Ampliar la democracia política

 
El proceso de paz está determinado, entre otras cosas, por la necesaria reforma política que ponga al país en el rumbo de una transición democrática de paz por mayor democracia, que supere para siempre la dinámica de las negociaciones anteriores de paz con base en los tradicionales acuerdos o pactos de elites que han servido para perpetuar su hegemonía política.
 
Héctor Alonso Moreno Parra1
 
 

Con la aprobación definitiva por parte del Senado de la republica del acto legislativo que permite la creación del nuevo Movimiento Político de las Farc se inicia el tránsito de la insurgencia a la actividad política legal partidaria; y lo que es más importante, se avanza significativamente por el camino de la apertura democrática y la ampliación de la participación política en Colombia.

El acuerdo político de La Habana tiene una gran importancia en clave de la modernización, la participación y la democracia política en Colombia. El proceso de paz está determinado, entre otras cosas, por la necesaria reforma política que ponga al país en el rumbo de una transición democrática de paz por mayor democracia, que supere para siempre la dinámica de las negociaciones anteriores de paz con base en los tradicionales acuerdos o pactos de elites que han servido para perpetuar su hegemonía política.

Hay que precisar que la historia del conflicto político armado de Colombia es también la historia de las democracias pactadas, o de lo que en Ciencia Política se ha denominado los pactos consociacionales. Es la historia de cómo las elites políticas han perpetuado su régimen político paritario y excluyente a partir del bipartidismo; así, hoy día, se diga que la Constitución de 1991 abrió el país hacia un régimen político pluralista y multipartidario.

Lo que ha ocurrido a partir de 1991 es producto de la incapacidad del constituyente de abordar con profundidad el tema de la democracia política y de la democracia representativa, a partir de la Reforma Política del 2003 se constituyeron y recompusieron nuevas organizaciones políticas, no como nuevos partidos o movimientos políticos, ni como terceras fuerzas autónomas, sino, como se hizo antes del 2002, como una fragmentación de los partidos del tronco paritario bipartidista. Lo anterior debido a los diferentes intereses personalistas (uribismo) y de grupos, que al final permitieron trasmutar del histórico bipartidismo a un sistema aparentemente multipartidista.

El nivel de fragmentación se explica por la débil cohesión interna, el alto personalismo de la actividad política y las aspiraciones de muchos de los nuevos liderazgos de alcanzar un mejor posicionamiento, que caracteriza la actividad partidaria en Colombia; factores que generaron un reordenamiento partidista que no obedeció a proximidades ideológicas o programáticas, sino a negociaciones entre sus líderes y a un sentido práctico de sobrevivencia y competencia como partidos de armadura.

En la descripción de la tipología de los partidos políticos, el politólogo norteamericano Karl W. Deutsch (1993), en su libro Política y Gobierno, describe dos tipos de partidos: los de membresía y los de armadura. Los partidos nacidos de la fragmentación política y del liderazgo uribista posconstitución de 1991 se asemejan más a un tipo de partido de armadura. Este tipo de partidos son aquellos que se constituyen o conforman solo para participar en la coyuntura de un proceso electoral. Dice el politólogo norteamericano que “un partido de armadura solo conserva una pequeña membresía y un pequeño equipo de colaboradores entre elecciones, pero cuando se aproxima una campana electoral reclutan un personal mucho mayor, voluntarios y a sueldo, para realizar una gran campaña y atraer a sus votantes potenciales que han oído poco del partido durante el período entre elecciones. Tales partidos dependen en medida mucho mayor de carteles, prensa, radio, televisión y otras formas de publicidad de masas” Deutsch (1993) agrega que este tipo de partidos suele nominar como candidatos a personas “que puedan ganar rápidamente la atención, respeto y confianza de los votantes”. Por esta razón, con frecuencia buscan candidatos que sean atrayentes a la vez que brillantes, o que ya sean bien conocidos. Dado que la impresión que tengan los votantes de sus candidatos es tan importante para el triunfo de un partido de armadura, este subraya a menudo la imagen de su candidato, a veces olvidándose de sus ideas.

Como organizaciones emergentes, los nuevos partidos (armadura) fueron el producto de iniciativas de congresistas o de acciones asociativas de varios senadores o representantes a la Cámara. Fue así como surgieron de los reagrupamientos y de la matriz liberal, entre otros, el Partido Cambio Radical, Movimiento Apertura Liberal, Partido Colombia Democrática y el Partido Social de Unidad Nacional (conocido como Partido de la U) y del corazón del caudillo liberal de Álvaro Uribe Vélez surgió el Centro Democrático. Por su parte, de la matriz conservadora surgieron movimientos como: el Movimiento de Avanzada Social, Movimiento Alas Equipo Colombia, Movimiento Nacional, el Conservatismo Independiente y el Movimiento de Integración Regional.

La mayoría de estas nuevas agrupaciones de armadura fueron infiltradas por candidatos financiados o patrocinados por el paramilitarismo y la mafia en las elecciones del 20062, lo que conllevó a desatar el gran escándalo que tuvo como consecuencia la detención de más de 70 parlamentarios acusados de recibir favores financieros y electorales de los grupos paramilitares, y que conllevó a generar los más altos índices de impopularidad y de descrédito del Congreso.

De tal manera, que la gran disputa electoral del 2018 será entonces entre los contabilistas de votos quienes pretenderán mantener sus redes clientelares a través de partidos de armadura amparados en el clientelista sistema electoral y de partidos que hoy rige en el país, y quienes aspiramos a poner en funcionamiento las nuevas realidades políticas electorales a partir de la reforma política que salga como producto de la implementación de los acuerdos de La Habana de paz por mayor democracia.

De ahí, que la reciente reforma política propuesta a partir de la comisión que para tal efecto se acordó en La Habana va a permitir, sin duda alguna, un gran debate político acerca de si el país avanza hacia a modernización de la democracia política, o si por el contrario, se mantiene anclado en el viejo esquema paritario y equitativo de la democracia restringida, en el modelo clientelar, corrupto y excluyente del tronco político e ideológico bipartidista y sus satélites facciosos del Centro Democrático, y en los partidos y movimientos políticos que hoy día conforman la llamada Unidad Nacional.

1 Doctor en Ciencias Políticas Universidad de Granada (España) Profesor Asociado Universidad del Valle, Programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos

2 En las elecciones del 2006 resultaron elegidos 50 representantes a la cámara y 33 senadores provenientes de zonas de control del paramilitarismo y las mafias del narcotráfico. La mayoría de estos parlamentarios tenían el aval de los nuevos partidos políticos auspiciados por parlamentarios y dirigentes políticos nacionales militantes históricos de las dos grandes colectividades históricas.

Edición 541 – Semana del 12 al 18 de Mayo de 2017

   
 
Importante: Cada autor es responsable de sus ideas y no compromete el pensamiento de Viva la Ciudadanía. Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.
 
 
 
 
comentarios suministrados por Disqus