Solo Ineptitud o ¿cálculo político?

 
Las elites reaccionarias de este país enfrentaron los vientos democratizantes de la Constitución de 1991, prohijando la macabra estrategia paramilitar. En este caso, queremos seguir creyendo que es un asunto solo de ineptitud corregible y no de cálculo político que busca dividir y liquidar a las Farc como proyecto político. No puede ser posible tanta mezquindad.
 
Antonio Madariaga Reales
 
Director Ejecutivo Corporación Viva la Ciudadanía
 
 

La expresión concreta del compromiso de las Farc con el Acuerdo firmado en el teatro Colon de Bogotá son las conmovedoras imágenes del desplazamiento de miles de guerrilleros de las Farc-EP hacia las Zonas Veredales Transitorias y puntos transitorios de Normalización que hemos podido ver quienes creemos en la paz como el más público de los bienes públicos a que puede aspirar una sociedad.

Mientras eso sucede y si bien en términos de implementación hay algunos avances legislativos a través del Fast Track, y conocemos de la elaboración de matrices con las cadenas de valor para la implementación de los acuerdos que las instituciones estatales están elaborando, el más inmediato y de alguna manera crucial cumplimiento del Estado colombiano del Acuerdo que es la logística necesaria para una adecuada concentración de las fuerzas guerrilleras en las zonas y los puntos, es un fracaso.

El trabajo en las regiones y territorios que realizamos muchas y muchos colombianos nos han permitido ser testigos y nos han obligado a luchar contra la ineptitud estatal, a retar el poder inmenso que tiene la burocracia gubernamental para atravesarse como una vaca muerta en el camino de la puesta en marcha de las políticas públicas y a romper con la desidia de muchos funcionarios para realizar de manera honesta y comprometida su tarea.

Creíamos sin embargo, que en esta ocasión y dada la trascendencia de la paz, comprendida la magnitud de los compromisos a honrar y evidenciado el esfuerzo e involucramiento del presidente y de la delegación negociadora del gobierno para lograr el éxito de la negociación, todo ello se iba a reflejar en la superación de la inercia burocrática y en las previsiones y acciones necesarias para hacer ciertas las promesas consignadas en el acuerdo.

Lamentablemente no es así y hay que decirlo con todas sus letras: el gobierno está incumpliendo con la implementación en los asuntos más simples y ello puede tener graves consecuencias que queremos advertir.

Antes de ello señalamos que ese comportamiento va en contravía de lo expresado en diversas ocasiones por los miembros de la delegación negociadora y por el mismo presidente en el sentido de reconocer en las Farc un adversario político, que no fue derrotado militarmente y al que había que respetarle su dignidad. Resulta por tanto, inaceptable esa afrenta a la dignidad de los miembros de la guerrilla.

El primer riesgo que se corre con este comportamiento, consiste en que algunos miembros de las Farc, cansados de padecer incomodidades evidentes, que en el pasado ellos mismos solucionaban, decidan apartarse del grupo y buscar ya sea por vía lícita e individual, por ejemplo reuniéndose con su familia, o por vía ilícita, integrándose a bandas o disidencias, la forma de evadir las indignas condiciones en que se encuentran en algunas de las zonas.

El segundo más grave aún, es que frentes enteros que se mantuvieron en el proceso, aun con dudas sobre la real voluntad de paz del gobierno, su enemigo histórico, lleguen a la conclusión de que les pusieron conejo y decidan salir del proceso.

Es por ello que a nuestro modo de ver, se hace necesario un gran esfuerzo que dé tranquilidad al proyecto personal de cada uno de los guerrilleros, a través del Plan de Reincorporación, individual y colectivo y que otorgue base material al tránsito hacia el nuevo partido político. Esa es una responsabilidad ineludible.

No resulta por lo tanto adecuada la forma complaciente con la que el gobierno ha valorado estos incumplimientos, que repetimos no solo resulta grave por sus contenidos, también lo es por el mensaje que transmiten. En ese sentido, dura tarea van a tener los miembros de la delegación de gobierno para convencer a su contraparte del ELN en la mesa de negociaciones de la voluntad real de pactar el camino hacia la paz completa, si el punto de partida elemental con las Farc no se cumple.

Las elites reaccionarias de este país enfrentaron los vientos democratizantes de la Constitución de 1991, prohijando la macabra estrategia paramilitar. En este caso, queremos seguir creyendo que es un asunto solo de ineptitud corregible y no de cálculo político que busca dividir y liquidar a las Farc como proyecto político. No puede ser posible tanta mezquindad.

La otra fuente de preocupación que tenemos surge del deterioro de las mayorías gubernamentales en el Congreso para aprobar leyes y actos legislativos de la implementación, todo ello sin que aun esté en firme la campaña presidencial, lo que en un par de meses cambiará y hará saltar en pedazos la Unidad Nacional.

En la última votación del Acto Legislativo que crea el Sistema Integral de Verdad, justicia y reparación, hubo una exigua mayoría de solo dos votos. Si a lo anterior le sumamos la forma como el Fiscal Néstor Humberto Martínez, inicialmente aseguraba la entrada de dineros de Odebrecht a la campaña Santos presidente, erosionando la gobernabilidad del presidente estamos ante un panorama realmente preocupante.

Coda 1: El inicio de la fase pública de las negociaciones con el ELN renuevan la esperanza de conquistar una paz posible.

Coda 2: ¿El ataque del Fiscal Martínez al presidente solo buscaba hacerle un favor a su patrón político Vargas Lleras? ¿O también a su patrón Sarmiento Angulo en lo que hace a la caducidad del contrato de la Ruta del Sol?

Edición 529 – Semana del 10 al 16 de Febrero de 2017

   
 
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