íntegramente a Colombia; es colombiana, sus muchachos son colombianos, sus profesores y directivos somos colombianos; sentimos el país, hacemos parte de esa Colombia martirizada por la violencia y asaltada constantemente por la inseguridad. Somos parte de un territorio científico y cultural donde también se expresa con ferocidad el conflicto de la sociedad colombiana.

De ahí, que el resultado dramático de las ultimas pedreas en Univalle nos debe llevar a reflexionar, seriamente, acerca de la irracionalidad del uso de la violencia como método para resolver los conflictos en la universidad y en la sociedad. Y de la peligrosidad de que en la capucha se esconda, no solo la expresión de unas agendas políticas, sino también, otro tipo de agendas ajenas al interés político, social y cultural de los estudiantes. La capucha es contraria a la democracia; acá en univalle son mayoritarias, como en la sociedad colombiana, las agendas abiertas del movimiento estudiantil, sindical, profesoral, y ciudadanas.

Pero no se puede desconocer que en nuestra universidad también se expresan de manera minoritarias las agendas de los rateros que asaltan en ocasiones a mano armada a nuestros estudiantes y de los jíbaros del micro tráfico que envenenan a nuestros estudiantes con marihuana y otras sustancias psicoactivas, junto a las agendas de los grupos armados guerrilleros que aún creen que el campus universitario es trinchera y retaguardia militar de una soñada revolución.

Todo lo anterior venia transcurriendo al interior de la universidad con el silencio cómplice de las mayorías institucionales; hasta que en los primeros días de junio la actual dirección de la universidad, en un acto de recuperación de la soberanía de sus estamentos universitarios, realizo un registro administrativo de sus zonas comunes que puso en evidencia la multiplicidad de agendas que se mueven al interior de la universidad. Ello hizo despertar a muchos de los miembros de la comunidad académica de la pasividad en que viven en la universidad. Ese acto de inspección administrativa del campus logro llamar la atención de una sociedad adormecida que no quiere despertar del letargo y que ha perdido su capacidad de asombro ante tanta violencia.

La inspección administrativa fue un acto simbólico de soberanía que nos recuerda que la universidad es india, negra, y mestiza; es una universidad donde se respeta el género, la libertad de pensamiento y acción, y en donde se cultiva solo la ciencia y el conocimiento; pero también la inspección administrativa fue un acto de soberanía que nos recordó que la universidad es de todos los que la habitamos ajenos a la violencia.

Es preciso reafirmar una vez más, que la Univalle tiene su mejor patrimonio en los treinta mil estudiantes, en nuestros cientos de programas académicos registrados, en nuestros cientos de proyectos de investigación; muchos de los cuales apuntan a contribuir a la superación del déficit democrático que aqueja a nuestra sociedad, y en la alta formación y calidad académica de los profesores, que unido al compromiso institucional de trabajadores y empleados, trabajamos a diario para que esta siga siendo una de mejores universidades públicas de Colombia; y para que continúe con su política de docencia, investigación y extensión, contribuyendo con su conocimiento científico a dar solución a los grandes problemas regionales y nacionales.

Es hora de actuar, el país avanza en el camino del dialogo como forma de solución de sus conflictos, la universidad no puede ser ajena a la dinámica de la paz por más que este impregnada mínimamente de la ferocidad, de la inseguridad y de la guerra. Trabajar a favor de la paz y la solución negociada de los conflictos es parte de nuestro eje misional.

Debemos continuar enseñando, investigando, y comprometiéndonos con la sociedad; pero también, trabajemos por consolidar una cultura de paz, de reconciliación y de esperanza para nuestra sociedad. Empecemos entonces a transformar de manera creadora y pacifica el conflicto al interior de Univalle en el marco de una universidad abierta y deliberante.

Edición 499 – Semana del 17 al 23 de Junio de 2016
   
 
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