Agua vida y muerte por partida doble

 
Nuestra problemática del agua es de larga data, dado que somos un país de vertientes, sumado a la carrera loca y el empecinamiento de sembrar praderas para una ganadería ineficiente conlleva la paulatina deforestación del país a un ritmo que va en las 200.000 hectáreas por año.
 
Alfonso Cuellar
 
Consultor agrario, miembro Comité Político de Anuc
 
 

Justo dos semanas antes de ocurrida la tragedia en Mocoa – Putumayo, Alfonso Cuellar había escrito este artículo que hoy publicamos.

Advertencia: Escribí este artículo antes de los acontecimientos de Mocoa. En sociedades donde predomina el atraso cultural, político, institucional y de extrema incertidumbre en cuanto a los caprichos de la naturaleza, sucesos como el del Putumayo no hacen sino reforzar las creencias sobrenaturales como las responsables y no la acción negativa de personas e instituciones para establecer normas, restricciones y obligaciones que protejan no solo el medio ambiente físico, sino el esfuerzo de miles de hombres por cientos de años que no han hecho más que extraer recursos de la naturaleza sin devolverle nada. Cruel realidad de los estragos que está causando la ganadería que podría adoptar una divisa: “siembra pastos y cosecharás tempestades” (A.C.)

Parece paradójico que siendo el agua la condición de vida de los seres vivos, se convirtiera –como lo estamos viendo– en seria amenaza con avalanchas e inundaciones en Perú y Ecuador…pareciera que el agua mata por partida doble. Las sequías han provocado innumerables catástrofes en el mundo entero, solo en África los organismos multilaterales hablan de 25 millones de personas en riesgo de muerte debido a la sequía. Pero, el agua en exceso también trae muerte, las crecientes de los ríos generan avalanchas y deslizamientos y Colombia las ha padecido cada vez con mayor agudeza sin que se tomen medidas eficaces para mitigar el impacto, razón por la cual catástrofes de este tipo son cada vez más dicientes: Muerte de seres humanos y animales, significativas pérdidas materiales y desplazamiento forzado de comunidades que sufren enormes padecimientos.

Nuestra problemática del agua es de larga data, dado que somos un país de vertientes1 y la carrera loca y el empecinamiento de sembrar praderas para una ganadería ineficiente conlleva la paulatina deforestación del país a un ritmo que va en las 200.000 hectáreas por año. Pero, ni el gobierno, ni las autoridades encargadas de este control –como tampoco los partidos políticos– hacen nada por parar este holocausto. Antes, por el contrario un Alcalde que debería dar ejemplo al país –el de Bogotá– está próximo a destruir una reserva natural y ambiental de muchas especies animales y de los habitantes capitalinos. Los Ministros de Ambiente y Hacienda no dicen nada a este respecto porque para ellos la deforestación implica un ingreso que es el impuesto que cobran por la licencia de tala de árboles. Amen que estos permisos se han convertido en una fuente de corrupción, pues para otorgarlas cobran coimas que reparten con los politiqueros que son la “palanca” para conseguirlas.

La escasez de agua potable afecta a unos diez millones de personas en las zonas rurales y en particular a los pequeños y medianos productores agrícolas, para quienes esta ha sido una fuente de violencia dadas las disputas que genera la disponibilidad de agua y se ha constituido en un tema político vital y prioritario de la vida rural y campesina. Si el siglo XX fue el siglo de las luchas por la tierra, el siglo XXI se avizora como el de las luchas por el agua, que solo una acción colectiva pueden resolver, sin necesidad de preparar una asonada a la paz y alcanzar una situación equitativa para beneficio de la sociedad entera. Tal acción debe estar presidida por los científicos y expertos con que cuenta el país, soportados en las Universidades públicas y privadas que tienen la experticia necesaria y los equipos multidisciplinarios para discutir con las comunidades las soluciones y elevar las tensiones rabiosas, al nivel del sereno razonamiento, con la idea, no de apagar incendios, sino de buscar estrategias de largo plazo y duraderas.

En tiempos recientes se han presentado una serie de sucesos que demuestran lo que se está cocinando, según investigaciones adelantadas por Juanita Vélez en la Silla Vacía:

1. Campesinos y pescadores de la Ciénaga Grande del Magdalena pusieron en evidencia que durante los veranos –cuando baja el nivel de las aguas– grandes terratenientes de zonas rivereñas de la ciénaga han construido jarillones o diques y de esta manera ensanchar sus predios con los terrenos desecados, además, taponan la circulación natural de las aguas que entran a la ciénaga con el consiguiente perjuicio a los recursos pesqueros del que viven cientos de familias. Se dice que algunos de estos terratenientes, que adelantan estas obras ilegales, son gentes vinculadas al narcotráfico que se hacen pasar como cultivadores de palma africana que amedrantan a la población y actúan en contubernio con las autoridades locales que los amparan.

2. En Zona Bananera de antigua Sevilla en el Magdalena, han tenido lugar peleas a machete entre guardias –que cuidan las bocatomas del sistema de riego construido en cuatro ríos por la United Fruit Company hace un siglo– y campesinos pequeños cultivadores de palma y banano, ya que los “grandes hacendados construyeron reservorios de hasta tres hectáreas para almacenar agua de los ríos Tucurinca, Riofrio, Sevilla y Orihueca” y Alejandro Mazuera del noticiero CM& afirmó que “Yo soy testigo –porque lo vi– de como ponen sacos de arena en los ríos como el Orihueca para desviar el cauce y que el agua vaya a los reservorios de los grandes hacendados. No es posible que se estén robando los ríos y nadie se dé cuenta”. Durante el verano del año pasado numerosos pequeños productores de banano no pudieron regar sus cultivos y la producción bajo de 40 cajas por hectárea a 22. “Nos desesperamos y tratamos de ir a las bocatomas de los ríos y nos ha tocado pelearnos a machete para que nos den un poco de agua para regar nuestros cultivos”. Estos campesinos dice el noticiero pidieron no revelar sus nombre por miedo a las amenazas y agregaron que los celadores son de la familia Díaz-Granados que desde la época de la colonia española se apoderaron de grandes latifundios en la región y que robaron en el famoso programa Agro Ingreso Seguro. Los campesinos afirmaron para La Silla Vacía: “El agua se volvió propiedad privada de los terratenientes de acá”, dice uno de los campesinos. “Aquí el agua, así como la tierra, pasó a ser objeto de monopolización”. “Uno de los campesinos cuenta que le han hecho llegar las denuncias a Corpamag, la autoridad ambiental de la región… que es una entidad politizada en la que manda el representante del partido de La U Eduardo Díazgranados y cuyo director es desde octubre Carlos Francisco Díazgranados, primo hermano del congresista”.

3. En San Martín (Cesar): “En mayo de 2015, dos mil campesinos denunciaron que se tuvieron que desplazar porque no tenían agua para vivir, un efecto de que ganaderos y palmicultores han ido secando las ciénagas…abrieron canales artificiales para tener agua para sus cultivos de palma o el pastaje de búfalos, o construyeron murallas metálicas en las ciénagas para secar una parte y quedarse con las nuevas tierras…se viene cocinando una verdadera guerra por el agua en el sur del Cesar, donde ya se secaron 13 de las 50 ciénagas...Corpocesar, autoridad ambiental de la zona, abrió investigaciones a seis terratenientes, los más conocidos son el ex concejal Alirio Díaz y el empresario Álvaro Escobar Saavedra, de la empresa de servicios petroleros Ismocol y quien ha sido presidente de Asocebú…investigados por hacer obras sobre humedales comunales que son propiedad del Estado”, le explicó a La Silla Kaleb Villalobos, director de esa CAR.

4. Montes de María, región de Bolívar “desplazados por la guerra ahora lo son por el agua…según la Defensoría del Pueblo, se han desplazado más de 300 personas de 19 comunidades porque no tienen agua. En San José de Playón, un corregimiento de María La Baja que debería tener agua en abundancia gracias a un distrito de riego y una ciénaga, la gente tiene que caminar hasta tres horas para rellenar botellas de agua que ni siquiera es del todo potable. El problema empieza porque el 80% del agua del distrito se va para regar palma y arroz, los dos productos que ahora pintan los campos de Montes de María y que necesitan mucha agua para crecer. Si antes aquí la pelea era el derecho a la tierra, ahora también es el derecho al agua”, le explicó a La Silla la Defensora regional de Bolívar, Irina Junieles. Además, el distrito de riego ya no funciona como cuando se construyó hace más de cincuenta años. “La siembra de la palma se hace casi que encima del agua con químicos que la contaminan, se talan los árboles en los afluentes, y ya se han muerto cientos de peces”, cuenta Junieles…“hace tres meses los campesinos y pescadores cerraron las compuertas del distrito para presionar a Usomaría, la asociación de usuarios del distrito de riego que lo administra. Y aunque los usuarios perdieron muchas cosechas, el problema sigue. No es posible que haya agua para regar la palma y el arroz, pero no para la gente”, dice Wilmer Vanegas, un campesino de la región…“a la gente le sobran ganas de salir a protestar, pero que no lo hacen por miedo. Y a la oficina regional de la Defensoría todos los días llegan quejas de comunidades que dicen estar, literalmente, muriéndose de sed”.

5. En Ovejas, municipio sucrense en Montes de María, 17 comunidades campesinas salieron a marchar a finales del año pasado porque aunque están conectados al acueducto de Carmen de Bolívar, no les llega agua, se les han muerto sus animales y perdieron sus semillas. “Hoy el problema es igual porque la gente sigue caminando hasta dos o tres kilómetros para tomar agua, mientras los grandes terratenientes tienen sus reservorios repletos para el cultivo de teca”, le dijo a La Silla Nyria Ramírez Ortega, periodista que grabó el documental ‘El campo tiene sed’ sobre los campesinos de Montes de María.

6. Yopal, capital de Casanare “se volvió negocio no tener agua”, dice Laura María Miranda, de la Fundación Cunaguaro. Desde que sus más de 170 mil habitantes quedaron condenados a la sed en mayo de 2011, luego que un derrumbe acabó con la planta de tratamiento de agua, las únicas beneficiadas han sido las empresas de carrotanques. “A toda hora aquí por el centro uno ve esos carros pitando y la gente sale con sus baldes y toca hacer largas filas en la Cruz Roja y bomberos para conseguirla”, cuenta Miranda. La gente hace lo que puede con la poca agua que llega del acueducto, que viene del río Cravo Sur y no es apta para el consumo humano. El resto toca comprarle a los carrotanques”.

7. Anapoima municipio de Cundinamarca, donde parte de la élite bogotana tiene casas de recreo, no tiene suficiente agua. “Un día les toca a tres barrios, otro día a otros y así. No alcanza para todos”, le dijo a La Silla el alcalde Yair Rodríguez. Anapoima toma agua de dos puntos: 15 litros por segundo vienen de la quebrada La Honda y otros 25 de la represa del condominio Mesa de Yeguas. Pero el pueblo necesitaría 130 litros por segundo para abastecerse totalmente. Según el alcalde, el vital líquido lo comparten con municipios cercanos como La Mesa y Mesitas del Colegio, por eso hay días en los que solo llegan 5 de los 25 litros cúbicos por segundo. Tan grave es la situación, que en febrero la magistrada del Tribunal de Cundinamarca Nelly Villamizar, suspendió la expedición de licencias de urbanismo y construcción en Anapoima, en parte porque no hay agua para tanta gente. Néstor Franco, director de la CAR de Cundinamarca dice, “En Anapoima el tema es muy grave. La gente tiene agua solo dos o tres días a la semana y hay un serio problema de crecimiento desbordado. Es un municipio que tiene una enorme población flotante que va los fines de semana y la gente que de verdad es de ahí no tiene acceso al recurso”. Para solucionar el problema en 2006 el entonces gobernador Pablo Ardila, entregó una licitación por 43 mil millones de pesos para la construcción del acueducto Anapoima – La Mesa, que se ganaron los Nule…dejaron un tanque, pedazos de redes y un detrimento patrimonial por más de 31 mil millones de pesos pero no el agua. El gobernador Jorge Rey anunció que va a invertir 1.5 billones de pesos para diferentes soluciones de agua potable y construir un embalse del Río Bogotá en Calandaima, que le daría agua a Anapoima, Apulo y Tocaima en tiempos de sequía. Este puede ser un elefante blanco pues todo el mundo sabe que las aguas del Rio Bogotá (una cloaca) en este punto son las más contaminadas del país.

Al tiempo que ha surgido esta problemática como un asunto político novedoso, que deja la tierra en un lugar secundario frente a la imperiosa necesidad de no morir de sed o ahogados por cualquier creciente de nuestros ríos desbordados en un crudo invierno. El tema del agua abre la agenda de nuevas luchas sociales en Colombia y esta vez enlaza los intereses de lo urbano y lo rural.

1 Vertiente, en geomorfología, es una superficie topográfica inclinada situada entre los puntos altos o puntos culminantes del relieve (picos, crestas, bordes de cerros o mesetas) y los bajos (pies de vertiente, vaguadas o valles, cauces).

Edición 537 – Semana del 7 al 20 Abril de 2017
   
 
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