Se van haciendo las apuestas

 
Resulta innegable que a pesar de la entrada de otros actores y de otras agendas, la decisión del electorado estará mediada por el tema de la implementación del Acuerdo Final. Lo anterior sirve para conectar de manera indisoluble el Acuerdo con los resultados electorales de 2018, siendo la primera razón para ello la disputa por las 16 curules de la Jurisdicción Especial para la Paz…
 
Antonio Madariaga Reales
 
Director Ejecutivo Corporación Viva la Ciudadanía
 
 

Cada vez más la agenda del país se va viendo influenciada por la contienda electoral que se avecina para 2018.

Por el lado de las toldas conservadoras las noticias muestran dos vertientes. La primera lefevbrista, fanática y fundamentalista pone de manera engañosa su centro en la defensa de la familia. Pero no de cualquier familia. Se trata de la familia nuclear tradicional, heterosexual, jerárquica, homofóbica, opuesta a los avances que en términos de igualdad consagra la Constitución de 1991 y con más vehemencia aún a los desarrollos que de esa igualdad ha hecho la corte Constitucional. Lo que, dicho sea de paso, consistentemente mantiene nuestro respeto por la Corte a pesar de su desafortunada y equivocada utilización de los conceptos de “estricta necesidad” y de “sustitución de la Constitución” en el caso del fast track.

Representada por el destituido exprocurador Ordóñez esta facción vuelve a sacar la lucha contra la fementida “ideología de género” como eje de su cruzada.

En otro sector de los conservadores se aglutinan fuerzas que provenientes de la Unidad Nacional buscan una carta de negociación hacia la nueva coalición de gobierno de la que aspiran ser parte. Por supuesto no hay ninguna posibilidad de un triunfo de esas menguadas fuerzas pero si una valorización de su apoyo a cualquiera de las otras colectividades con opciones reales de conquistar el poder en 2018. Lideradas por el senador Andrade su altisonante “no somos vagón de cola de nadie” es una carta de negociación.

Entre los liberales se clarifica la opción Gavirista por Humberto de la Calle y la tarea que muy probablemente cumplirá Juan Fernando Cristo de estructurar la más amplia convergencia en favor de la paz.

Por el lado “alternativo” la reunión Fajardo, Claudia López, Robledo y Navarro da una idea de una perspectiva de unidad que sin embargo deja por fuera a Petro quien tiene significativas cifras de respaldo y quien reaccionó de mala manera y a Clara López mucho más ponderada pero igualmente excluida.

Se asoma en el horizonte desde esa orilla de la vida política unas posibilidades de convergencia hasta hace poco inimaginables.

El Centro democrático y Vargas Lleras comparten una desgracia; se disputan un estrecho nicho electoral de la derecha colombiana y por tanto sus posibilidades de crecimiento hacia otros sectores de la sociedad, especialmente en sectores medios y bajos, urbanos, son bastante limitadas, lo que de ninguna manera descalifica la posibilidad de una alianza, que tiene para todos los intervinientes distintos a Uribe el Riesgo de ser tratados como aliados obsequiosos y no como pares.

De otra parte, lo que resulta innegable es que a pesar de la entrada de otros actores y de otras agendas la decisión del electorado estará mediada por el tema de la implementación del Acuerdo Final. Lo anterior sirve para conectar de manera indisoluble el Acuerdo con los resultados electorales de 2018, siendo la primera razón para ello la disputa por las 16 curules de la Jurisdicción Especial para la Paz en las elecciones parlamentarias pero sobre todo porque será en sentido estricto la última oportunidad para hacer elecciones con las reglas actuales y por lo tanto mantener una lógica electoral en contravía de la apertura Democrática que el Acuerdo comporta.

En consecuencia, y teniendo claro que hay necesidad de superar el reduccionismo de Paz versus No paz lo que resulta evidente es que se tratarán estas elecciones de la disputa entre el modelo de sociedad y de gobierno que el Acuerdo esboza y que está cabalmente representado en su estructura por la Constitución del 91 y el modelo conservador más cercano a la Constitución de 1886 que defienden quiénes apuestan por “volver trizas el maldito papel”.

Ahora bien, es claro que no basta con la mención general a esa oportunidad para la democracia contenida en el Acuerdo; habrá necesidad de demostrar de manera fehaciente las ganancias concretas que sectores de la sociedad, campesinos, mujeres, LGBTI, etc., tienen en términos de goce efectivo de derechos.

Coda: Más allá del dolor y la indignación que produce toda agresión a los líderes/as sociales, reclamantes de tierras y defensores/as de derechos humanos el asesinato de Bernardo Cuero ha rebasado toda posibilidad de declarar adecuada la respuesta estatal.

Edición 545 – Semana del 9 al 15 de Junio de 2017

   
 
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