Todo suma por la paz

 
Es ahora, justo ahora, para que quienes siempre hemos creído en la paz de Colombia, empecemos a recoger sus frutos…tenemos un premio Nobel de Paz, logramos el desarme y la desmovilización de la guerrilla de las Farc, hace pocos días el Gobierno y el ELN firmaron el cese bilateral del fuego y la confrontación, y un gran etcétera…
 
Álvaro Ortiz Ramos
 
Editor Semanario Virtual Caja de Herramientas
 
 

El pasado 2 de octubre se cumplió un año de la fatídica y triste votación del “Plebiscito por la paz”…ganó el NO con el 50,23 % de los votos (6.424.385) contra el SÍ que obtuvo el 49,76 % (6.363.989). Un verdadero revés contra la paz en el que ni siquiera las más cotizadas firmas encuestadoras había acertado.

Cientos de miles de personas que le apostaron al SÍ por la paz, vieron con angustia como se desvanecía la posibilidad de abrazar por fin –después de más 60 años de confrontación– la anhelada y esquiva paz.

Imágenes de colombianos –enjuagados sus rostros por las lágrimas de impotencia y dolor– fueron la constante en redes sociales y en medios de comunicación. Nadie lo podía creer…y es que cómo creer que miles de personas –engañadas, eso debe quedar claro– le dieran la espalda a la Paz.

Con mucha tristeza, quienes le apostábamos a la paz y la reconciliación, tuvimos que aceptar –a regañadientes– que ese día ganaron la mentira, la venganza, el odio y la –palabra de moda por estos días– cizaña…así fue.

Pero, como dice el dicho: “La constancia vence lo que la dicha no alcanza…” organizaciones de la sociedad civil, estudiantes, agremiados y cientos de ciudadanos colombianos del común, decidieron no dar marcha atrás en la búsqueda de la paz.

Y es gracias a esa persistencia que hoy podemos decir que hemos avanzado –con todo y los problemas que se van presentando en el camino– por el sendero de la paz y la reconciliación. No es fácil, sobre todo si tenemos en cuenta que se nos viene un año electoral. Más cizaña, más odio y mucha, muchísima polarización.

Del engaño a la esperanza

Pasado el duro chaparrón del desencanto, los jóvenes –importantísimos animadores de la paz– se declararon en “rebelión” pacífica contra la guerra. Manifestaciones, plantones y marchas –como la multitudinaria del 5 de octubre, tres días después del fallido plebiscito– fueron la constante a finales de 2016.

Con consignas como “¡Acuerdo ya!” y “¡Paremos esta guerra!”, miles de estudiantes –acompañados por un importante número de ciudadanos convocados por las redes sociales, ONG, víctimas, afros, indígenas, comunidad LGBTI, entre otros– de las universidades Nacional, Los Andes, Distrital, Rosario, Javeriana, Santo Tomás, Católica, El Bosque, Colegio Mayor de Cundinamarca, Sena, Libre, Pedagógica, Manuela Beltrán, Central, Konrad Lorenz, Externado, La Salle, Jorge Tadeo Lozano y Uniminuto, hicieron sentir su voz a favor de la paz.

Fueron esas importantes manifestaciones las que permitieron enrutar el proceso hasta su firma final el 24 de Noviembre de 2016. Ese memorable día, El gobierno colombiano y las Farc firmaron –en el Teatro Colón de Bogotá– el pacto de paz definitivo que buscaba acabar con medio siglo de confrontación y que fue renegociado para incluir propuestas de la oposición.

Es ahora, justo ahora, para que quienes siempre hemos creído en la paz de Colombia, empecemos a recoger sus frutos…tenemos un premio Nobel de Paz, logramos el desarme y la desmovilización de la guerrilla de las Farc, hace pocos días el Gobierno y el ELN firmaron el cese bilateral del fuego y la confrontación.

Gracias también a los vientos de paz, el país tuvo el privilegio de organizar la 16a Cumbre Mundial de Premios Nobel de Paz, reconocida como el evento anual más importante en el campo de construcción de la paz, realizado del 2 al 5 de febrero en Corferias. Allí participaron 27 laureados Nobel de Paz y adicionalmente, Bogotá fue escogida como Ciudad Mundial de la Paz 2017.

A ello se suma la visita que el pasado mes de septiembre hizo el Papa Francisco al país…todo suma por la paz y el mundo nos mira con otros ojos…

Allí no paran las cosas. Por tres días Bogotá se convirtió en sede de la Cumbre: “One Young World” (Un mundo joven). Un total de 1.300 jóvenes de 196 países se reunieron en la ciudad para hablar de paz y seguridad, medio ambiente, liderazgo y gobierno, educación y alivio de pobreza y desarrollo. La cumbre de jóvenes líderes más relevante del planeta, que por primera vez llega a América Latina…

La “Torre de Babel” –en el buen sentido de la palabra– esta vez fue el nuevo “Centro Internacional de Convenciones, Ágora”, que justamente fue inaugurado para este encuentro de razas, de ciudadanías diversas, de jóvenes líderes que viajaron cientos de kilómetros hasta este país con el ánimo de compartir sus experiencias y aprender de las de sus homólogos.

Pero ¿Qué es “One Young World”?

Es la cumbre de jóvenes regionales y locales más importante a nivel mundial…que le permite –ni más ni menos– cumplir el sueño y la misión de miles de jóvenes que están pensando en la construcción de un nuevo mundo, especialmente para las generaciones futuras.

Esta fabulosa idea de involucrar jóvenes de 18 a 30 años junto con líderes y pensadores mundiales para encontrar soluciones a problemas en áreas como la salud, la educación, el medio ambiente y el desarrollo sostenible, surgió en 2009 cuando Kate Robertson y David Jones, –cofundadores– quienes hacían parte de la campaña de Kofi Annan para crear conciencia sobre el cambio climático.

Y fue justamente en desarrollo de su trabajo, con el exsecretario general de Naciones Unidas, que notaron que las decisiones más importantes tomadas por los líderes del mundo, no contaban con la representación de los jóvenes.

Gracias a la organización sin ánimo de lucro con sede en el Reino Unido, más de 591.980 personas en el mundo han recibido capacitaciones y entrenamientos para desarrollar sus proyectos, y 14.6 millones de personas han sido impactadas positivamente por iniciativas de los embajadores de OYW.

Algunas experiencias

Un teatro para el perdón en Ruanda

Hyppolite Ntigurirwa: Sobreviviente del genocidio de abril de 1994 en Ruanda, creó una fundación que busca evitar, a través del teatro, que el odio y el rencor se transmitan a las nuevas generaciones. Tenía 7 años cuando milicianos de la tribu Hutu arrasó el poblado de Gashonga, en Ruanda —donde vivía—, junto con su familia que fue asesinada. De esa amarga experiencia nació la fundación “People for Peace” que invita a jóvenes a Kigali, la capital de Ruanda, y realiza talleres con ellos para analizar las problemáticas de la ciudad y buscar posibles soluciones. El programa es financiado con el 10% del salario que Hyppolite recibe de su actividad como consultor en el British Council, y cada mes logra llevar a unos 30 jóvenes a Kigali.

Ahora su objetivo está centrado en la organización de una caminata por todo el país que piensa realizar cuando se cumplan 25 años de la matanza, el 19 de abril de 2019. Será una lenta maratón de 100 días —lo que duró el genocidio— que servirá como testimonio de esperanza y para recolectar fondos con el fin de construir un Centro del Perdón a la memoria de esos muertos.

Educación para niños refugiados en Malasia

Heidy Quah: Es una joven de 22 años que creó una fundación para darles educación y medios para sobrevivir a miles de niños refugiados, que llegaron a su país huyendo de la guerra, producto de la guerra que asoló a Birmania, desde cuando el país obtuvo su independencia de Inglaterra en 1948 y que aún provoca miles de desplazados civiles. Todo comenzó cuando se ofreció como voluntaria para enseñar inglés en el Centro de Educación para Niños de Chin, una escuela para desplazados financiada por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Cuando la escuela tuvo que cerrar porque terminó la financiación de parte de ACNUR, Heidy le pidió al rector que le diera una semana para recaudar fondos para mantener la escuela abierta al menos un mes y resolver las cosas más tarde. Ella y su mejor amiga, Andrea Prisha, empezaron a recoger dinero vendiendo galletas caseras de puerta en puerta, pero desafortunadamente muchos les negaron su ayuda al enterarse que lo recaudado beneficiaría a los refugiados. Decidieron hacer campaña a través de las redes sociales. El 3 de septiembre de 2012 lograron recaudar 12.500 ringgit (la moneda malasia), suficientes para que la escuela permaneciera abierta durante más de un mes.

Así nació Refuge For The Refugees (RFTR), la fundación que creo Heidy para generar conciencia sobre el estado de los niños refugiados y proporcionar ayuda a sus escuelas. Debido a su condición, ellos no pueden asistir a los colegios formales dado que, en 1961, Malasia se negó a firmar la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados.

La siembra ya se hizo: falta cosechar

Carolina Medina: Esta joven bogotana creó un proyecto que conecta a pequeños agricultores con las tiendas de barrio, simplificando la cadena de distribución a través de la tecnología. Todos los lunes, miércoles y viernes, a las 5.30 de la mañana, Carolina llega a una bodega del occidente de Bogotá, atraviesa un patio lleno de camiones y organiza con sus conductores la distribución de frutas y verduras recién cosechadas a varias tiendas de barrio situadas en Bosa, al sur de la ciudad.

Se trata de Agruppa, un emprendimiento creado por la joven bogotana de 23 años que utiliza la tecnología móvil para coordinar la compleja cadena de suministros de productos alimenticios, reduciendo costos, permitiendo la entrega oportuna y minimizando los desechos. Ahora, uno de los objetivos que tiene Agruppa para el futuro próximo, es continuar la expansión hasta lograr la meta de agrupar 700 tiendas de barrio, que es cuando el negocio debe volverse autosostenible.

Robándole actores a la violencia

Mención aparte merecen los integrantes de la Corporación Jóvenes Creadores del Chocó. Un grupo de 27 muchachos, entre los 13 y 28 años que presentaron la obra “Al ritmo de nuestra gente”. Katherin García, de 26 años, es la coordinadora general del grupo, que trajo una muestra divida en tres momentos: uno que rememora la masacre de Bojayá, otro que conjuga música tradicional con mezclas de DJ y otro más que expone las danzas tradicionales chocoanas.

La corporación se ganó la invitación luego de diez años de trabajo enfocado en la cultura y la juventud. Una iniciativa que desde el 2008 ha tratado de robarles actores a la violencia que se vive en las comunas más complejas de Quibdó.

Y así como esas experiencias que hemos seleccionado, existen miles, como miles también son los jóvenes que buscan –vale repetirlo– a través del emprendimiento cambiarle en algo la vida a los más necesitados.

Gracias a la paz de Colombia y será hasta el próximo One Young World – 2018 que se llevará a cabo en la ciudad de La Haya, en los Países Bajos.

Y en el entretanto recordarles que la paz se respeta, que la debemos proteger y que no podemos permitir –como lo diría el Papa Francisco– que nos roben la alegría ni la esperanza…

Edición 562 – Semana del 6 al 12 de Octubre de 2017

   
 
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