En Pondores se encuentran el deseo de esperanza y otras miradas frente a la paz

 
Con el fin de aportar al diálogo constructivo que motive y aliente la implementación de las partes involucradas en el proceso de paz, delegados de las Comisiones Ciudadanas de Reconciliación y Paz de la costa caribe desarrollan acciones directas en alcaldías y puntos iniciales de concentración de las Farc – EP.
 
Martha C. Romero Moreno1
 
 

Sociedad civil organizada visita Punto
de Transición a la Normalidad (PTN) en Fonseca (Guajira)

Pondores es un Punto de Transición a la Normalidad ubicado en la Guajira, pero a parte de esa designación, ahí nada es normal. En un país que ha vivido más de 60 años de conflicto, no es normal tener al mismo tiempo, en el mismo espacio geográfico y sin que medie un enfrentamiento, a más de 250 guerrilleros de las Farc, un grupo del Ejército Nacional y un campamento de la ONU; eso sí, están juntos, pero no revueltos. Ese es el contexto que encontraron representantes de las Comisiones Ciudadanas de Reconciliación y Paz (CCRP) en la reunión que sostuvieron en Fonseca, motivados por el deseo de aportar desde la sociedad civil a la construcción de espacios de diálogo constructivo, construcción de paz y reconciliación.

Son las 8:40 de la mañana de un martes de fin de Febrero a menos de un mes de haber iniciado las concentraciones de las Farc en las Zonas Veredales. El ambiente era festivo en casi toda la región caribe, en especial al norte y aires de carnaval acompañaban el mosaico multicolor: maicena, bailes públicos, desfiles ya estaban llegando al final. En carros, motos, buses y a pie, poco a poco los delegados de Córdoba, Sucre, Atlántico, Cesar, Magdalena y los anfitriones de la Guajira se encontraron alrededor de un desayuno sencillo, adobado de expectativas, nerviosismo y convicción mientras comentaban con emoción los logros con las alcaldías de El Molino, La Paz, Fonseca y San Juan, donde habían animado la conformación de los Consejos Municipales de Paz.

Cerca de las 9 de la mañana se inició el camino. El corazón latía ansioso por la inminente cita, atizado por prejuicios y recuerdos que afloraban en la mente y palabras de los integrantes de las CCRP, que son mujeres y hombres de diferentes sectores como movimientos sociales, organizaciones de víctimas, campesinas, jóvenes, asociaciones religiosas, de mujeres, afros, académicos entre otros; todo un collage de ideas, de miradas y de sentires frente al pasado y la memoria, pero con un solo objetivo: aportar a la construcción de paz como sociedad civil desde el diálogo y la mediación.

La llegada

El camino desde la pujante población de Fonseca al sitio de encuentro fue rápido, menos de 30 minutos distan del límite urbano al primer cartel blanco con borde verde y signos distintivos de la Policía Nacional que da la bienvenida al “Punto de Transición a la Normalidad” y luego en orden fueron apareciendo unas especies de campamentos del Ejército por el lado del estado, el de la ONU como garantes del proceso y por último el espacio denominado zona de recepción, que es un lugar abierto distinto de los verdaderos campamentos, donde algunos de los 10 designados por las Farc en tareas relacionadas con el Acuerdo de Paz pueden hablar con organizaciones y medios de comunicación.

Se esperaba mucha restricción, requisas, revisión, vigilancia y caras formales, miradas duras; lo lógico para estos casos, pero lo que se encontró superó las expectativas. Desde el portón de madera aparecieron uno a uno caras amables, rostros apacibles y una atención desmedida que abrumaba. Desde ese momento del primer contacto en el portón de entrada la CCRP fue recibida con saludos, bienvenidas respetuosas, un refresco frío y la presencia agitada y alegre de Betho y Gotas, dos perros hermosos, bien cuidados y saludables que movían sus colas como quien recibe a un conocido. Las miradas se dirigían a todos lados, había tanto para mirar: letreros de construcción artesanal animando la paz, flores recién sembradas, plantío de tomate verde, la cocina al aire libre, obras civiles en proceso, visitantes hablando cerca y lejos.

El espacio físico era verde, fresco y propio de una finca de la región, con una limpieza y cuidado del ambiente que llamaba la atención y hacía que los visitantes intentaran no afectarlo con basuras o sucios mal puestos. Un caney con sillas blancas ya nos esperaba. Muy cerca otras personas estaban en pequeños grupos a la sombra de árboles de mango, eran de medios de comunicación nacionales y un periodista que por su figura y vestimenta se notaba extranjero y que luego se supo estaba documentando la vida en los campamentos. Más allá se notaban grupos de logística y otros profesionales en acción con chalecos azules y distintivos de organizaciones de verificación.

Muy cerca al caney donde nos ubicamos estaban las construcciones de lo que serán los espacios de concentración. A pleno sol trabajaban constructores con cascos, albañiles y personal de las Farc con pantalones de campaña, pero con camisetas de colores y turbantes en la cabeza para protegerse del sol y del polvo. Todos unidos haciendo labores de construcción dirigidos por los contratistas del Estado, pero debemos aprender a trabajar juntos, la colaboración de todos por igual, y en palabras de “El Profe”, uno de los delegados de las Farc, “este país se tiene que construir entre todos”.

El grupo local era particular también. Estaba “Anastasio” con su perro dálmata llamado Gotas, ejemplar digno de cualquier exposición por el aspecto que tenía. A su lado estaba “Ángel” con Beethoven (Betho), un caniche peludo, grande y blanco que se acurrucaba cerca de su cuidador, un joven menudo y de rasgos indígenas. Más allá otro grupo se esmeraba en cocinar y hacer bebidas como cuando uno tiene visitas y quiere atender, y dando vueltas pendiente de todo estaba “Yeni”, una joven rubia con 17 años de permanencia en la guerrilla y que aspira a estudiar periodismo ahora “que las cosas cambiaron”, ella que en sus tiempos de guerra era “radista, es decir, encargada de las comunicaciones” trataba a todos con afabilidad, educación y cercanía, y siempre que hablaba mostraba su sonrisa alegre y sus ojos vivaces.

El diálogo

Luego del reconocimiento del lugar con los ojos queriendo ir más allá de lo que la mirada dejaba ver, vinieron las presentaciones. Ahí se colaron las ideas de cada uno por entre las rendijas de las palabras; era inevitable no sentir el dolor de la víctima, el interrogante por la educación desde los académicos, lo político de los activistas, la necesidad de apertura que piden los integrantes de las organizaciones religiosas, de mujeres o LGBTI, eso era una muestra a escala del país. La lista era larga, pero poco a poco se resolvió. Las horas transcurrieron entre preguntas, diálogo constructivo, inquietudes de los asistentes, argumentaciones de las partes y la gran necesidad de esclarecer las dudas, que “El Profe” contestaba con argumentos, informaciones y la versión de las Farc. Su discurso organizado, argumentado e informado era interrumpido respetuosamente por los integrantes de la CCRP quienes dejaban en claro en todo momento del lado en que estaban que es el de la sociedad civil y se le interrogaba por la intención de cumplimiento de las Farc, por la necesidad de reconciliación, por el papel de la academia en el proceso, por la necesidad de resarcir a las víctimas, todos buscábamos respuestas para superar los prejuicios que como generación que no ha vivido un día de paz tenemos. Al lado de “El Profe”, permaneció “Ricardo” quien siempre en silencio, asintiendo a ratos o sonriendo cual escudero de un quijote fariano, contestaba mensajes de su celular, tomaba fotografías y acomodaba los micrófonos y grabadoras de tanto en tanto.

En la evaluación final “El Profe” comentó que era las CCRP era un grupo distinto al que esperaban, que se notaban informados, conocedores de los procesos y con un nivel que iba más allá de la información, que mostraban su descontento o su divergencia, pero que daban soluciones y proponían. Mencionó que a la comunidad en general les falta mucha información aún del proceso y de la implementación.

Entre diálogo, refrescos y una que otra incómoda pregunta, llegó el momento del almuerzo que sorprendió a todos porque el tiempo había pasado muy rápido. Con la pericia de cualquier restaurante brindaron a todos una nutrida sopa de carne con arroz de palito y refresco en tazas verdes y platos blancos. Todos se miraban, pero agradecían el gesto y aceptaron la atención y se acomodaron entre las plantas ornamentales, los tomates verdes que crecían en la huerta y la sombra de los árboles. Como CCRP, a la llegada se entregaron algunas muestras de solidaridad como alimentos y bebidas, pero lo que se recibió fue una muestra de comunidad (común-unidad), no obstante que según lo comentado por ellos en el diálogo han recibido comida en mal estado, vencida o en poca cantidad, ellos compartieron lo que tenían.

Las obras de adecuación y la vida en el PTN

Mientras el almuerzo se daba, se cumplió otro de los cometidos de la visita. Mirar la realidad del sitio y constatar directamente los avances en materia de servicios y construcción. Pondores está considerado el punto más adelantado de los 7 del país, pero se notan incipiente y muy atrasado según el cronograma pactado, unido a algunas quejas que hicieron sobre materiales y diseños, y ahí al final de las construcciones a medio terminar, las CCRP se encontraron con otra mirada de la Paz, esta vez con nombre de mujer. Ahí en dos pequeñas habitaciones renacía la vida y Esperanza, así con mayúscula, porque es el nombre de la mujer que en los primeros días de Enero dio a luz una niña que nombró Desiré (que significa deseo o persona deseada).

La niña estaba rozagante, se veía saludable y tranquila en brazos de una madre de 41 años que ha pasado 27 años en la guerrilla y que ahora aún con botas negras lustradas, pantalón de campaña verde y camiseta blanca, se veía maternal y feliz. Esperanza habló de la felicidad que sentía al poder abrazar y disfrutar de ese pequeño ser (no como a su otro hijo del que no quiso hablar), dijo también que la experiencia de ser padres ahora está presente en muchos de sus compañeros de lucha, pero que por la edad ya no lo lograrán, ya dedicaron sus años productivos y reproductivos a la guerra.

La figura delgada de Esperanza, con brazos marcados por el trabajo acurrucan con ternura a su hija que mira con unos ojos negros y mirada decidida. Al lado del cuartico, su vecina de habitación, una joven y hermosa morena que con 7 meses de embarazo apaciguaba el calor sofocante de la construcción de yeso-cartón sentada al lado de su compañero agitando fuertemente un abanico.

La despedida

Cuando la jornada finalizaba, y creíamos que no podíamos con tanta información y con las ideas de proyectos que esa visita había generado en la CCRP, un comunicado oficial de las Farc que hacía pocos segundos les había llegado por internet cambió la dinámica de la despedida. “Anastasio”, el Joven cuidador de Gotas, el dálmata, leyó con voz pausada pero enérgica que al día siguiente, pese a todos los pronósticos, las Farc continuarían con el cronograma pactado en los acuerdos de La Habana para la implementación y empezaría con la entrega del armamento, hubo algunos aplausos, unas sonrisas y en los asistentes se renovó la esperanza.

Luego de lo experimentado en la semana que incluyó reuniones en Alcaldías de la zona motivando los Consejos Municipales de Paz y de esta visita al Punto Transitorio a la Normalidad, las CCRP tienen nuevos insumos para avanzar en sus objetivos. El camino no será sencillo el camino, nunca ha sido fácil y ha sido así desde el 2006 cuando se inició con este acompañamiento a las víctimas del conflicto en el marco del proceso de desmovilización de los paramilitares. Se mantiene vivo el convencimiento que este acercamiento fue un buen inicio y que luego de las emociones encontradas, de la desmitificación como monstruos que algunos albergaban, de mirar de frente el lado humano que todos los actores del conflicto tienen, de la conciencia que hay verdades a medias de lado y lado, que después del día D aún hay mucho por hacer, seguirán con la construcción de una ruta que muestre acciones efectivas para seguir aportando como sociedad civil a la construcción de paz, esa es su razón de ser.

Las Comisiones Ciudadanas de Reconciliación y Paz sueñan, anhelan, trabajan y viven por la paz y la reconciliación y para lograr que no haya una vida más perdida en la guerra, porque todas las vidas sean para la paz.

1 Docente Universidad Autónoma del Caribe, adscrita al grupo de investigación Área de Broca: Medios, Lenguaje y Sociedad. Integrante de la Comisión Ciudadana de Reconciliación Atlántico.

Edición 535 – Semana del 24 al 30 de Marzo de 2017
   
 
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