Paz territorial y Buen Vivir:
desde abajo y con la tierra

 
Es necesario construir estrategias educativas, comunicativas y estéticas que hagan posible comprender las múltiples causas de la guerra así como generar pedagogías dialógicas que aporten reflexiones para que, como sociedad, empecemos a transitar de la guerra a una paz estable y duradera.
 
Juan Carlos Amador
 
Profesor de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas
 
 

Durante los días 30 y 31 de octubre de 2017 se llevó a cabo en Bogotá el Seminario Internacional Agendas Territoriales para la Paz, convocado por el Instituto para la Pedagogía, la Paz y el Conflicto Urbano – IPAZUD de la Universidad Distrital, la Universidad Surcolombiana, la UniMinuto, la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia – UPTC y el Colectivo de Educación para la Paz. Este seminario se constituyó en un evento preparatorio (Pre-Bienal) de la II Bienal Internacional de Educación y Cultura de Paz, la cual se estará realizando en Mocoa (Putumayo) mientras se escribe este texto. La frase que acompaña la II Bienal es Manguaré por el Buen Vivir. Manguaré es un artefacto milenario del mundo amazónico, construido mediante troncos ahuecados, ubicados en paralelo y sostenidos en el aire a través de una soga, el cual produce particulares señales acústicas. Se trata, más allá de un instrumento musical, de un modo de comunicación construido por las comunidades indígenas de esta región, el cual fluye imponente por el río. Se puede decir también que es una herramienta capaz de generar paisajes sonoros, los cuales, intrépidos, hacen ruptura al aislamiento y posibilitan la solidaridad y la construcción del nosotros. Por su parte el Buen Vivir es un modo de ser, pensar y hacer que ha surgido de comunidades originarias, comunidades campesinas, pobladores del mundo andino, movimientos sociales y colectivos de América Latina y el Caribe, o mejor de Abya Yala, el cual asume a los seres humanos como parte de la naturaleza (no como administradores del medio ambiente), reconoce la diferencia (étnica, de género, sexual, generacional, clase social...) como potencialidad para la acción social y el vivir bien, y valora la diversidad de saberes y experiencias como fundamento para alcanzar justicia social, ambiental y cognitiva.

Esta II Bienal Internacional de Educación y Cultura de Paz no se hizo en Bogotá ni en una megaciudad, como suele ocurrir con este tipo de eventos académicos. Al decir de la profesora Marieta Quintero, coordinadora del Colectivo de Educación para la Paz, ir a Mocoa, además de constituirse en un gesto de solidaridad con los damnificados de la tragedia ocurrida en la madrugada del 1 de abril de 2017, como consecuencia de los desbordamientos de los ríos Mocoa, Mulato y Sancoyaco, y su correspondiente deslave y flujo de lodo, en la que se reportaron más de 300 personas fallecidas, 400 heridas y 200 desaparecidas, pretende obtener aprendizajes para la construcción de paz y reconciliación, a partir de tres fortalezas que ofrecen las comunidades de este territorio: identidad, resistencia y otros modos de vivir juntos. Por esta razón, además de ponentes y asistentes procedentes de distintos lugares de Colombia, estarán reunidos representantes de comunidades indígenas, organizaciones campesinas, líderes sociales, pobladores del departamento, pedagogos e investigadores sociales, entre otros.

En la II Bienal se expondrán iniciativas de ciudadanías para el buen vivir, el estudio de nuevas geografías para la construcción de “paces” territoriales, experiencias de interculturalidad en medio de potencialidades (saberes diversos, proyectos de economía solidaria y formas de organización comunitaria para asegurar confianza y solidaridad) y problemáticas (promesas incumplidas a la reparación integral y violencia armada por el control/sustitución de la coca, por la minería y por la circulación ilegal de armas). Asimismo, se recorrerán lugares de la memoria, tales como el llamado Museo del Dolor, en la vereda El Placer (inspección de la Hormiga del bajo Putumayo), lugar en el que se produjo un genocidio de la población entre 1999 y 2006, en medio del fuego producido por las AUC y el frente 48 de las extintas Farc – EP. También se recorrerán territorios del departamento en los que se avanza con proyectos cooperativos y solidarios, en medio de la incertidumbre, a partir de iniciativas indígenas y campesinas principalmente.

Los resultados de este encuentro de saberes y experiencias están pendientes por ser contados desde las voces de sus protagonistas. Sin embargo, es importante hacer una breve reflexión acerca de la paz territorial y la participación política, a partir de un panel surgido en la Pre-Bienal, el cual se tituló Procesos de paz en clave territorial, con la participación de Pablo Ceto (líder indígena de Guatemala, excombatiente de la URNG y actual representante de la Comisión de Pueblos Indígenas y Afrodescendientes del Parlamento Centroamericano), Byron (coordinador de una zona de transición en Colombia y excombatiente de las Farc – EP) y Víctor de Currea-Lugo (profesor, analista político y acompañante de los diálogos entre el Gobierno de Colombia y el ELN). El objetivo de este panel fue analizar las situaciones que deben enfrentar los excombatientes en la transición de la guerra al posconflicto, así como los aportes de éstos en la construcción de paz territorial. Vale señalar que, mientras Pablo y Byron expusieron sus ideas en condición de excombatientes y gestores de paz, Víctor de Currea-Lugo lo hizo como un actor de la sociedad civil y de la academia que acompaña el proceso de diálogo entre el Gobierno y una guerrilla activa como el ELN.

En primer lugar, Pablo, un hombre que reivindica su raíz indígena maya, y quien lleva cerca de 20 años trabajando a favor del posconflicto en Guatemala, luego de haber estado en la guerrilla por 20 años, afirma que, una vez entregaron las armas, los excombatientes fueron objeto de violencia y afectados gravemente debido a las promesas incumplidas por parte del Estado. Señala que, abrirse paso como actores políticos en el marco de la institucionalidad de dicho país, fue un camino difícil y doloroso. Sin embargo este hombre, quien suele hablar pausado y con una tranquilidad que solo la otorgan los años en la tarea de construir la paz, comenta que fueron muchos los errores cometidos como organización política partidista, al pretender llegar a curules en el legislativo y abarcar cargos de representación en el territorio nacional. Con el tiempo, volvieron a sus bases sociales y retomaron la lucha indígena y campesina en condición de movimiento social y fuerza política. Por esta razón, dirigiéndose a Byron, exclama: “Por favor, no cometan el mismo error de nosotros”.

Luego de esta intervención, Byron, un hombre adusto y con cierta rigidez en el modo de expresar sus ideas, situación que quizás puede comprenderse tras sus 33 años en las filas de las Farc-EP, planteó tres elementos claves en torno al tema del panel. En primer lugar, tal como suele ocurrir en este tipo de relatos, describió las razones por las que esta guerrilla se conformó desde 1964, entre ellas el despojo de tierras, la violencia de Estado (al que llama régimen), la negación de la democracia, la pobreza de la mayoría de la población y la falta de oportunidades. En segundo lugar, al referirse al acuerdo de paz firmado con el Gobierno de Colombia, Byron plantea que es inadmisible lo que está ocurriendo actualmente con los contenidos de éste en el Congreso de la Republica, pues, bajo el pretexto del confuso procedimiento del fast track, varios partidos políticos están modificando asuntos que ya habían sido definidos en la mesa de la Habana. También menciona cómo, desde la firma del acuerdo, han asesinado a cerca de 20 excombatientes y han empezado a encarcelar a varios integrantes de la organización. Por último, el excomandante Byron al cerrar su intervención afirma que la situación es muy difícil, y que espera que el gobierno cumpla, pues están convencidos que su tarea fundamental es aportar a la construcción de paz.

La intervención de Víctor de Currea-Lugo partió de recomendar, a propósito de su conocimiento y amplia experiencia sobre los conflictos de Oriente Medio, la importancia de entender que el conflicto colombiano no es tan sui generis, e imposible de resolver, como algunos lo sugieren. A manera de ejemplo, muestra cómo la guerra en Siria, según fuentes académicas, hoy cuenta con cerca de 1.800 grupos armados participando en la contienda bélica. Agrega que este escenario internacional también muestra la importancia de aprender de otros países, en torno a cómo resolvieron otras guerras y cómo construyeron otras “paces”. Por otro lado, llamó la atención sobre la necesidad de entender las causas de la guerra, especialmente dada la tendencia de ciertos medios, e incluso de analistas, de imponer explicaciones unicausales. Ilustra con algunos ejemplos cómo, ciertas personas afirman que el problema en Siria es por “fundamentalismo religioso”, o que en África algunos pueblos se matan por conflictos étnicos. En una perspectiva compleja, de Currea-Lugo explica cómo en estas guerras, por ejemplo en la de Palestina, se imbrican causas como la ocupación, la imposición de obligaciones por parte del Estado ocupante (en este caso Israel), la geopolítica de las potencias que impusieron límites artificiales dividiendo pueblos y culturas, así como un conjunto de situaciones que incluyen migraciones, pobreza y luchas por los derechos.

El anterior recorrido parece mostrar tres dimensiones claves sobre el desafío de construir paz territorial en Colombia. Por un lado, la apuesta de la II Bienal Internacional de Educación y Cultura de Paz demuestra que las fuerzas vivas de la sociedad civil deben rodear el proceso de paz desde los territorios, especialmente aquellos cuyas comunidades han padecido la guerra y que hoy están haciendo grandes esfuerzos para hacer “paces” con justicia social, ambiental y cognitiva, tal como lo propone el Buen Vivir. Por otro lado, es claro que la paz territorial se construye con los actores que decidieron dejar las armas y comprometerse en la tarea de la reconciliación y la reparación. Es inadmisible que, aparte de la extrema derecha (legal e ilegal), ahora el Estado, especialmente a través de una parte del alto gobierno, algunos sectores del legislativo, y recientemente el Fiscal General de la Nación, se conviertan en los principales opositores a la paz por la vía del incumplimiento de los compromisos que emanan de los puntos del acuerdo, y que no solo competen a los excombatientes sino principalmente a las comunidades campesinas e indígenas. Por último, es necesario construir estrategias educativas, comunicativas y estéticas que hagan posible comprender las múltiples causas de la guerra así como generar pedagogías dialógicas que aporten reflexiones para que, como sociedad, empecemos a transitar de la guerra a una paz estable y duradera. Al parecer, dichas estrategias, tal como lo ilustra el manguaré, no deben ser impuestas desde arriba, sino construidas desde abajo y con la tierra.

Edición 566 – Semana del 3 al 9 de Noviembre de 2017

   
 
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