Un grito desde el sótano

 
No nos quiten los colores es una iniciativa que busca visibilizar las causas y a quienes estaban detrás de estas causas, nos oponemos a aceptar el destino de la guerra y el destino del sótano en el que estamos encerrados.
 
Juliana Hernández Delatorre
 
Especialista en Gerencia y Gestión Cultural
 
 

Marco esconde en un sótano a Petar y su familia para evitar que sean capturados por los nazis; en el sótano la familia de Petar y él, empiezan a producir armas para la guerra. Sin noción de tiempo ni realidad, encerrados y viviendo bajo las dinámicas establecidas por Petar, pasan años creyendo la guerra no ha acabado y que deben seguir produciendo armas para terminar con una guerra que ya no existe. Afuera, Marco se encarga de vender las armas, ya no es la Segunda Guerra Mundial, está Tito en el poder… ya no es Tito, es la guerra entre Serbia y Bosnia, él se lucra de este negocio, y mientras tanto, en el sótano, se vive una realidad deformada.

En Colombia nos condenaron a vivir en el sótano gobiernos excluyentes, corruptos y elitistas que desconocieron la realidad de la mayoría, la realidad del campo, de las mujeres, de las comunidades negras e indígenas que históricamente han sido ignoradas, invisibilizadas y asesinadas.

60 años de guerra han tenido lugar en el campo, y sin embargo, en las ciudades encerradas en el sótano la guerra la vivimos desde la distancia, en ocasiones oyendo los bombardeos y viendo las noticias, pero pocas veces en carne propia. Nos hicieron creer, al igual que Marco lo hizo, que esta era una guerra sin fin, que el tiempo no transcurría, que todo estaba bien, y mientras vivimos en esa realidad deformada, 8 millones de personas fueron víctimas de la guerra, mataron a más de 200.000 personas, y 7 millones de personas tuvieron que abandonar sus tierras para emprender un calvario sobre el que Emir Kusturica diría “esta historia no tiene final”.

Han pasado 31 días de este año y van 21 asesinatos, 140 personas amenazadas y más de 2.000 desplazados. No hay un acuerdo sobre las cifras de asesinatos de líderes sociales desde la firma del Acuerdo, pero en la mayoría de las fuentes se reportan más de 100 muertes. Las cifras no importan, importan las causas que defendían y contra quiénes luchaban para defender esas causas, y a pesar de esto, el gobierno se pronuncia y dice que esas muertes eran líos de faldas o asuntos personales.

No, no eran líos de faldas, eran personas que representaban a sus comunidades, que defendían sus territorios para que la minería no siguiera explotando las tierras que les habían heredado sus ancestros; defendían el agua, defendían su derecho a permanecer en sus tierras, su derecho a vivir en paz, su derecho a trabajar y a luchar por los derechos de las y los trabajadores, luchaban por garantizar que se respetaran los derechos humanos.

El efecto Kusturica no nos deja salir del sótano en el que llevamos encerrados años, entonces la vida se ha reducido a cifras, en olvido, y solo permanecen vivos los recuerdos en las mismas comunidades a las que hemos invisibilizado por años. Hacemos un llamado desde el sótano a que #NoNosQuitenLosColores, hacemos un llamado a que no nos conmueva la cifra porque ya demostramos que ni 8 millones lograron conmovernos para luchar por la paz.

No podemos seguir bajo el efecto Kusturica, el “esta historia no tiene final” debe detenerse. El gobierno nacional manifiesta que el 53% de los casos ya tienen responsables e investigación pero no encontramos esta información. Nos dicen que son asuntos personales pero en las cifras que analizamos desde iniciativas como Ojo a la Paz, menos de 5 casos tenían un móvil de asesinato relacionado con temas personales, y sin embargo encontramos que 40% de las personas asesinadas eran defensores de DDHH, 15% defendían DDHH relacionados con sus etnias, 12% eran líderes de JAC, y los demás defendían causas relacionadas con la minería, el medio ambiente, derechos de las mujeres y sustitución de cultivos, ¿realmente eran asuntos personales?

No nos quiten los colores es una iniciativa que busca visibilizar las causas y a quienes estaban detrás de estas causas, nos oponemos a aceptar el destino de la guerra y el destino del sótano en el que estamos encerrados. La ciudadanía tiene el poder de ejercer presión para que la problemática se tome en serio, logramos 20.000 apoyos para garantizar una rueda de prensa cada tres meses de rendición de cuentas, pero seguimos viendo como la ciudadanía no se atreve a cuestionar qué hay fuera del sótano. Hemos sido incapaces de lograr proteger a las personas que están asesinando, y mientras tanto líderes que admiramos y conocemos tienen que luchar en sus territorios con un celular y un chaleco para que esos “líos de faldas” y “asuntos personales” no los maten, si en realidad eso los está matando, hacemos un llamado a la ciudadanía para que tenga cuidado porque “asuntos personales” tenemos todos y todas.

Edición 574 – Semana del 2 al 8 de Febrero de 2018
   
 
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