Preguntas incómodas

 
No podemos caer en el error de ocultar los intereses económicos que se ciernen sobre un país como Colombia que está ad portas de desmovilizar a por lo menos seis mil guerrilleros, que abandonarán territorios en donde en el subsuelo se esconden oro, carbón y coltán, entre otras materias primas. Y más aún, cuando las propias multinacionales mineras saben de los problemas que Colombia afronta para controlar las actividades extractivas, dado su débil institucionalidad ambiental.
 
Germán Ayala Osorio
 
Comunicador social y politólogo
 
 

Las reacciones violentas que generó la pregunta que le hizo la periodista de RCN, Karla Arcila, al presidente Santos durante la ceremonia de entrega del premio Nobel de Paz, ameritan una reflexión sobre el oficio del periodismo, el Premio mismo y la ceremonia de entrega.

Recordemos el interrogante: “Señor Presidente, ¿qué les dice Usted a sus oponentes, especialmente al expresidentes Uribe, que han dicho que el premio Nobel de Paz se compró por intereses petroleros de Noruega?”.

Lo primero que hay que indicar es que la periodista lanza la pregunta sobre la base de un comentario o señalamiento hecho, al parecer, por el senador Uribe Vélez. Eso sí, la periodista no dio detalles de cuándo y en qué contexto el ex mandatario hizo semejante señalamiento. El problema quizás esté en la insinuación que la periodista hace en el sentido de que un premio de esa categoría, pueda “comprarse”. A lo mejor el premio en sí mismo no pueda ser comprado, pero si se pueden advertir intereses de Noruega o de otros países europeos, interesados en invertir en el país, especialmente en actividades extractivas.

Es propio de los periodistas recoger opiniones de terceros “calificados”, para soportar en estas, las preguntas que a bien tenga hacerle al Presidente o cualquier persona que estime conveniente, en el contexto de su ejercicio reporteril. Que los interrogantes incomoden o no, es parte de las tareas de los reporteros. Baste con recordar los casos en los que el propio presidente Uribe Vélez se molestó por preguntas incómodas que periodistas le hicieron sobre temas como la compra de su reelección presidencial inmediata, a través de la entrega de Notarías a Yidis Medina y de un dinero a Teodolindo Avendaño.

En esta oportunidad, Juan Manuel Santos no pudo ocultar su incomodidad por el sentido de la pregunta, pero atinó a responder.

Lo que resulta inaceptable es señalar como imprudente la pregunta que Arcila lanzó al Presidente, porque en la ceremonia de entrega del Premio Nobel de Paz no se pueden o se podrían hacer este tipo de cuestionamientos. Es un acto público y político que está expuesto a que se den este tipo de situaciones. Insisto en que la labor del periodista es incomodar al poder. Y en este caso, Arcila lo logró.

Habría que mirar si la intención de la periodista solo era incomodar al Presidente y “afectar” el magno e inmaculado evento de entrega del Premio Nobel, o si por el contrario, buscaba advertir un hecho que no se puede ocultar detrás de la pulcritud de la ceremonia: dicho galardón viene investido de un carácter político. Y si aceptamos que dicha distinción tiene ese perfil, de manera natural caben toda suerte de preguntas y cuestionamiento porque cuando está de por medio el ejercicio del Poder, los intereses económicos afloran. Y más cuando detrás del apoyo de la “comunidad internacional” –incluyendo a Noruega– al proceso de paz con las Farc y a la firma del Acuerdo Final (II) está la enorme posibilidad de que lleguen al país más multinacionales mineras, o las que ya están en el país, expandan sus tentáculos a los territorios biodiversos que dentro de poco dejarán las Farc, una vez se desmovilicen.

No podemos caer en el error de ocultar los intereses económicos que se ciernen sobre un país como Colombia que está ad portas de desmovilizar a por lo menos seis mil guerrilleros, que abandonarán territorios en donde en el subsuelo se esconden oro, carbón y coltán, entre otras materias primas. Y más aún, cuando las propias multinacionales mineras saben de los problemas que Colombia afronta para controlar las actividades extractivas, dado su débil institucionalidad ambiental.

Ahora bien, dado que la periodista trabaja para el Noticiero RCN, podemos pensar que la pregunta buscaba “afectar” el buen ambiente de la ceremonia. En adelante, esperaría que la comunicadora y el Noticiero estuvieran atentos a la llegada de multinacionales al país, al igual que de los intereses que Noruega pueda tener sobre nuestros recursos. Esa labor de seguimiento honraría más el ejercicio del periodismo, que solo lanzar una pregunta con el único objetivo de incomodar.

Edición 525 – Semana del 16 de Diciembre al 19 de Enero de 2017
   
 
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