El libro de las mujeres

 
“En todo momento de mi vida hay una mujer que me lleva de la mano en las tinieblas de una realidad que las mujeres conocen mejor que los hombres, y en las cuales se orientan mejor con menos luces. Esto ha terminado por convertirse en un sentimiento que es casi una superstición: siento que nada malo me puede suceder cuando estoy entre mujeres”…
 
Álvaro González-Uribe
 
Abogado, columnista y escritor
 
 

Por fortuna, las mujeres están de lleno en el mundo de la literatura, no solo como protagonistas de poemas, novelas, cuentos y obras de todos los géneros sino –para mayor fortuna– como escritoras, en especial de poesía donde su sensibilidad es clave.

Hay un escritor en cuya obra las mujeres son trascendentales (quizá en el que más): García Márquez. Y dentro de sus novelas hay una que me atrevo a denominar ‘el libro de las mujeres’: su obra cumbre, Cien años de soledad. Por eso es feliz la coincidencia de haberse celebrado esta semana el cumpleaños 90 de Gabo y también conmemorado el Día Internacional de la Mujer.

El mismo autor dice que pese a la proliferación e importancia de los hombres –en especial los hombres Buendías– la protagonista de Cien años de soledad es Úrsula Iguarán. No cabe duda: la casa, la familia Buendía, el devenir de Macondo, la vida misma de todo giran en torno a Úrsula, la fuerte, la del sentido común, la pragmática, la clarividente. Úrsula, el ser que se propone dar cierto orden al inevitable desorden de ese pueblo universal y a esa vida pletórica de enredos, de sueños, de locuras, de magias, de vida. Claro, hasta donde el realismo mágico lo permite. De no ser por Úrsula Iguarán y por otras mujeres de las obras de Gabo quizá el realismo mágico solo sería mágico, es decir, sería otra cosa.

Pero no es exclusivamente Úrsula la mujer que trasciende en la novela. Por sus páginas circulan, aman, lloran, ríen y aseveran decenas de mujeres de todas las condiciones, parentescos, regiones, edades, apariencias y ocupaciones. Quizá puedan leerse dos libros en Cien años de soledad: el de las mujeres y el de los hombres, aunque no tiene sentido separarlos, al igual que en la vida.

Además de Úrsula, como homenaje a la mujer en Gabo y en la vida y, por qué no, como forma casi de resumir el libro en un párrafo, recordemos otras mujeres de Cien años de soledad, cada una con su extraordinaria personalidad y unas más protagonistas que otras:

Rebeca, hija adoptiva de Úrsula y José Arcadio Buendía, fundadores de Macondo; Amaranta, hija menor de Úrsula y José Arcadio; Pilar Ternera, sirvió a la familia Buendía y tuvo una estrecha relación en todas sus generaciones; Remedios, la bella, bisnieta de Úrsula y José Arcadio; Fernanda del Carpio, esposa de Aureliano Segundo; Petra Cotes, amante de los hermanos Aureliano Segundo y José Arcadio Segundo; Santa Sofía de la Piedad, esposa de Arcadio Buendía, nieto; Camila Sagastume (La Elefanta), mujer gigantesca que compitió con Aureliano Segundo para ver quién comía más; Mercedes (la esposa real de Gabo), hija del boticario de Macondo; Visitación, criada indígena de Úrsula; Nigromanta, amante de Aureliano; Patricia Brown, hija del presidente de la compañía bananera; Renata Remedios Buendía (Meme), hija mayor de Aureliano Segundo; Tranquilina María Miniata Alacoque Buendía, abuela de Úrsula; y, Amaranta Úrsula, hija menor de Aureliano Segundo, quien tuvo un hijo con cola de cerdo (último vástago de los Buendía) fruto de la relación con su sobrino, Aureliano Babilonia.

¡Gabo y las mujeres! Siempre lo dijo y dejó escrito en entrevistas y ensayos: La importancia de la mujer en su obra es el reflejo de la importancia de la mujer durante toda su vida. El siguiente es uno de los más bellos pensamientos sobre la mujer, expresado por Gabo en El olor de la guayaba:

“En todo momento de mi vida hay una mujer que me lleva de la mano en las tinieblas de una realidad que las mujeres conocen mejor que los hombres, y en las cuales se orientan mejor con menos luces. Esto ha terminado por convertirse en un sentimiento que es casi una superstición: siento que nada malo me puede suceder cuando estoy entre mujeres. Me producen un sentimiento de seguridad sin el cual no hubiera podido hacer ninguna de las cosas buenas que he hecho en la vida. Sobre todo, creo que no hubiera podido escribir. Esto también quiere decir, por supuesto, que me entiendo mejor con ellas que con los hombres”. Y nos pasa a muchos, a mí sí que me sucede.

Y agrega en el mismo libro que “el machismo, tanto en los hombres como en las mujeres, no es más que una usurpación del derecho ajeno. Así de simple”.

Edición 533 – Semana del 10 al 16 de Marzo de 2017
   
 
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