El doble asesinato de Jaime Garzón

 
El humor de Jaime era un humor que sólo podía aparecer en un país como Colombia. Era un humor cínico, mordaz, mezclado con personajes inventados muy bien interpretados, y con un conocimiento político que le permitía decir grandes verdades con cada chiste. Era un humor pedagógico en un país donde la ignorancia es transversal: los ricos porque no les hace falta saber, y los pobres porque no pueden pagarlo.
 
Jorge Iván Espitia
 
Badalona – España
 
 

Las palabras “novela” y “Jaime Garzón” no podían estar juntas sin que el mismo Jaime no hubiera soltado una carcajada, para decir después algo así como “ese chiste está bueno. Lo voy a anotar”. Y sin embargo, ahí está la nueva novela de RCN sobre lo que ellos quieren que creamos que fue su vida. Podríamos hablar sobre lo mala que es la novela, lo postizos que suenan sus chistes, lo planos que son los personajes, pero eso ya lo puede hacer alguien que sepa más de eso que yo. Yo trataré de hablarles un poco sobre la memoria y el humor. No porque sepa más que ustedes sobre este tema, sino porque para reír y recordar, no hace falta estudiar.

El humor de Jaime era un humor que sólo podía aparecer en un país como Colombia. Era un humor cínico, mordaz, mezclado con personajes inventados muy bien interpretados, y con un conocimiento político que le permitía decir grandes verdades con cada chiste. Era un humor pedagógico en un país donde la ignorancia es transversal: los ricos porque no les hace falta saber, y los pobres porque no pueden pagarlo.

Su cinismo, además, era perfecto para un país como el nuestro, porque el cinismo rompe con los valores impuestos. El cinismo incomoda. El cinismo de Jaime le permitía ponernos al frente de nuestro espejo moral, simplemente para mostrarnos lo carente de ética que es nuestra moral. En efecto, somos un país de grandes antivalores, como ya lo decía Jaime. Un país donde el hombre que está con muchas mujeres es “un putas”, y las mujeres que están con varios hombres son unas putas. Un país donde rendimos pleitesía a los funcionarios públicos, cuando son ellos los que trabajan para nosotros. ¿Qué vigentes que son sus palabras hoy día, no? Pareciera que no le hubiéramos hecho caso en nada a lo que nos trataba de enseñar.

A Jaime lo mataron el 13 de agosto de 1999, parece ser que con los calzones limpios. Lo mataron con balas paramilitares y con inteligencia militar. Era el preludio del gobierno de Uribe, el punto de inflexión en el que paracos y funcionarios estatales se dieron cuenta que sólo les hacía falta poner un presidente. Con la muerte de Jaime se dieron cuenta que podían: Colombia no reaccionó políticamente ante su muerte. Muerto el bufón, muerta la risa. Esa risa que no les causaba gracia a ellos.

En fin. Estos hombres serios siguieron gobernando con los votos de aquellos que no entendieron los chistes de Jaime. Y casi veinte años después, al darse cuenta que sus chistes aún no les causaba ninguna gracia, decidieron reescribirlos, así como habían logrado reescribir las relaciones entre el poder político, económico y el narcotráfico con las novelitas de Pablo Escobar y los carteles.

El actor, en una entrevista que le hacen, y con mucho realismo mágico, relata que, mientras almorzaba con “un amigo actor y un congresista”, y “hablando sobre otras cosas”, le interpelaron para interpretar el papel de Jaime Garzón en la nueva súper novela de RCN. El actor, al parecer, sintió que podía estar en riesgo su vida y la de su familia. ¿Sabrá exactamente por qué podría estar en riesgo su vida? ¿Habrá pensado, ingenuamente, que fue la guerrilla (esa culpable de todos los males, hasta del huracán Katrina), que mató a Jaime, o “tendrá miedo” porque sabe que a Jaime lo mataron los mismos poderes que lo están contratando? Yo me imagino ese escenario de grandes casualidades que relata el actor, donde su amigo congresista lo ve pensativo y le responde “Fresco, hágale de una, que esta vez es el poder contra el pueblo: él estaba del lado del pueblo y usted, en cambio, estará del lado del poder”.

Me imagino también a la familia Garzón, entre tristeza y frustración, vivir el duelo de perder de esa manera a un familiar, y que la propuesta más seria que habrán recibido en casi 20 años sobre el relato de su vida haya venido de RCN. Me imagino también, como con ilusión e ingenuidad, firmaron el contrato y, después, la rabia y la desilusión de ver tan tergiversado a su familiar en una de las cadenas más vistas por todos los colombianos. Durante todo este tiempo, la memoria de Jaime estuvo siendo irrespetada por las decisiones de los votantes para elegir a sus gobernantes, pero también con la incapacidad de sus compatriotas a mantener viva su memoria con un relato de lo que significó para todos, y no con la novelita de lo que unos poderes fácticos y unos guionistas mediocres quieren que pensemos de él.

Con todo esto en mente y a estas alturas, yo ya me río. Me río de la impunidad de sus verdugos, de nuestro Estado que permitió y facilitó su muerte y la de muchos otros, como la de “Chucho” Bejarano. Me río de nosotros mismos, que a punta de violencia y muerte nos han amedrentado a tener miedo a relatar nuestra historia y a mantener nuestra memoria histórica. Me río de la incapacidad de los colombianos a valorar nuestro potencial como pueblo, y de lo fácil que nos queda insultar al más débil, al que menos tiene, o al que se equivoca ingenuamente, y sufre por su error. Me río también de la derecha colombiana, carente de democracia, que impone su moral católica y sus valores a cualquiera que no se reconozca en ellos. Me río de la izquierda colombiana, de aquella que pensó que había que matar para ganar, y de aquella que no, pero que todavía hacen política como en la Guerra Fría. Me parto de la risa de los que creen que son apolíticos y no votan, porque sus aportes y sus ideas pueden ser muy valiosas, pero prefieren reírse de nosotros y de la democracia. Asimismo me parto de la risa de los tecnócratas, que creen que sólo existe economía y no política, sin entender que el mercado es también un sistema político. Y, con un poco de tristeza, me río de aquellos que se indignan por la patada a la memoria de Jaime Garzón como yo, pero de aquellos que prefieren echarle la culpa a su familia en vez de apoyar en la calle, en las redes sociales y en los medios de comunicación, su demanda contra RCN.

Por último, lloro pensando en lo que sería la respuesta de este personaje que tanto admiro, mirando hacia abajo desde ese cielo católico, lleno de todos esos gays y lesbianas perseguidas, de todos esos negros e indígenas asesinados, de esas mujeres valientes que están ahí por ser mujeres, al lado de muchas otras almas colombianas asesinadas, e incluso hechas pedazos (literal o anímicamente), todas víctimas del mismo desdén estatal o de su complicidad con paramilitares (por ejemplo). Me imagino a Jaime, desde esa nube celestial, divertida por su presencia, diciendo: “¿Y qué hago…? Si este es el país en el que me tocó nacer…”. El cielo reiría, porque en el cielo no hay lugar para la tristeza. Yo, aquí abajo, en cambio, lloro aún su primera muerte, la de 1999, y su segunda, la de su memoria, que comienza el 15 de enero de 2018.

Bibliografía:

¿Qué militares ordenaron asesinar a Jaime Garzón?, Jorge Eduardo Espinosa, El Espectador, 10 de Julio de 2016

Garzón Vive Capítulo 1 Habla su protagonista de lo que será la historia, YouTube, Fuente original: RCN

Mea culpa, Alfredo Garzón, El espectador, 19 de enero de 2018

La crítica de la hermana de Jaime Garzón contra la serie de RCN, Sergio Villamizar/ Colprensa, El País.com.co

Jaime Garzón: Conferencia en Cali, 1997 (Completa), YouTube.

Edición 573 – Semana del 26 de Enero al 1º de Febrero de 2018
   
 
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