Cataluña subalterna resiste al poder español

 
La lucha de independencia de Cataluña tiene de nuevo a la calle con la firme presencia de los subalternos, los de abajo, como banco de prueba de la demanda de autonomía completa frente al poder central español. Mientras que el gobierno autónomo es cesado en sus funciones, por petición del presidente Mariano Rajoy, con la explícita aquiescencia del joven rey Borbón, Felipe VI, tataranieto de la estirpe ilustrada opresora de la nación catalana.
 
Miguel Ángel Herrera Zgaib
 
Profesor asociado, Ciencia Política, Unal. Director Grupo Presidencialismo
y Participación, Coordinador del proyecto IGS-Colombia
 
 

El debate entre Grosfoguel y Monedero

“El encarcelamiento es un gravísimo atentado a la democracia y un golpe contra las elecciones que se celebrarán el 21 de diciembre.” Carles Puigdemont

La lucha de independencia de Cataluña tiene de nuevo a la calle con la firme presencia de los subalternos, los de abajo, como banco de prueba de la demanda de autonomía completa frente al poder central español. Mientras que el gobierno autónomo es cesado en sus funciones, por petición del presidente Mariano Rajoy, con la explícita aquiescencia del joven rey Borbón, Felipe VI, tataranieto de la estirpe ilustrada opresora de la nación catalana.

La jueza Carmen Lamela le pareció fácil, en su cargo de la Audiencia nacional, poner en prisión al ex vicepresidente Oriol Junqueras, y a siete consejeros del gobierno catalán en rebeldía. Estos funcionarios de la sociedad civil pararon en las cárceles de Madrid, para más ofensa, y en correspondencia con las calificaciones de género imperante: los hombres están recluidos en la Estremera, y las mujeres en Alcalá Meco.

Lo anterior no pasó todavía con el expresidente Carles Puigdemont, porque se halla en Bruselas, donde contrató los servicios del abogado Paul Bekaert, para que lo defienda junto con cuatro ministros (consejeros) que salieron con él por vía Marsella, y desde allí volaron a Bruselas, donde exploran las defensas posibles de esgrimir ante la UE, reclamando los amparos propios de personas que sufren persecución política actual.

Con tres heridas yo...

“El clamor sereno de los catalanes es de libertad.” Carles Puigdemont, habla desde Bélgica.

En las redes sociales hemos visto y escuchado un importante debate entre un pensador y activista decolonial, el puertoriqueño Ramón Grosfoguel, y Juan Carlos Monedero, quien lo ha cuestionado en un video difundido también por Youtube. Monedero se refiere a una decolonialidad mal informada, y propone pensar que España tiene tres heridas, la primera de las cuales denomina “herida colonial”.

Grosfoguel cuestiona la tal herida, señalando Ramón que la herida por la que respira Juan Carlos es la herida imperial. Al mismo tiempo, Juan Carlos, desde la lectura y compromiso de Podemos, habla de la pos izquierda, señalando que a hoy es difícil saber que es la izquierda por la bancarrota de la socialdemocracia europea.

Grosfoguel, desde su perspectiva decolonial reivindica la izquierda, y censura que se endilgue a su posición que quiere la guerra para Cataluña. Lo refuta, y señala que es fundamental denunciar, eso sí, el españolismo de Monedero, y de buena parte de Podemos.

Monedero censura el neoliberalismo, colonialista y decolonialista, y reclama que es necesario resolver las dos heridas colonial y social de España toda. El derecho a la identidad no puede imponerse sobre la herida social. No hay espacio para el uso de la fuerza, y reclama que se haga cuenta de quiénes votaron el referendo, que, por los resultados vistos, no es la mayoría de la población potencialmente votante, por lo que se trató, así vista, de una imposición de los independientistas.

España posimperial y colonialidad interna

Sin embargo, Ramón Grosfoguel insiste en el intercambio de videos con la contraparte española que no se puede pretender que la España imperial, cuyo producto se impuso a nacionalidades como la castellana, catalina, vasca, canaria, gallega sea la que vote por la suerte de la independencia de Cataluña.

De paso, le recuerda a Juan Carlos, que él no está sentado en una silla en Berkeley, sino que está comprometido desde el comienzo con la causa de Puerto Rico en disputa contra el imperio norteamericano; y que el programa de Estudios étnicos del que es parte se conquistó en Berkeley, después de una huelga que duró 9 meses, la más larga de todas las libradas, en el campus, en el año de 1969.

Allí enfrentaron las agresiones repetida de la Guardia nacional, dispuesta a aplastar la iniciativa llevada adelante por el Frente para la Liberación del Tercer Mundo, donde concurrieron negros, latinos, asiáticos, minorías indígenas que libran y han librado esta lucha hasta estos días. Porque en 1999 tuvieron que levantarse de nuevo en Berkeley para evitar el colapso del programa, y como resultado de la renovada lucha lograron incluir género y raza en el programa.

A su turno, Juan Carlos Monedero recuerda como Convergencia, agrupación catalana de la que hace parte Puigdemont respaldó medidas neoliberales, de las que, en apariencia, Carles no se ha retractado. Pero, con independencia de lo dicho por Juan Carlos desde Madrid, la gente de Podemos en Cataluña se unió ya a la causa de los independentistas.

Se conoce, igualmente, que las organizaciones de trabajadores nacionalistas han convocado a una huelga general para la semana entrante. Volviendo por los fueros históricos de la CNT, que en tiempos de la segunda república española intentó avanzar en la causa anarquista, y tuvo que resistir en Cataluña y en Barcelona, no solo la conflictividad sangrienta con la izquierda comunista, sino por supuesto, la represión brutal de la “reconquista” del golpista Francisco Franco.

En medio de esta refriega verbal, y está la presencia esclarecedora de dos lecturas: una que reclama la unidad del Estado español, y en apariencia, la defensa de la Constitución de 1978, de la que la tripleta de Podemos es crítica aguda. La otra, que expone Grosfoguel reclama la autodeterminación de los pueblos contra la opresión colonial y decolonial como es el caso de Puerto Rico, Palestina, y claro está, Cataluña, aparece el protagonismo de la democracia de abajo movilizada en las calles.

Así que el pasado fin de semana, en nombre de la sociedad civil catalana, salieron a manifestarse, según los organizadores un millón de personas. Pero, según la policía local, en Barcelona, no superaron la considerable cifra de 350.000. Y los mossos de squadra tienen por qué saber lo que dicen.

Podemos y la causa de Cataluña

Igualmente, el gobierno controlado por la coalición PP/Ciudadanos/PSOE, además, de las destituciones y citación a los sancionados, ha convocado a elecciones para el 21 de diciembre, y puso al frente del gobierno de Cataluña a la vicepresidente española, por supuesto, del PP.

Entretanto, Carles y 5 miembros del gobierno destituido no aceptan la medida, y prepara desde Bruselas con su abogado, la defensa invocando a la legislación de la Unión Europea, y española en lo que le concierne.

Hoy se sabe que las cabezas del Parlament cesadas, acusadas de sedición, rebelión y malversación de fondos públicos concurrirán ante el Tribunal Supremo el próximo 9 de noviembre. Responderán  por los cargos que se les imputa. En su apoyo habrá una nueva movilización convocada por los independentistas, y por los obreros catalanes que apoyan la independencia. En Girona ya hubo una primera protesta ciudadana en sus calles.

En suma, la herida colonial está abierta en Cataluña y supura, con la violencia ya provocada en las calles por la intervención de la guardia nacional, cuando se produjo la votación del referendo, en una clara acción destituyente apoyada por el voto de más de 2 millones de personas, que desconociendo las salvaguardas legales y constitucionales del orden central español, se atrevieron a votar y a sufrir represión policial.

El partido Podemos, a pesar del quehacer de los subalternos en desobediencia civil, aún sostiene y defiende una posición contraria a la independencia proclamada por los medios ya socorridos. Por el contrario, con la vocería de su secretario general, Pablo Iglesias insiste en un referendo pactado, similar al que se hiciera en Escocia.

 Por lo pronto, la bancada de Unidos Podemos votó en contra de las medidas de excepción dispuestas por el bloque dominante esgrimiendo el uso y la pertinencia del artículo 155.

En suma, la causa subalterna a contracorriente

Tenemos en acción todos los poderes enfrentando un ejercicio contra-hegemónico. Los de abajo han resistido hasta hoy el chantaje económico de la burguesía catalana que puso pies en polvorosa en los primeros días de la batalla ciudadana.

El periodista Puigdemont y la izquierda independentista reclaman una autonomía local, luego de años de reclamos autonómicos con el poder nacional colonial español. En esta crisis de hegemonía parcial, se han destacado dos voces conocidas por sus posiciones, el sociólogo puertorriqueño, y el catedrático Juan Carlos Monedero, de la U. Complutense, y uno de los creadores de la propuesta política inspirada por el movimiento 15M.

 Pues bien, estamos ahora midiendo los alcances del progresismo español, que tiene las lecturas gramscianas de Íñigo Errejón, rebajadas por el tamiz de la pareja Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, como soporte, donde la lucha de clases y la izquierda, según ellos de inútil capacidad explicativa se diluyen como principio de explicación y de lucha.

En el otro extremo se levanta el paradigma de la decolonialidad, si aceptamos lo denunciado y defendido por el estudioso puertoriqueño, Ramón Grosfoguel, hijo de la isla del encanto disputada por dos imperios en 1898, y perdida por el decadente imperio español al enfrentar el ascendente poder militar y económico de los Estados Unidos en el mundo, lanzado como perro de presa sobre América Latina, su patio trasero en el orden geoestratégico.

El nuevo imperialismo yanqui, con la fraseología de “América para los americanos”, que empezó con la proclama del secretario de estado, James Monroe, pretextando un incidente en aguas internacionales, por el hundimiento de unos de sus barcos frente a la costa cubana, hizo la guerra en las colonias españolas.

Despojando a la Corona de Puerto Rico, Filipinas, e interviniendo a Cuba, sujeta por años a la denominada enmienda Platt. A estos episodios los llamó Monedero la “herida colonial”. Por lo visto y lo vivido, la tal herida colonial no es otra que una herida imperial según su contradictor, Grosfoguel.

Para él se mantiene, eso sí, la herida interna, que la decolonialidad denuncia en España y en otras latitudes. Ramón reclama de la izquierda solidaridad con la lucha de Cataluña, con los subalternos, grupos y clases. Todos los que según Gramsci luchan por la autonomía integral, para lo cual tienen que hacerse Estado, como lo exigen también Palestina, Kurdistán o Chechenia, y lo conquistó Sudáfrica.

Mientras tanto, Cataluña se mantiene sin cura, y el tercer milenio la pone entre dos polos dilemáticos: el sanatorio o la morgue. Y el mes de noviembre, tiempo de la revolución de octubre, según el calendario ruso, cien años después la pone delante de los ojos de los más incrédulos.

Edición 567 – Semana del 10 al 16 de Noviembre de 2017
   
 
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