Colombia en el postacuerdo de paz:
el camino del diálogo constituyente

 
Una nación solo se construye con propuestas, acciones, opciones y acuerdos para vivir y convivir, en ello radica el quehacer de la política, entendiendo ésta, en su función más primordial y simple, como la actividad a través de la cual los grupos humanos toman decisiones colectivas...
 
Luis I. Sandoval M.1
 
 

Las circunstancias que vive Colombia son críticas. La paz llega en un contexto no de consenso sino de polarización. Las aspiraciones sociales y regionales siguen insatisfechas. La economía sigue un curso depredador. La política se envilece, se deslegitiman las instituciones. En dramático contraste el paisaje es a la vez de extraordinaria riqueza y de extrema confusión. Existe enorme incertidumbre. Esta constatación lleva a las consideraciones y propuestas que siguen.

Una nación solo se construye con propuestas, acciones, opciones y acuerdos para vivir y convivir, en ello radica el quehacer de la política, entendiendo ésta, en su función más primordial y simple, como la actividad a través de la cual los grupos humanos toman decisiones colectivas encaminadas a solucionar problemas y/o a realizar proyectos en un ámbito poblacional, territorial y temporal determinado.

Hoy en el país, por las complejas circunstancias que atraviesa, hay urgencia de propuestas y ellas no tienen otra forma de construirse sino mediante el diálogo, la controversia, el debate, el juego democrático de pluralidad. El origen de las propuestas, el objeto del diálogo, es lo que dicta a cada ciudadano y ciudadana, a cada conglomerado y clase social el pensamiento, el sentimiento, la imaginación individual y colectiva. Todas y todos somos sentipensantes, somos filósofos y somos políticos.

Cada persona individual, cada colectivo social, imagina un país deseable por el cual vale la pena existir, trabajar y luchar. Cuando un país tramita sin barbarie estas múltiples formas de sentir, pensar y crear está viviendo y creciendo en democracia. Eso es la democracia: el juego organizado de opciones diversas para ser más libres y felices realizando derechos y proyectos de vida.

Salir de una guerra es avanzar en dejar atrás lo que Thomas Hobbes llamó, en discutible pero comprensible metáfora, el estado de naturaleza (todos contra todos: ingobernabilidad, ausencia de instituciones, Leviatán, 1651) y adentrarse en la delicada construcción de civilidad y Estado de derecho que se asemeja al levantamiento paciente de una obra gótica con sólidos fundamentos, poderosas columnas, adecuados contrafuertes o arbotantes, coloridos vitrales, finos bordes y delicados adornos.

Colombia está en transición de la guerra a la paz. Las transiciones contemporáneas, desde la dictadura o desde la guerra, son todas para pasar de menos democracia a más democracia. El proceso societal en las transiciones se asume como la sustitución de relaciones depredadoras por relaciones estéticas dentro de las cuales están comprendidas las relaciones entre comunidad y naturaleza.

La construcción incesante de democracia se torna así en el más humano, más noble y más acabado quehacer de la política. La política con violencia o con armas, plagada de corrupción y abuso de poder, despótica o fascista, resulta hoy un camino equivocado y deforme de la política porque deconstruye o destruye las personas, las comunidades y su entorno vital. Las circunstancias que se viven al presente en el país y en el mundo nos alertan sobre el riesgo de volver a transitar otra vez por la vía equivocada.

No es lo mismo construir democracia en guerra que hacerlo en paz, la guerra constriñe las posibilidades de la democracia, inclusive puede anularlas totalmente. La paz es auténtica cuando favorece la dinámica expansiva de la libertad y la igualdad. La democracia no es tal si no es también democratización. La paz es síntesis del proyecto democrático integral. La paz como proyecto de país apunta y apuesta a la democracia profunda.

Tenemos derecho colombianos y colombianas, todos, pero en primerísimo lugar los niños y jóvenes, las nuevas generaciones de hombres y mujeres, a soñar y bregar por acercar el país a una real y gratificante vivencia democrática.

Por eso este breve escrito contiene una propuesta para vivir y convivir: la necesidad y la viabilidad de un amplio y sostenido diálogo regional/nacional constituyente. Eso es lo que, en mi concepto, según las premisas esbozadas, conviene a la salud de Colombia.

Aciertan los sectores de abajo, del medio y de arriba que se disponen al cambio y la transformación empeñándose en un ejercicio intenso de diálogo en todas direcciones, diálogo cruzado en lugar de fuego cruzado, se ha dicho. Antecediendo, acompañando, siguiendo el fin de la guerra, se necesita el gran diálogo regional/nacional que nos conduzca a rediseñar la que está llamada a ser la casa de todos, sin exclusión alguna, por eso el gran diálogo recreador tiene sentido y carácter constituyente.

Imaginación instituyente y poder constituyente de ciudadanos y ciudadanas en ejercicio de soberanía aportan el contenido del diálogo para que desde su diversidad territorial, cultural y étnica, el país se encamine hacia la segunda república y la segunda independencia. Otro país, otra democracia, otro ejercicio de la política, otro aire es posible si hay proyecto que seduzca a nuevas mayorías ciudadanas, sociales y populares.

No puede banalizarse el contenido de la paz y el alcance de la transición. Propios y extraños opinan que la terminación del conflicto armado es la oportunidad para que el ineludible conflicto social se desenvuelva en la civilidad. Desde dentro y desde fuera muchos estiman que la paz es un catalizador de las aspiraciones a vivir de manera digna tan largamente postergadas y que la construcción de la paz puede situar al país en condiciones de más riqueza mejor repartida, en la gran corriente del cambio de época, la superación de la crisis civilizatoria y la contribución a la gobernanza global.

Las circunstancias que vive Colombia son críticas. Críticas son también, por diversas razones, las que viven los demás países de América Latina. Con la paradoja de que parte importante del pensamiento crítico e innovador en el viejo continente considera que, frente a su propia insuficiencia de la política, la inspiración tienen que tomarla de lo que está ocurriendo en el nuevo mundo latinoamericano.

Valoran que aquí las múltiples resistencias y resiliencias de los pueblos ante el fascismo social del neoliberalismo han sido capaces en los últimos lustros de transformarse en opciones de gobierno encaminadas a aliviar los efectos de la enorme deuda social. Ensayo aleccionador que, sin embargo, en el  momento está en trance de agotarse y entrar en una nueva fase.

Abocar la construcción de paz en Colombia como emprendimiento colectivo de transformación puede constituirse en referente para otra primavera democrática en América Latina con mayor alcance que la anterior. El avance del proceso latinoamericano necesita la paz de Colombia, la paz nuestra solo se construirá estrechando lazos de integración y avance social sustantivo con los demás pueblos de este continente. Para caminar hacia este horizonte es para lo que necesitamos el diálogo regional/nacional constituyente.

Realizar este diálogo en los primeros años de la transición supone desarrollar una amplia y profunda pedagogía de la comprensión que involucre la cuestión de la verdad, o verdades históricas, la noción de ciudadanía multicultural, la realidad plurinacional de los pueblos, de tal manera que la reconciliación no se reduzca al abrazo gozoso del reencuentro, sino que sea la nueva actitud y aptitud para el reconocimiento y trámite de las diferencias de todo tipo. Los que antes eran enemigos tienen la posibilidad de pasar a ser socios en la construcción del nuevo país. Autoconstrucción en lugar de autodestrucción.

En la cronopolítica de la paz el período 2018 – 2022 es para lograr que entren al escenario de la transición todos los que tienen derecho a estar en él. Ese es el gran tema de las garantías actuales y garantías de no repetición. La primera conquista de la paz, el primer paso de la transición, es asegurar la vida de todos y todas como personas, comunidades, territorios, movimientos, partidos en un marco de efectiva apertura política democrática.

Aquí el propósito del diálogo regional/nacional es el acuerdo o pacto para terminar de sacar las armas de la política y desarmar los espíritus. Se acaba la guerra insurgente, se acaba la agresión paramilitar, se acaba el abuso de la fuerza por parte del Estado. Colombia requiere superar la polarización y abrirle todas las posibilidades al juego político de pluralidad.

Solo un gobierno comprometido con el cumplimiento de los acuerdos de paz puede realizar esta tarea fundamental de la reforma política y la apertura democrática que es condición sine qua non de todo lo demás.

El período 2022 – 2026 podrá ser el tiempo en que el país madure en las condiciones del juego político plural, de tal manera y a tal punto que se haga viable el acceso al gobierno de una fuerza soportada en nuevas mayorías que ejerzan soberanía y poder constituyente llevando el diálogo regional/nacional al florecimiento de una nueva institucionalidad.

La terminación del conflicto armado interno y el advenimiento de la paz es la oportunidad para lograr una síntesis transformadora entre la república liberal democrática que se ha tratado de construir por las élites poscoloniales desde el 20 de julio de 1810, el reclamo social y de dignidad nacional que han levantado en el último medio siglo los movimientos insurgentes y las banderas constantes de lucha de los movimientos sociales. Esa síntesis será fruto del diálogo regional/nacional constituyente. Para ello es primariamente la paz.

El tiempo político se vive con sentido de tiempo histórico, esto es, el tiempo en que se realiza la ética de la vida, la estética de la democracia y la lucha épica de un pueblo que toma en sus manos las riendas de su propio destino.

Colombia no puede equivocarse en el postacuerdo: su tarea histórica, la de todos los actores políticos y sociales, es empeñarse en la profundización de la democracia y la recreación de la política.

Para eso es el diálogo regional/nacional constituyente. Las circunstancias son críticas, pero superables. Superarlas requiere contar con proyecto alternativo y fuerza suficiente para hacerlo realidad. Hermosa aventura, tremendo reto.

1 Integrante de la Red de Iniciativas por la Paz y Contra la Guerra – Redepaz, Director Ejecutivo de la Asociación Democracia Hoy – Demhoy, Columnista de prensa. @luisisandoval

Edición 535 – Semana del 24 al 30 de Marzo de 2017
   
 
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