Daniel Stiven: Mi personaje del año

 
Mi personaje del año en Colombia se llama Daniel Stiven Duque Ramos, un niño cucuteño de diez años que a todos los colombianos nos dio sopa y seco en honestidad espontánea y silvestre. Daniel es mi superhéroe y Leidy, su mamá, es mi “mujer maravilla”.
 
Álvaro González Uribe
 
Abogado, columnista y escritor
 
 

Había pensado escribir esta columna sobre la gran cantidad de ciudadanos que se inscribieron como candidatos al Congreso bajo graves cuestionamientos. Sobre nombres, detalles, dedos y uñas de semejante puño que nos dieron de nuevo en la cara a los colombianos. Sobre el desconsuelo que eso nos produce a quienes sabemos cómo funcionan las maquinarias electorales.

Pero no. Quizás luego, y, además, otros ya lo han hecho muy bien con pelos y cicatrices. Creo que los columnistas también tenemos el deber de resaltar las cosas buenas que ocurren. Por otro lado, el contraste que deja ver el caso que contaré, constituye por sí mismo una crítica más contundente y constructiva a ese otro país oscuro que se mueve en los altos heliotropos o en los rincones más lejanos y cercanos. En este oficio de tantos años he comprendido que los lectores son mucho más inteligentes y perspicaces que los columnistas. Por fortuna: Eso nos ahorra muchas palabras y neuronas.

Sí, contraste, porque Daniel Stiven Duque, un niño de diez años residente en Cúcuta, es un haz de luz que rompe la bruma de la corrupción, la violencia y la sinvergüencería que vemos en Colombia por doquier. Juzgue el lector:

La noticia apareció en varios medios de comunicación. La semana anterior, Daniel Stiven iba por la calle y se encontró en el suelo una factura de servicios públicos con $ 70.000 grapados. La recogió y leyó que la cuenta anunciaba el corte del servicio de agua de no ser pagada el mismo día y que la dirección de la desconocida usuaria quedaba al otro extremo de la ciudad. Daniel se la llevó a su mamá preocupado y decidieron pagarla.

Algunos dicen que no es conveniente hacer tanta bulla a este tipo de actuaciones porque es lo bien debido siempre. Pero no, ni más faltaba. Me parece muy útil divulgar y resaltar estos actos cuando por cualquier razón se conocen. Primero, porque son la excepción pese a que quisiéramos que no lo fueran; segundo, porque sirven de ejemplo; y, tercero, porque son un bálsamo entre tantas noticias que hablan de deshonestidad y corrupción en Colombia.

Y este caso tiene un brillo adicional: Su protagonista es un niño, es decir, genera esperanzas para nuestra sociedad.

Al ser interrogado sobre su actuación, Daniel expresó: “Mi mamá siempre me ha dicho que las cosas tienen dueño y que uno no sabe lo que hizo la señora para conseguir el dinero para pagar”. (El Colombiano, 8-12-17). Sin palabras... Por su parte, Leidy Ramos, su mamá, expresó: “Estoy muy orgullosa de que mi hijo haya decidido así. Desde casa siempre les hemos inculcado la honestidad”.

Daniel también dijo que no espera ninguna gratificación, como sucede en estos casos: “Creo que es algo que haría cualquiera”. Les aconsejo estimados lectores que busquen por internet la noticia y miren los ojos y la mirada de ese niño para que se lo imaginen mejor. Sentirán la Colombia que queremos; la que soñamos muchos.

Entre carteles de togas y de hemofilia (y dizque no hay delitos de sangre…). Entre sobornos a funcionarios de todos los niveles. Entre los robos continuados de la comida de los niños. Entre esta corrupción que nos devora. Entre el desparpajo de tantos candidatos inscritos al Congreso con oscuros antecedentes, graves denuncias y más que sospechosos vínculos, hay lucecitas de esperanzas como Daniel Stiven.

Y su madre, claro. La forma como ha educado a su hijo debería ser estudiada y documentada por tantos sabios de la ética y de la moral que con desespero intentan saber cómo resolvemos este acertijo axiológico en que estamos sumidos. En ese hogar hay un ejemplo claro de cómo se puede salir de la catástrofe ética que vivimos en este país. De cómo salir de la cultura del vivo.

Ese es el país que yo sueño. Por eso, sin demeritar a tantos “personajes del año” escogidos durante estos días como es costumbre, mi personaje del año en Colombia se llama Daniel Stiven Duque Ramos, un niño cucuteño de diez años que a todos los colombianos nos dio sopa y seco en honestidad espontánea y silvestre. Daniel es mi superhéroe y Leidy, su mamá, es mi “mujer maravilla”.

¡Hay esperanzas!

Edición 572 – Semana del 15 al 21 de Diciembre de 2017

   
 
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